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Mazatlán
EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA: Alberto Santos Dumont, uno de los pioneros de la aeronáutica
La aviación, a un siglo de distancia, ha llevado al ser humano a plantar su pie en otros cuerpos celestes, haciendo ejercer el mandato divino al ser humano, de ejercer dominio sobre este mundo y más allá de él
Padre Amador Campos Serrano
14/07/2020
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Foto: Noroeste

En la versión de la canción Adiós Lucrecia, con la voz del añorado intérprete mexicano Pedro Infante, nacido en Mazatlán y cuya paternidad también

es compartida por El Guamúchil y El Rosario, nos llega la mención de Santos Dumont, el célebre pionero de la aviación, anteponiéndose a Ferdinand Von

Zeppelin y, en cierta manera, a los hermanos Wright.

El sueño de volar cobraba impulso a finales del Siglo 21, animado por creciente aumento de la tecnología mecánica, cuyo surgimiento auguraba un

mayor bienestar para la vida ordinaria y abriendo un horizonte de alcances ilimitados.

La fascinación por la idea de surcar los aires a la manera de las aves, era un sueño remontado a las más antiguas historias del ser humano y fue Alberto Santos Dumont, como también los hermanos Wright, quienes hicieron realidad el legendario sueño del mítico Ícaro.

El espíritu inquieto de observación de Alberto Santos Dumont, en una época en la cual la era industrial se encontraba en pleno surgimiento y expansión,

lo llevó a incursionar invenciones de las cuales, actualmente, gozamos de su pleno desarrollo.

Brasileño de nacimiento, por su parte de su abuelo paterno contaba con raíces francesas. Este había emigrado a este continente en busca de fortalecer sus

negocios de orfebrería.

El contacto con sus paternas raíces estuvo siempre presente en su familia, su padre Henri Dumont, nacido en tierras cariocas, fue enviado a París para hacer sus estudios en la escuela de artes y oficios de esa ciudad, después regresó a su

patria para ejercer su profesión de ingeniero, ocupando un puesto en el departamento de obras públicas en la ciudad de Ouro Preto, en el estado de Minas

Gerais.

La madre de Alberto tenía el nombre de Rosalinda dos Santos, se casó con Henrique, en el año 1856, y tuvieron 8 hijos, de los cuales Alberto fue el penúltimo en nacer.

En el momento de su nacimiento, el 20 de julio de 1873, sus padres se habían mudado a Casal de Valencia, donde habían comprado unas plantaciones

para dedicarse al cultivo de café, esto les dio la oportunidad de tener un respetable patrimonio, para vivir de una manera holgada.

En ese ambiente, Alberto Santos pudo desarrollar sus años de juventud, alimentando el interés por la ingeniería mecánica.

En 1890, la tragedia llegó a la familia, cuando su padre sufrió un lamentable accidente, por ello se trasladó a la capital francesa, a fin de llevar un tratamiento y Alberto lo acompañó.

Estando en París, tuvo la oportunidad de presenciar las inclusiones áreas realizadas en globos, lo cual incrementó su interés, dirigido hacia

estas tecnologías.

Observando las dificultades para darles dirección a los globos, como medio de transporte, él ideó un diseño de una forma cilíndrica, que sería adaptado a los dirigibles, paulatinamente fue perfeccionado el funcionamiento de este diseño.

A principios del pasado siglo, su interés se dirigió hacia la construcción de aeroplanos y en 1906 logró hacer volar una estructura construida con bambú y

forrado con tela de seda, el cual era impulsado por un motor aerodinámico, logrando elevarse por su propio impulso, para volar en una distancia aproximada

de 70 metros.

Después de estos logros sufrió una esclerosis, afectándole con una profunda depresión, por lo cual decidió regresar a su tierra de origen, Brasil. Estando en su patria, en 1928, las autoridades decidieron otorgarle un homenaje y estando por recibirlo, un hidroavión, en el cual viajaban varias personalidades para asistir al evento, explotó en pleno vuelo, lo cual agravó la salud de su estado de ánimo, llevándolo al suicidio, el 23 de julio de 1832.

Alberto Santos Dumont, un orgullo latinoamericano, es uno de los pioneros impulsores de la aeronáutica, iniciando una aventura que hoy, a un siglo de

distancia, ha llevado al ser humano a plantar su pie en otros cuerpos celestes, haciendo ejercer el mandato divino al ser humano, de ejercer dominio sobre este mundo y más allá de él.

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