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Mazatlán
EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA:La Batalla de Chapultepec
Señaló un momento crucial en la historia, un parteaguas muy significativo para el México de nuestros días, que aún ahora se encuentra en etapa de consolidación.
Padre Amador Campos Serrano
15/09/2020
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Foto: Noroeste

Más allá del mito y del heroísmo, la batalla del Castillo de Chapultepec señaló un momento crucial en la historia, todavía incipiente para entonces, de nuestra patria independiente, un parteaguas muy significativo para el México de nuestros días, que aún ahora se encuentra en etapa de consolidación.

Menos de tres décadas habían pasado desde la Independencia de México, aún se debatía sobre el modelo de nación en la cual se transformaría, pues estaba la forma heredada en la historia, pero ahora había otra novedosa forma, aunque con dramáticos episodios, que había convulsionado el Viejo Mundo, derribando el reinado francés.

Este modelo lo había adoptado el vecino país del norte, destinado a convertirse en potencia, empezando a imponer, en el nuevo mundo, el moderno concepto de la democracia. Pero los errores de nuestra naciente nueva nación cobrarían factura, frente a esa nación colonizada, que desde un principio suprimió la presencia de sus habitantes autóctonos.

Un reclamo de desmembración del estado entonces mexicano de Texas, despiertan la ambición de la vigente proyección de apoderarse de otros territorios de nuestro suelo nacional.

Los invasores empiezan a penetrar en el País con intenciones bélicas, buscando llegar a la capital con fin de imponer sus exigencias. Mientras tanto nuestros gobernantes se debatían en luchas ideológicas y en ambiciones partidistas.

El presidente estadounidense James K, Polk, en ese entorno, declara la guerra a México en mayo de 1846, ante lo cual el Congreso mexicano decreta la defensa del suelo nacional. El ejército invasor planeó su estrategia de ataque a la capital mexicana en dos frentes; mientras unos avanzaban penetrando desde el norte, otro contingente lo hacía desembarcando en el puerto de Veracruz.

Los mexicanos, ya con los invasores frente a la ciudad de México, ofrecieron férrea resistencia, primero fue el 20 de agosto, en el Convento Santa María, en Churubusco, ahora se había convertido en fuerte defendido por el general Pedro Anaya y donde luchó en defensa de nuestra patria el heroico Batallón irlandés de San Patricio, la otra batalla memorable fue el 8 de septiembre, en el Molino del Rey, donde creían los invasores encontrar abundantes pertrechos militares, sin embargo, no fue así y a cambio, a pesar de la victoria sufrieron cuantiosas bajas.

El último reducto era el Castillo de Chapultepec, entonces Colegio militar, en una gesta recordada y enaltecida por la participación de los cadetes de esa institución, algunos dicen que eran unos 40, otros que eran 80, ellos ahí lucharon con valentía y algunos murieron.

El General José Mariano Monterde, director de la institución, dirigió, el 13 de septiembre, la defensa, sumándose el Batallón de San Blas, al mando del General Felipe Santiago Xicoténcatl, enviado por mandato del General Nicolás Bravo, comandante en jefe de la defensa de la ciudad.

Este hecho es recordado como la gesta de los Niños Héroes, instituida en el Porfiriato, en memoria de seis cadetes que ahí murieron, aunque hubo otros que lucharon ahí y adquirieron después notoriedad, como Miguel Miramón, quien llegó a ser presidente de México y un cadete nacido en El Rosario, Teófilo Noris Cibrián.

Finalmente, con la caída del Castillo de Chapultepec, el ejército invasor se proclamó vencedor, a consecuencia de ello, México perdió, no solo el estado de Texas, sino también otros territorios que ahora forman parte de la llamada Unión Americana.

Cabe destacar que con la victoria del Ejército estadounidense, la bandera de los invasores fue levantada en el Castillo, momento en el cual fueron ejecutados los integrantes del Batallón de San Patricio, los héroes irlandeses que ofrecieron su vida en la defensa de nuestra patria.

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