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Mazatlán
La Fórmula de la Felicidad: ¿Jugando a la víctima?
Columna semanal
Óscar García
22/08/2020
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Foto: Noroeste

La semana pasada recibí la invitación para disfrutar de un nuevo aprendizaje, “Liderazgo a Consciencia”, un programa que condensa la experiencia de Fred Kofman, fundador y presidente del Conscious Business Center International. Si no le suena quién es, es un reconocido coach, vicepresidente de Google y asesor en liderazgo y cultura para la oficina del CEO. Dentro de su experiencia está la vicepresidencia de desarrollo ejecutivo en LinkedIn. Es autor de varios bestseller tales como “Metamanagement”, “La empresa consciente” y su último libro, “La revolución del sentido”.

¿Por qué generar este contexto?, porque en mi caminar me he encontrado un alto porcentaje de empresarios y líderes empresariales que no hacen una correcta asociación del profundo vinculo que existe entre el ser humano y todos sus dominios, con el directivo lleno de competencia duras (conocimientos y herramientas enfocadas a la producción de productos y servicios). Buscando la productividad en su mirada y enfoque duro, apuestan siempre a caminos “conocidos” que llevan a trabajar más, a controlar más y a la búsqueda de “culpables”, no de soluciones.

En el capítulo introductorio, me llama la atención una afirmación muy poderosa: “Lo contrario de la conciencia no es la inconsciencia, sino el automatismo”. ¿Cuánto hemos hablado en mi página, en mis transmisiones los domingos y en mis columnas en los diferentes editoriales, del riesgo que implica vivir en piloto automático? Actuar inconscientemente nos mantiene muchas veces en el estado de confort, retar ese estado es de alto nivel, y más si agregamos la crisis tan fuerte que la pandemia nos regala en el plano personal y profesional, asumiendo el desafío de sustentabilidad que se presenta a corto, mediano y largo plazo en el mundo de los negocios

Pero creo que a muchos de nosotros nos ha sucedido lo siguiente: transitar por una calle, carretera, por los pasillos de nuestra casa u oficina, tan ocupados, más bien ensimismados, en los problemas y pensamientos, en el tan bien conocido estado de rumiación, sólo para darnos cuenta de que ya no recordamos a dónde íbamos, con quién o a qué. Eso es el piloto automático. Hay que reconocer que no perdemos la conciencia literalmente, sino que la enfocamos en algo diferente, dejando de lado lo demás.

Diversos estudios del comportamiento humano nos afirman que cuando la rumiación se apropia de nuestra vida, se reducen al mínimo los espirales ascendentes de innovación y productividad, que son los que dan un sentido de bienestar. Si sumamos a esta afirmación que la mayoría de las veces los pensamientos en los que nos enfocamos no son muy positivos, sino con tendencias a la afectividad negativa, pareciera que disfrutamos el sentir el “juego de la víctima”

Y a ese colaborador de nuestro equipo lo cargamos de mensajes: “Si lo tengo que hacer yo, alguien sale sobrando”, “Gallina que no da huevos, solo sirve pal caldo”, “Tengo que hacer yo todo, para que salga bien”; o nos llenamos de sesiones de retroalimentación intensas e improductivas porque solo vemos lo que no funciona. Y así, el jefe (no líder) se convierte en la primera víctima.

Recurro a mis nuevas lecturas para descubrir otra frase altamente reflexiva: “Si no te ves como parte del problema, no eres parte de la solución”. Es decir, si solo escupimos culpas no podemos ser parte de la solución, no tomo un rol protagónico en la situación. Me quedo con una de las intervenciones de nuestro coach de cascadeo que, por su impacto en mí, te comparto:

Nos solicitó que recordáramos un caso o situación donde nos sentimos víctimas, puede ser en el plano personal o profesional, para que luego lo contáramos al grupo de confianza, la narrativa debe ser desde el rol de víctima. Nos pidió también aplicar dos preguntas sumamente poderosas para el ejercicio: ¿Qué me sucedió?, esa nos apoya en la narrativa primera; para después hacernos la pregunta ¿Cómo contribuí para que eso sucediera?

Sorprenden los resultados de este sencillo ejercicio, que en sus conclusiones deja de manifiesto la importancia de desarrollar las capacidades “suaves” de los líderes, esos seres humanos que necesitan saber manejar sus emociones, reconocerse y darse el permiso de ser humanos, y desde la autocompasión, aprender a escuchar con mayor empatía.

Esta semana se me presentaron dos oportunidades de observarme y me ayudó muchísimo el preguntarme: Y yo, ¿cómo contribuí a que esto sucediera?

Seguramente muchos empresarios que están navegando en el desafío de la búsqueda de la sustentabilidad necesitan hacerse esa pregunta con más frecuencia, y darse la oportunidad de pensar de forma consciente: ¿Estoy desarrollando a mis colaboradores más allá de sus habilidades duras? ¿Mis líderes en la empresa están formando a los nuevos líderes, o solo siguen dando órdenes?

Cierro esta columna profundamente agradecido de que pertenezco a una Institución que todos los días nos sigue preparando para los retos actuales y los que están por llegar. Mi compromiso es compartirlo, y claro, disfrutarlo. Nos vemos en nuestra página @LicOscarGarciaCoach

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