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Columna
La Fórmula de la Felicidad: Inicia el fin de cursos
El coach Óscar García Osuna invita a reflexionar sobre la emociones
Óscar García
08/06/2019
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Foto: Cortesía

Muchas conversaciones de los padres de familia en este período se encaminan a las actividades propias de fin de cursos. Vemos a las madres, principalmente, “como locas” (así lo dice una querida amiga), tratando de combinar en muchos casos trabajo, tareas escolares, actividades de cierre de periodo escolar, preparando el vestuario del festival de la escuela y hasta de la academia, donde sus hijos llevan actividad extraescolar. Algunos otros, más responsables de la formación, están asegurando que sus hijos tengan un cierre académico “muy exitoso”, con una inmensa mayoría definiendo éxito como el mejor promedio de calificaciones; no importa cómo, pero que el alumno pase y que pase bien.

Mesa de café de filósofos urbanos de la educación, en la que nos preguntamos ¿de qué sirve que el padre haga la tarea por su hijo o hija? ¿Los lleva a danza, artes marciales, pintura para que le enseñen disciplina? En las famosas ferias de presentaciones de trabajos finales, ¿qué es más importante, el stand de exhibición o el conocimiento adquirido? En la presentación de su academia de baile ¿qué es “más mejor”, que su hija aprenda competencias para la vida o la sesión de maquillaje y peinado desde las 10 de la mañana?, para la que incluso hay que sacarla de la escuela y concentrarse en la parte estética.

Quizá generamos muchas preguntas sin tener nosotros mismos las respuestas, lo que sí tenemos es muchas evidencias científicas de cuando concentramos nuestro enfoque de aprendizaje en las formas más que en el fondo. Por dar un ejemplo muy común en los latinos: es importante ir a misa los domingos para que te vean, ¿pero qué tanto te haces cargo de predicar la palabra que has escuchado en la homilía? Nos convertimos en religiosos sociales, como si al creer se perteneciera a un exclusivo club, cuando el mismo (y admirado para un servidor) Papa Francisco repite incansablemente: “¿para qué vas a la Iglesia si tu corazón sigue lleno de odio y rencor?”

Si trasladamos el ejemplo anterior a la educación, toma mayor fuerza el gran número de alumnos y padres que utilizan la escuela como un divertimento obligado para cumplir con un requisito, pero lo que menos les interesa, de acuerdo y fundamentado en sus comportamientos y elecciones, es aprender, desplazarse positivamente en sus competencias para la vida.

Una sociedad que se orienta a la vida hedónica necesita cada vez más llenarse de emociones instantáneas para sentir que su vida tiene sentido. En ningún momento quiero afirmar que el placer es negativo y dañino, pero se puede mal interpretar si no damos un desplazamiento a ir más allá en nuestra visión de vida. La muestra está en el incremento, entre los jóvenes, de la depresión, la ansiedad, los suicidios; un segmento poblacional que debería, por su momento cronológico, estar disfrutando de todas las maravillas que el mundo pone a su disposición.

¿Cómo administramos en casa y escuela el reto de la adversidad para que el aprendiz de adulto salga fortalecido, con herramientas que le permitan un caminar más sano y satisfactorio?

¿Qué pasaría si hiciéramos un alto y reflexionáramos; qué aprendí en este año escolar? Tanto padres como alumnos tendríamos el reto de introspectar para luego, desde la gratitud, esa emoción y fortaleza que se orienta a un cambio de mirada a lo positivo, reconocer y agradecer los regalos que la vida nos dio. Si te atreves a intentarlo, observarás que serás más consciente de que la vida es bella, a pesar de todo lo que no nos gusta, acción de reconocimiento básico para hablar de optimismo.

Seguimos conectados a través de Óscar Garcia Coach.

 

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