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Mazatlán
Evangelización, Educación y Cultura: La grandeza del silencio
Observar la profundidad del infinito perceptible en el cosmos es mirar más allá del espacio finito, en un asomo al mundo de la eternidad
Padre Amador Campos Serrano
30/09/2020
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Foto: Noroeste

Un momento, el mundo detiene su dinamismo en movimiento, un rumor de silencio surge desde la profundidad del abismo oculto en el devenir de los actos; es una invitación a la autorreflexión.

Observar la profundidad del infinito perceptible en el cosmos, producto de la apacible tranquilidad de una tarde, a orillas del mar o desde la sugestiva cumbre de lo alto de una montaña, es mirar más allá del espacio finito, en un asomo al mundo de la eternidad.

La inmensidad del océano es limitada por la extensa línea que recorta el horizonte líquido, separándolo del azul celeste, ante cuya mirada el pensamiento se aúna al recuerdo, valorando el don y la belleza de existir.

Surcando el azul espacio, la gaviota lo atraviesa en raudo vuelo, mientras el rumor de la brisa se escucha en combinación con el parloteo de las olas del mar, contemplando, en un reiterado vaivén, su desintegración en la espumante multitud de granos líquidos.

El divino don de la inteligencia penetra en la interioridad del propio ser, descubriendo en sí mismo, un ignoto oculto por el ruido y la ebullición del movimiento, otro mundo, donde el tiempo también transcurre, pero ahora en notoria lentitud, un tiempo para examinar un desapercibido microcosmos.

Contemplar el diseño del Creador, plasmado en la grandiosidad de lo pequeño o en la singularidad de lo grandioso, algo reservado a la abstracción del fenómeno llamado humanidad, capaz de contemplarse a sí misma al contemplar a los demás, junto al entorno circundante.

La invasora serenidad del momento permite un mejor panorama, esclareciendo los sombreados tonos grises, para comprender y aprender valores ocultos, surgiendo la inspiración, el fluido creador de un nostálgico sentimiento de retorno al perdido paraíso.

Silencio para abrirse a la escucha de las recónditas voces de un mundo que, aunque circundante, es desapercibido en una saturación de mensajes, impidiendo la escucha del lamento de quien llora, ver la angustia de quien vive su tragedia personal, así como el saludo multicolor de las flores o la acariciante ternura de la brisa, realidades cercanas comúnmente, pasando sin ser percibidas.

La panorámica contemplación desde el silencio, ha permitido una visión de un mundo oculto a simple vista, cuya elocuencia invita a la reflexión, descubriendo en el interior del mismo ser al mismo Dios.

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