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Columna
La Fórmula de la Felicidad: Una extraña sensación
En su columna habla que las emociones son parte de la vida y hay que vivirlas y manejarlas a nuestro favor
Óscar García
25/01/2020
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Foto: Noroeste

¿Te ha sucedido que muchas veces te llega el rumor de que un amigo tuyo está enfermo, hablas con él, no te cuenta nada y no te atreves a cuestionarlo por esa creencia profunda de no hacerlo sentir mal?

Pasan los días, llegan noticias nada agradables, te mantienes firme en no romper su círculo de confianza, respetando la secrecía que ha decidido guardar.

Permaneces como observador, un testigo del correr del tiempo que avanza de forma acelerada, incrementando los cuestionamientos que se originan del no saber qué decir a una persona que tiene una enfermedad tan agresiva y desgastante, tanto para el paciente como para su familia.

Te desafía la intención de acompañarlo y generar una poderosa conversación, para asegurarle de la manera más apropiada y prudente que estás enterado de su enfermedad, siendo cuidadoso de su reacción para tratar de contener en caso de ser necesario. ¿Cuántas intenciones de llamar se quedan en la caja de los deseos?

Pareciera que en nuestros sesgos emocionales es mala la intención de mostrarle el interés genuino y la alta preocupación, así como las ganas tremendas de darle un abrazo de aliento y ofrecerle apoyo en la medida de nuestras posibilidades, teniendo siempre en consideración que:

Al verlo debo evitar las típicas frases de: “Todo va a estar bien”, “No llores, tienes que ser fuerte”, “Tú eres más fuerte que la enfermedad”. Estudios e investigaciones muy serios del comportamiento humano, han demostrado que llorar les puede hacer mucho bien a los pacientes, debemos considerar que la tristeza es una emoción adaptativa que permite expresar la necesidad de amor y ayuda. Las personas que no asumen en tiempo y forma la necesidad de ayuda, ni demuestran lo mucho que están sufriendo, podrían acelerar un trastorno depresivo.

¿Cómo ayudarle a construir una red social que fortalezca en este momento sus relaciones sanas y dar significado a esta etapa que experimenta? Hemos conversado de la importancia de un buen amigo que escuche sin juicios los sentimientos que genera el proceso mismo, más cuando no hay recursos o no se quiere una ayuda profesional. Fernando Lamas, psicólogo y psicoterapeuta del Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas de Perú afirma: “Muchas veces, cuando se ha pasado de manera exitosa todo el proceso de cáncer, resulta que los pacientes están mejor socialmente, tienen nuevos amigos y nuevas historias que contar. En lugar de preguntar por qué me dio el cáncer, hay que preguntarse para qué me dio, porque esa pregunta nos permite reflexionar sobre mi vida y hacer cambios para el futuro”.

Estoy a punto de abordar mi vuelo, recibo una llamada telefónica, conversamos de la situación de mi amigo, me cimbra el tema; sin querer, me doy cuenta de que llevo en mi mano el libro de uno de mis profesores más admirados del máster, Miguel Ángel Díaz, donde expresa sin tapujos los aprendizajes en la sala de terapia intensiva de un hospital y su crecimiento postraumático. Tomo una decisión: tengo la mañana del día siguiente libre, me armo de valor, me atrevo a visitarlo y darle un fuerte abrazo. Seguro estoy preparado para aplicar todo lo aprendido.

Mi propósito sucedió como visita de doctor (muy poco tiempo, pero efectivo y afectivo). Llega la despedida con una extraña sensación de emociones, con la certeza de que no hay palabras mágicas frente a un cuadro de diagnóstico grave, para el cual no es aconsejable limitar las expresiones de tristeza del paciente y de uno mismo. Las emociones son parte de la vida y hay que vivirlas y manejarlas a nuestro favor.

En el taxi de regreso, mientras me regalo mi propia autocontención, reflexiono la importancia de aterrizar en la realidad. Esta me ubica en que mi amigo tiene una enfermedad, pero a la vez es esperanzadora, me dice que existe un tratamiento que lo ayudará a superarla, que está en las mejores manos en el plano médico y espiritual. Hay lógica en que, después de conocer el diagnóstico, viva un proceso adaptativo acompañado de tristeza, pero confiando en que el tiempo apoye a su mente y corazón a lograr un crecimiento postraumático. La sensación es extraña y hasta contradictoria, es posible que tú ya la hayas experimentado por la frecuencia con la que suceden diagnósticos de este tipo, por eso me decidí a compartirla dentro de mi columna La Fórmula de la Felicidad.

Recuerda, tenemos una red de apoyo muy fuerte en mi pagina LicOscarGarciaCoach, seguimos en contacto.

 

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