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'íbamos a comer con unas amigas y nos alertaron de la balacera; el tráfico se vino en sentido contrario'
El Jueves Negro, el 17 de octubre de 2019, Martha y Laura acudían a verse con unas amigas en un restaurante cuando quedaron atrapadas entre la violencia desatada por un operativo fallido
José Abraham Sanz / Belem Angulo
17/10/2020 | 5:29 PM
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Foto: Tomada de video

Martha Alicia, de 36 años, viaja con Laura, una compañera del trabajo, rumbo a un restaurante de comida china ubicado en esa zona de Tres Ríos. Ahí quedaron de verse con otro par de amigas, Eli y Aída, quienes ya se habían adelantado para apartar lugar para el festejo de cumpleaños de ambas, como normalmente lo hacen en su oficina en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

“Cuando nosotros ya íbamos, Laura me preguntó que si por dónde nos íbamos, le dije que por (el bulevar) Universitarios... todo iba muy bien, hasta ahí, cuando llegamos al momento de cruzar la Avenida (Álvaro) Obregón, para llegar al Soriana Universitarios, me suena el teléfono y era una de mis compañeras, desesperada, llorando: Marthita, no se vengan, no se venga para acá, sáquenle la vuelta a donde vienen, porque hay una balacera muy fuerte, nos tienen en la cocina, todos, todos estamos en la cocina”, recuerda.

“Ahí en ese puente fue cuando empezó una parte de la balacera en esta zona. Más tarde quemaron un carro, y taparon el puente (Josefa Ortiz)”.

Unos 15 minutos después de las 3:00 de la tarde, la Sedena registra los primeros reportes sobre las agresiones a personal militar de parte de los civiles armados en los puntos del operativo.

Ovidio y otras personas habían sido detenidas y retenidas en su domicilio en el sector Tres Ríos.

“Sácale la vuelta por la Obregón”, fue lo primero que le dijo Martha a Laura, porque no sabían lo que ocurría y las dos aún mantenían la esperanza de llegar a comer y festejar a Eli y Aída.

“Se escucha muy mal, pero 'típico, ha de ser una balacera, pero ahorita se calma', es lo que uno piensa, desgraciadamente nosotros los sinaloenses, los culichis, como lo quieran ver, estamos acostumbrados a ese tipo de cosas... que no deberíamos, pero desgraciadamente sí lo es. ¿Qué pasa? Pues nos vamos por ahí, antes de que avanzara empezamos a ver cómo venían los carros en sentido contrario de donde está Soriana Universitarios hacia acá (el oriente), y venía gente corriendo, porque ya se escuchó más fuerte la balacera”.

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El domicilio en donde fue retenido Ovidio y una parte de su familia se encuentra muy cerca del lugar en que se encontraban Martha y Laura.

Lograron salir y se dirigieron al sur por la Avenida Obregón, pero Laura, quien conducía, tuvo que meterse entre las calles, porque un grupo armado bloqueó el puente y era imposible seguir avanzando.

Martha y Laura avanzaron hasta que les fue imposible.

“Llegó y se estacionó afuera de una casa, 'aquí vive una hermana mía', dijo, fue cuando en una de esas, nos bajamos, pero escuchamos más cerca los disparos. Veníamos a una, a dos casas, porque atrás de nosotros se escuchaban los balazos, y venía gente... te puedo decir que (estábamos) gritándole a la familia de ella, ella y yo, tiradas en el piso, que ahí vienen... y la verdad no se lo deseo a nadie”, narra Martha.

 

- ¿En qué estabas pensando en ese momento?

- En mi hija, porque, no sé si fue coincidencia, que ese día suspendieron clases. Ella tiene 16 años y está en la preparatoria. Mi reacción, después de entrar (a la casa), le hablé a su papá, ¿dónde se había ido ella? "No se muevan de donde están, porque hay balacera". Ahí dormí, en esa casa ajena, porque fue cuando empezamos a ver en la redes sociales todo el desastre que había, que balacera aquí, que andaba un carro con gente armada en el Centro, que andaba en Santa Fe, en Cedros.

 

Martha recuerda que haberse percatado que anochecía, mientras se mantenían pegadas al televisor para informarse en las noticieros.

“Nos quedamos viendo las noticias, para ver qué era lo que estaba pasando, que dijeran bien, fue cuando vimos que se trataba de este muchacho Ovidio, no sabía yo de él”, admite.

Cuando Martha intentó regresar a casa, tuvo que regresar a donde le dieron posada.

“Se vino la segunda balacera”, revela.

“(Había carros) abandonados, carros quemados, una ciudad sola que jamás en mi vida lo había visto, que veías a un carro por allá... me sentía en una ciudad como tipo película de los zombis, que no me gustan por cierto, pero jamás en mis 36 años de vida había visto así la ciudad y es muy feo”.

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