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Mazatlán
Evangelización, Educación y Cultura: Somos necesarios, pero no indispensables
Columna religiosa
Padre Amador Campos Serrano
12/08/2019
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Foto: Noroeste

Importante y aún necesario, mas no por ello indispensable, es el aporte personal de cada uno en el paso de la historia, esa es una de las razones de la existencia en este mundo, es el llamado vocacional de cada uno en particular, unido este llamado al de la inmensa mayoría, que como granos de arena se extiende en la vasta dimensión de las playas.

Ser importantes y necesarios de ninguna manera es un indicativo de que las cosas no funcionarían sin nuestra presencia, esta es una de las tentaciones y en algunas ocasiones puestas como una disyuntiva con tintes caritativos, dejando un mensaje de la necesidad de nuestra presencia para los demás.

Aquí es válida la anécdota de la sabia respuesta de aquel humilde franciscano ante su superior agonizante, preocupado por no querer, con su ausencia, dejar desamparada a su comunidad: “No se preocupe, su reverencia, se murió nuestro Padre san Francisco y mal haya la falta que nos hace”.

La verdad de fondo se esconde en no dejar ser libres en su caminar a quienes deberán seguir la obra ya iniciada para darle su continuidad. El que sea importante nuestro actuar y ciertamente necesario, de ninguna manera quiere decir que si llegamos a faltar nadie podrá continuar. Tal vez no lo harán tan bien como nosotros, pero sin duda lo harán.

El mundo ha existido y seguirá existiendo con o sin nuestra presencia y el paso de generaciones han dejado una huella impresa, modelando paulatina, pero continuamente la creación de una manera imperecedera.

El llamado de nuestra vocación es una invitación a colaborar en su obra, a dejar en ella nuestra participación de amor hacia Él en nuestros semejantes, la obra se traduce en un servicio plasmado, que un día será un legado en el recuerdo, cuando ya no estemos aquí.

Finalmente, cumplimos dejando nuestra obra, aquello que debemos hacer en la obra de Dios, la cual, de faltar, dejaría un hueco, la eterna ausencia de nuestra aportación, pero solo eso.

Nuestra presencia en este mundo debe consistir en hacer presente el amor de Dios en él, construyendo, desde el campo en el cual nos tocó vivir, según la propia vocación, un mundo cada vez más habitable y humano, un mundo cada vez mejor.

Solo Dios basta, solo Él es indispensable y unidos a Él, con nuestros semejantes, es posible la construcción de ese mundo mejor, dejando con nuestras obras la estampa de su imagen en él.

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