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COLUMNA
FACTOR HUMANO ¿De veras sabes opinar?
La opinión tiene en sí misma un rigor y una estructura que va más allá del comentario
Paúl Chávez
21/07/2019
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Foto: Cortesía

En los medios y en las conversaciones suele confundirse mucho la opinión con simples comentarios, la mayoría basados en conjeturas con aires de certeza o son manipulados por “expertos”. La opinión tiene en sí misma un rigor y una estructura que va más allá del comentario, además implica un grado de conocimiento y cierta autoridad moral, qué y quien la dice, para ganar credibilidad en los medios.

Una cosa es decir lo que nos pasa, manifestar nuestras verdades. Otra es explorar la verdad. La opinión explora las posibilidades partiendo de certezas. Lo que se espera de una opinión es la verdad más probable, cuentan la certeza de los fundamentos, el raciocinio, la coherencia y la manera en que se dice. Hay diferencia entre opinar y en pontificar, así como la hay entre saber e ignorar. Suele cruzarse esa frontera sin percibirse. La piedra de toque de un intelectual es saber realmente que terreno pisa sin confundirse y rectificar. La claridad de ideas no se sustituye por la cantidad de conocimientos ni por la posición.

En la comunicación cotidiana suceden estos errores: 1. Confundir la libre expresión con la auténtica opinión. 2. Opinar sin tener conciencia de nuestra ignorancia, 3. Un afán de ganar discusiones trayendo agua al molino, 4. Afán por distinguirse, 5. Confundir la opinión con la catarsis, 6. Intentar manipular. La verdad se estrella ante el ego, los intereses y lo emocional, en cambio en la auténtica opinión se sale de uno mismo buscando la verdad abriéndose al error y escuchando lo contrario. Si no se hiciese así no podría negociarse. Una opinión que excluye otras resulta sospechosa. A Tomás de Aquino, el emérito teólogo del Siglo 13, una vez le dijeron que otro profesor estaba hablando en contra suya, su respuesta fue "¡Que lo escriba!". Escribir compromete por eso muchos prefieren hablar.

Antes de hablar abramos nuestros ojos, oídos y el corazón. Quien parte de que el otro está mal lo filtra, peor cuando le cae mal. Solemos reaccionar emocionalmente más que con la razón. Las emociones nublan la razón, sesgan a la gente. Respetar al otro, los auténticos expertos escuchan.

Examinémonos. Te basas en supuestos que das por ciertos cuando debería solo referirte a la fuente como tal, ¿acaparas?, te centras en convencer cuando a veces se gana más cediendo. Saber vincular la verdad a tu persona y manifestarlo es sabiduría. La apertura de mente y equilibrio de juicio muestran amor a la verdad. La humildad las supera.

He aquí el problema: la poca conciencia de lo que creemos saber y el ego. Es justo la frontera entre el sabio, consciente de su saber e ignorancia; el necio que persiste en su error y el ignorante que no se da cuenta. El problema es darle poder al ignorante o hacernos pasar por quien no somos.

En los medios la TV ha hecho de la verdad un show para atraer masas y confundir bobos. Las redes han hecho de los bobos, una atracción. A ti lector que te gusta opinar te pregunto, ¿En qué nivel sueles opinar? Imaginémonos una escalera, el peldaño superior implica un mayor grado de verdad:

La ignorancia. Puede ser consciente o inconsciente. Repites lo que te parece verdadero de otros sin verificarlo. ¿Hablas de un tema sin saber lo que estás diciendo? Aclaremos, el ego es más terco que la verdad.

La Sospecha. Tienes algo de información pero eso no te permite concluir ni decir certezas más completas.

La Duda. Has avanzado, tienes el 50 % de datos, pero estos no son concluyentes para dar tu veredicto, dudas y tu intelecto oscila entre un extremo a otro.

La Opinión. La información que tienes apunta en una dirección, tienes fundamentos, pero tus conclusiones se basan en lo probable y estás consciente de tu margen de error.

La Certeza. Tienes los "pelos de la burra" en la manos, las evidencias apuntan a una conclusión, pero ¿será total? ¿Podrías comprobarla en otros campos? Sorpréndete, encima de ellas hay algo que es, anterior a nosotros, independiente de que la conozcamos o no y es infinita, nos supera.

La Verdad. Es cuando te das cuenta que la suma de certezas no hace una verdad entera. Los ciegos que intentan describir al elefante por la parte que cada uno toca, uno la pierna, el otro la trompa, otro la cola, aquél la oreja. Cada uno expresa evidencias incuestionables pero la suma de sus certezas no define al elefante. El juez puede condenar basado en evidencias, pero cuantos inocentes esperan justicia.

Los científicos del Siglo 21 han ganado una profunda humildad y han aprendido a replantear sus enfoques, porque pueden sesgarlos. Es admirable como han aprendido a desaprender. Son muy cuidadosos en afirmar algo. Menos en pontificar.

En la ciencia, las nuevas verdades suplantan a las anteriores dejando las páginas en blanco. Ahora te pregunto ¿Cuándo opinamos que escalón solemos pisar? ¿El de la ignorancia, el de la sospecha o el de la duda?, estas tres no son opiniones. ¿O subes y bajas sin darte cuenta? Se vale, pero hay que aclararlo y no asumir. La verdad merece una reverencia, nos supera, conviene callar más y preguntar más. Lo más difícil de aprender es controlar el ego, no tanto el conocimiento.

No podemos dar la espalda a la verdad porque no podemos colgar la racionalidad en el perchero. La verdad nos libera y el amor nos vincula.

 

 

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Arturo Zavala Zavala
Cuando repliqué con caricatura un pronóstico del doctor Guillermo Ibarra sobre el gobierno AMLO, contestó que contaba con el rigor académico para sustentarlo, a lo que, sin poner en duda, agregué: cuando lo académico es atraído por lo político, se vuelve militante y puede generar pronósticos apocalípticos. Solo como advertencia. Y él fundamentó su pronóstico seriamente
Arturo Zavala Zavala
Cuando repliqué con caricatura un pronóstico del doctor Guillermo Ibarra sobre el gobierno AMLO, contestó que contaba con el rigor académico para sustentarlo, a lo que, sin poner en duda, agregué: cuando lo académico es atraído por lo político, se vuelve militante y puede generar pronósticos apocalípticos. Solo como advertencia. Y él fundamentó su pronóstico seriamente
Arturo Zavala Zavala
Cuando repliqué con caricatura un pronóstico del doctor Guillermo Ibarra sobre el gobierno AMLO, contestó que contaba con el rigor académico para sustentarlo, a lo que, sin poner en duda, agregué: cuando lo académico es atraído por lo político, se vuelve militante y puede generar pronósticos apocalípticos. Solo como advertencia. Y él fundamentó su pronóstico seriamente
Paul Ch.
Se suele manipular la verdad para conseguir intereses personales, sucede en cada momento y todo el tiempo. Parece ser que nos alivia más la necesidad de estar en lo cierto... que decir la verdad completa. Parece ser que lo útil predomina. Parece ser que el quedar bien se antepone a decir las cosas como son sin ofender. ¿Cómo sería nuestra vida si la búsqueda de la verdad fuese en serio? Con menos problemas, mas tranquilidad de la conciencia y menos conflictos
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