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Mazatlán
La Fórmula de la Felicidad: ¿Algo cambió?
Colunma semanal
Óscar García
04/07/2020
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Foto: Noroeste

Tarde del 1 de julio del 2020, 19:52 horas en un atardecer que rebasa las palabras de asombro. La inmensidad del espectáculo la plasmo en una fotografía desde mi celular, pudiera ser una imagen histórica si le quiero dar un significado: es el regreso a la mal llamada “nueva normalidad”. Avanzamos en el coche siendo testigos de la reactivación de la industria que mueve gran parte de la economía de nuestro querido puerto, el turismo. Me envuelve el deseo de que sea un éxito en todos los sentidos, incluidos los retos que se asumen en este hecho tan esperado por muchos y tan temido por otros que interpretan como precipitada la decisión, por el comportamiento elevado del número de contagios.

Suspiro y reconozco que la mente y las emociones se elevan a nivel de rumiación por los comportamientos observados en cientos de paseantes que salieron a disfrutar de una intensa tarde de verano, robándome injustamente un poco del embeleso por el mágico espectáculo gratuito que la naturaleza nos regalaba.

¿Qué causó mi incomodidad o inquietud?, los contrastes del contexto y las circunstancias. Me explico: Por un lado, el dolor en el gremio médico por la pérdida de miembros de su comunidad en la incansable lucha contra la enfermedad, y por otro, la forma tan irresponsable (para mí) de familias completas al salir a las calles sin los protocolos mínimos de autocuidado. Por sentido común, esperaba un cambio después de casi 100 días de confinamiento, una ciudadanía más responsable. Por salud mental quiero pensar que el otro grupo, que es más numeroso, sigue en casa esperando mejores condiciones para su exposición.

Expertos en comportamiento humano pronosticaban con mucha certeza que esta etapa tan retadora generaría una sociedad más sensible y solidaria, más responsable de sus comportamientos para aspirar a un manejo de mayor control en el número de contagios y evitar así la saturación de los espacios de atención, incluyendo la desesperación de una gran parte de la comunidad por conseguir los medicamentos disponibles para su tratamiento.

Con sorpresa de afectividad negativa viene a mi mente la aplicación de la ley de oferta y demanda, donde no me puedo explicar cómo una persona con un ingreso con salario mínimo de 123.22 pesos diarios enfrenta la apremiante necesidad de adquirir medicamentos que se elevaron al doble y triple. Se ven condenados a experimentar la enfermedad esperando un milagro para contar con atención médica y empeñar lo empeñable para luchar por la salud propia o de sus seres más queridos.

Poco a poco, rumbo a casa, logro que los sonidos de la música que el mosquetero entona para acompañar el trayecto “desestresante” equilibren la mirada emocional y disminuyan la profunda frustración de poder hacer muy poco en la sensibilización de ese grupo de ciudadanos que muestran solo deseos de fiesta. Debo afirmar que eran de todas las edades, nivel socioeconómico y académico, esto para eliminar la “huida típica” de que son así por ignorancia, y no, es irresponsabilidad pura.

Con palabras poderosas, el Junior me dice “Papá, el que se enoja pierde”. Asiento con la cabeza y confieso, no es coraje, es un sentimiento más incisivo, puedo reconocerlo como desilusión.

A lo mejor debo aceptar que esperaba más de la reactivación de las actividades económicas y sociales después de controlar el pico de contagios. Asumo que se presenta sin control de contagios ni la correcta aplicación del “famoso” semáforo, y menos, pero mucho menos, la aplicación de los protocolos sanitarios. Si fuera hoy el examen final de esta circunstancia tan poco agradable, la respuesta a mi pregunta ¿algo cambio? Sería un rotundo NO.

Quiero ser optimista disposicional, confío en que los que seguimos en casa, saliendo solo a actividades esenciales, buscando protegernos y auto cuidarnos, seremos la mayoría cuando decidamos salir a mostrar que la adversidad sí nos transformó y hemos aprendido que debemos pasar de una vida placentera a una vida más comprometida y significativa. Sin sonar catastrófico, debemos crear y co crear conciencia de que al cuidarme te cuido y al cuidarte me cuidas, así de sencillo y retador.

Espero muy pronto ser parte más visible en la reactivación de la economía, mientras, desde casa genero consumos, busco apoyar a los negocios locales, pero sobre todo trato de que nadie me robe la paz. Seguimos en contacto a través de mi página @LicOscarGarciaOsuna.

Recuerda que el domingo 5 de julio a las 11:30, tiempo de Mazatlan, tenemos nuestro programa LIVE @LicOscarGarciaCoach donde daremos respuesta a la pregunta poderosa: ¿El tiempo cura todas las heridas?

 

 

 

 

 

 

 

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