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Mazatlán
Evangelización, Educación y Cultura: El camino de Jericó
Columna religiosa
Padre Amador Campos Serrano
23/07/2019 | 04:01 AM
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Foto: Noroeste

Historias deambulando por el camino y sus alrededores, ruta de contingentes varios, viajeros con diferentes motivaciones hacia la ciudad siempre poblada, considerada como la más antigua, conocida en el mundo desde alrededor de 10 mil años, cuyos vestigios son mostrados en su arqueología, datando la antigüedad del lugar.

Jericó, ubicada al noreste de Jerusalén, había sido la puerta de entrada para los descendientes de Abraham, en su regreso, ya como pueblo, a la tierra de Canaán, en la época del inicio de la estructuración para convertirse en una nación, de donde vendrían a tener cumplimiento las promesas de Dios.

Aquel camino que conducía de Jerusalén a Jericó también era territorio propicio para los asaltantes y asesinos, buscando despojar de sus bienes a quienes por ahí transitaban, acontecimientos dolorosos continuamente eran narrados y vistos en esa ruta.

Muchos eran encontrados muertos y algunos gravemente malheridos.

Antiguos acontecimientos narrados por los pétreos restos arqueológicos, cual documentos históricos describen el desarrollo de las diferentes épocas y etapas desde el Neolítico, atravesando otras edades del desarrollo de la humanidad.

Inmóvil, tendido a un lado del camino, yacía un hombre, su indumentaria revelaba que era un judío, un mercader viajando con sus mercancías, llevando las ganancias de estas transacciones, ello había motivado la ambición de quienes valoran más lo material económico sobre la misma vida y lo habían atacado para despojarlo de sus pertenencias, dejándolo malherido o tal vez muerto.

Un sacerdote y un religioso pasan por ahí, contemplan el doloroso espectáculo, aquel hombre, hermano de raza, quien sufrió la desgracia después del artero ataque, tal vez esté muerto o tal vez no, pero sintiendo que es poco lo que pueden hacer y ciñéndose a las prescripciones del Levítico y del Deuteronomio, siguen su camino.

Según estas prescripciones, al tocar un muerto se cae en contaminación y así no es posible acercarse al altar del culto del Altísimo.

Para ellos, tal vez ese hombre ya está muerto o tal vez no, pero se dirigen al templo para ofrecer el culto a Dios, lo cual consideran como lo más importante y por eso deciden que nada pueden hacer por lo que presurosos reemprenden el camino, alejándose de él.

El samaritano pasa, contempla la escena, dándose cuenta de que de que es un judío, con quien ellos no acostumbraban ni siquiera cruzar palabra, pero este tal estuviera aún con vida y estremeciéndose en su interior, baja de su cabalgadura y al darse cuenta de que todavía vive, solicito lo atiende, curando sus heridas, ¡aunque se tratara de un judío!

Esconderse ante el compromiso con los demás, argumentando múltiples razones, incluso con el velo de una híbrida piedad, no responde a la pregunta que le hace Jesús al doctor de la ley, a la cual, este acertadamente contestó, es una fuga, muchas veces esgrimida, pero sin respuesta al plan de Dios en el espíritu de la ley; “Amar a Dios sobre todas las cosas, amando al prójimo como a uno mismo”.

“¿Quién actuó como prójimo? La respuesta es contundente, “el que tuvo compasión de él”.

Jesús solo dice, “Haz respondido bien. Anda y haz lo mismo”.

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