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Evangelización, Educación y Cultura
Un año nuevo
Presbítero Amador Campos Serrano
05/01/2008 | 00:00 AM
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La llegada de un año nuevo, para nuestra contabilidad, siempre presencia es de nuevas ilusiones en la búsqueda de un mejor vivir, renovados brios animan la existencia en el caminar sobre esta tierra nuestra, llamada nuestro hogar.
Un nuevo cielo amanece con el nuevo andar, sobre un mundo siempre antiguo, al seguir el curso hacia un horizonte permanente, escribiendo la historia de la cotidiana vida. Sobre el mar del tiempo, la barca de la vida sigue su curso hacia lejanos puertos y a nuevos lugares por descubrir, embargados por el fascinante misterio de lo incierto.
En un inmediato pasado, oscuros puntos, de personales tragedias, empañan momentos del recorrido, dolor frustrante de insatisfacciones limitadoras de proyectos e ilusiones. Un año que termina para ser puesto en la balanza de la evaluación, esperando el juicio de la historia, en tanto la ruta continúa hacia el ideal marcado en la propia vida.
Familiares y amigos que ya se han ido, emprendiendo el definitivo viaje, estarán siempre ahí, su recuerdo es una indeleble huella, reviviendo pasadas experiencias.
Convertidas así en recuerdos, las vivencias pasadas de sitúan en un trasfondo, que se aleja con el correr del tiempo, hasta formar esparcidos puntos, salpicando el horizonte del pasado, momentos que, cuando fueron presente, despertaron encontrados sentimientos, cuya llama el tiempo nunca ha logrado extinguir.
En nuevos destinos de arribo, la vida siempre encuentra oportunidades nuevas, privilegio del ser humano es el crear nuevas ilusiones, oportunidades de plasmar nuevas huellas para quienes habrán de venir; la esperanza continúa.
Más allá del tiempo transcurrido, aún cuando largo haya sido, la posibilidad de aprender algo nuevo siempre será una opción, permanente apertura hacia conocimientos nuevos, redescubrimiento de una latente juventud que el paso del tiempo nunca podrá marchitar.
La vida, gran don, impronta divina, animadora de la materia, antes inerte, es el privilegio de este mundo, llamado planeta tierra, es el regalo otorgado para impregnar la trama de la creación. Esta es la primera acción de gracias al buen Dios al contemplar el nuevo día, en el inicio de un nuevo año.
Creador y Padre, Dios nos concede el don de un nuevo año, para continuar existiendo en el jardín de nuestro mundo, su paternal bondades permanente invitación a reiniciar el camino, reconstruyendo la ilusión, para mantener la esperanza en la realización de una nueva cultura inspirada en el amor.
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