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Columna semanal
Evangelización, Educación y Cultura: Vivir en Dios y en uno mismo
Espacio de reflexión espiritual
Padre Amador Campos Serrano
05/11/2018
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Esplendoroso, el Sol brilla en la altura y con su luz transmite calor y alegría a la vida que pulula todos los rincones de un mundo llamado, el Planeta de la Vida, plena manifestación de la presencia del Dios desconocido, viviendo entre nosotros, pero que un espeso velo oculta el eterno resplandor, siempre cercano, de su eterna luz creadora.

Descubrir a un Dios muy dentro del propio ser es la posesión de Él por la fe, es el inicio del camino para resolver el laberinto creado por el mismo hombre y que, a cada paso, se ha enmarañado más. Nuestra vista no alcanza a contemplar la luz que ordena y clarifica el caos.

La razón ha hecho al hombre inteligente, colocándolo en el camino del encuentro con la sabiduría para guiar sus pasos hacia la posesión del perdido Edén, siempre anhelado y buscado en algún lugar, pero él siempre ha estado ahí, en un lugar cercado, dentro de la creación, pero el nebuloso velo de las pasiones extremas ha impedido contemplar su siempre cercana presencia.

Vivir en la esperanza, más allá de la adversidad y sin recurrir a la falsa fuga de culpar a alguien por las dificultades encontradas, tener siempre el ánimo con el impuso de vencer los tropiezos del camino, es prueba máxima de la presencia divina en la virtud de la esperanza.

Necesario es bajar la mirada desde el pedestal del orgullo cegador y contemplar en renovado día a día, la maravilla multicolor de las flores, apareciendo en la apariencia de impulso natural, sentir la frescura del correr del viento, contemplar el nacimiento y desarrollo de los seres vivos, poblando un lago o la tierna sonrisa de un niño. Un mundo maravilloso nos rodea y la mayor parte del tiempo no lo percibimos.

Fija la mirada en tragedias creadas por el desvío del hombre, en los errores cometidos, difícil parece contemplar la maravilla de nuestro alrededor. El Edén no está perdido, nosotros lo hemos olvidado; él sigue estando ahí, pero nosotros, la mayor parte de nuestra vida, no lo percibimos.

Deshacer el velo cegador es introducirse en el ser de la propia persona para recorrer la cortina de las propias pasiones atávicas, que nos impiden extasiarnos en las maravillas de nuestro a alrededor y a la misma maravilla de la propia persona.

Al contemplar a Dios existiendo en nosotros mismos, por el cual somos, vivimos y existimos, llenándolos con su presencia omnipotente, se encuentra el profundo sentido de la vida, en la cual el Divino Ser nos creó y para Él fuimos creados en el amor.

En el sentido revelado de la triple virtud teologal: fe, esperanza y amor, se encuentra la síntesis de la presencia de Dios, dando sentido y luz a la existencia; la síntesis de nuestra vida en Dios y de Dios en nosotros.

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