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COLUMNA
LA FÓRMULA DE LA FELICIDAD: ¡Revalorando las presencias!
"Hoy puedo reflexionar mis grandes oportunidades para compartir las presencias, más que enfocarme en las ausencias. Escribo este artículo desde el profundo y amoroso recuerdo y desde el fondo de mi corazón"
Óscar García
21/12/2016
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Desde fines de noviembre iniciamos un periodo muy retador para los que física y emocionalmente hemos experimentado ausencias de nuestros seres queridos que han dejado huella.

Recuerdo que a la emoción de la llegada del “Niño Dios” observaba en silencio, el llanto de mi madre por sus pérdidas, comportamiento que en momentos claves se fue transformando en enfermedades que limitaban la celebración de la festividad.

Hoy puedo reflexionar mis grandes oportunidades para compartir las presencias, más que enfocarme en las ausencias. Escribo este artículo desde el profundo y amoroso recuerdo y desde el fondo de mi corazón. Me explico.

Para los creyentes de la Navidad, en su mayoría existe el juicio que obliga a la celebración y a la alegría de compartir el festejo con la familia. Pero qué gran reto es desafiar la posibilidad de celebrar y mostrarnos felices, si nos sentimos tristes por la pérdida de un ser querido.

Una pregunta muy profunda que sucede desde el inconsciente es ¿tiene sentido celebrar algo cuándo no se tiene la energía requerida para hacerlo?

Las personas que se encuentran en un proceso de duelo viven más intensamente la sensación de tristeza, acompañada del sentimiento de la pérdida de control emocional, lo que ocasiona comportarnos con muy poco entusiasmo para decorar la casa, salir a comprar regalos y mucho menos organizar un convivio familiar, por más que exista la presión social para hacerlo.

Cuando tenemos de invitado especial el sentimiento de la ausencia; es retar el vacío emocional que ha dejado el ser querido que ya no está. Este invitado puede hacer un efecto silencioso que se hace presente en los momentos menos deseados. Ante ello, se puede sentir hasta natural el miedo a vivir estas fiestas en la que cada uno de sus miembros se sienta atrapado en una situación que amenaza con desbordar sus propios recursos emocionales. 

Al presentarse esta situación, la primera decisión que tomamos es ahorrarnos el sufrimiento, evitando compartir y reconocer la presencia de la ausencia.

Comportarnos como si no hubiera ocurrido nada, es una reacción humanamente comprensible, ya que el dolor es tan intenso que se intenta evitarlo a toda costa.

El reto es brindarnos un espacio para la expresión del dolor. Aquí hacemos uso de un recurso excesivamente común, el beber para olvidar y/o comprar para no pensar. El reto de la autocontención mal aplicado puede convertir esta época de celebraciones algo todavía más doloroso. Terminar con crudas morales y una cuesta de enero llena de deudas económicas.

Existe un recurso positivo denominado por muchos como “afrontamiento activo de la ausencia. Es reconocer que la persona ya no está, pero siempre estará presente en el corazón de todos los que lo amamos. Es momento que los invitados a la celebración de común acuerdo brinden un espacio para:

Colocar una vela en

la silla vacía, en la cena

Colocar una fotografía llena de recuerdos emocionales positivos como una forma de reconocer lo que nos regaló en vida la persona ausente.

Puedes incluir en los alimentos de la celebración el plato favorito de la persona ausente, como si hicieras un homenaje a sus gustos y recuerdos.

El brindis, acompañado de una oración

Este recurso pretende hacernos de nuevos rituales, de reinventarnos, permitiéndonos compartir el dolor de la ausencia con el entendimiento que como familia necesitamos reorganizar nuestros usos y costumbres para disfrutar plenamente a los presentes, a los que estamos vivos, y agradecer a la vida esta gran oportunidad. Hacer un brindis por la vida nos permite llenarnos de fe y esperanza para disminuir la tristeza ante la alegría de seguir siendo testigos de estas tradiciones.

Es un hecho que no existen fórmulas para vivir estos retos emocionales, pero sí debemos intentar buscar recursos que nos permitan limitarte añadir más dolor al de la ausencia misma.

Aprovecho esta columna para agradecer su lectura cada miércoles, su compañía a través de las redes sociales y por medio de este diario. Envío por este medio una oración de paz, amor y bienestar para cada uno de ustedes y su familia. Esperando encontrarnos el próximo año para seguir aprendiendo juntos la fórmula de la felicidad.

Seguimos en contacto, a través de mi página Oscar García Coach.

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