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Columna semanal
La Fórmula de la Felicidad: Urge generar confianza
Para valorar y practicar el juramento de Hipócrates
Óscar García
17/08/2019
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El fin de semana pasado sucedieron algunos hechos que me regalaron comportamientos que me llevaron a una profunda reflexión.

Varias columnas hemos dedicado al sector salud por la importancia que tiene nuestra salud física y emocional, pero también porque cuando nos sentimos mal o experimentamos un accidente, nuestro mundo emocional se enfoca a los sentimientos que nos regalan una afectividad no deseada, donde el miedo y la tristeza pueden tener preponderancia.

Esta vez no fue la excepción, un colaborador y amigo sufre un accidente el sábado por la noche, iniciando así su peregrinar para obtener una correcta atención médica. Por instinto, y acompañado por el desconocimiento de la ciudad, menos de tres meses residiendo aquí, busca la clínica del Seguro Social que les corresponde. La respuesta, ustedes ya la conocen: “Haz una cita con tu médico familiar para ver si tienes la suerte de ser atendido la próxima semana”.

Al contar con seguro de gastos médicos mayores por parte de la universidad, llega a una clínica particular, donde inmediatamente le toman placas y las interpretan con un primer diagnóstico: requiere intervención quirúrgica porque presenta fractura de peroné. Hasta ese momento, todo fluía de acuerdo con la “normalidad”. El reto fue encontrar al especialista que tendría que validar el diagnóstico y hacer la intervención de ser necesario.

Las 11 de la noche del sábado no es el mejor horario para encontrar un médico disponible y que además forme parte de la red de médicos de la aseguradora. Pasaron casi 12 horas en lograr el objetivo, en ese lapso, dos especialistas nos dijeron que ellos podían visitarlo, siempre y cuando se garantizara que el pago fuera en efectivo, implicando un desembolso muy importante por parte del accidentado.

Por suerte, estaba de visita cuando se presenta el tan buscado médico de la red. Con la intención de transmitir lo experimentado, narro algunos momentos interesantes de la intervención:

Llega una persona con apariencia de recién levantada (eran ya las11:30 de la mañana), saludo parco, toma el sobre que contiene las placas, de espalda al paciente, las interpreta, se da la vuelta y le dice: “¿Ya sabe que ocupa operación? Pues vamos a operar”. La cara de mi amigo estaba desencajada.

Como diría mi madre: “regresó el alma al cuerpo” para responder su edad a pregunta expresa del médico, afortunadamente le garantizó que con 34 años es joven y que los preoperatorios salieron muy bien, jaja. Procede a afirmar que conseguirá lo necesario para intervenir inmediatamente.

Mi mirada se enfocó en la cara de angustia de la esposa, quien con palabras cautelosas le dice: “Doctor, ¿qué tipo de anestesia le aplicarán?” Con cara de ansiedad, le responde con las dos alternativas que existen para esta intervención. Contenido en mi sorpresa, opté por preguntar la duración de la intervención, quizás con la intención de que la visita se extendiera a tres minutos.

Al salir nuestra “visita de doctor” de la habitación, la cara de los tres fue de “silencio dudoso”. Opto por salir y hacer llamadas a mis conocidos médicos para pedir referencias. Todas, pero todas, fueron de “excelente médico, muy seco”. Justificaban su comportamiento al tipo de educación que recibió en su formación, pero todos lo recomendaron ampliamente. Con alegría comuniqué a mis amigos la buena noticia, tratando de disminuir su ansiedad ante los eventos que están por experimentar.

Al subir a mi coche, me quedo con una gran inquietud, ¿seguirá vigente en este mundo volátil, ambiguo y completo el juramento de Hipócrates de hace más de 2 mil años? Esta declaración se basa en las características del médico para lograr una interrelación sana, visualizando que demanda cuatro cualidades fundamentales: conocimientos, sabiduría, humanidad y probidad.

Interpretando ese juramento, implica comportamientos como saber ponerse en el lugar del otro, empatizar para sentir como él o ella, y la más retadora, la disposición para ayudarle cuando enfrenta dificultades.

Puedo asumir el reto en su aplicación de los médicos que atienden a un excedido número de pacientes en el sector público, ¿pero en el sector privado? No cobran cinco pesos, ¿me explico?

Hay muchos estudios de psicología positiva que demuestran que la actitud empática del médico hacia el paciente hace posible el respeto y la dignidad de la relación médico-paciente. Es importante que se ponga en el lugar del enfermo, en su piel y vea con sus ojos. Recuerdo la frase de Miguel de Unamuno: “Hay que estar con el enfermo sin ser el enfermo”. La empatía ayuda al médico a imaginar y a comprender lo que el paciente está sintiendo, siendo la mejor forma de apoyarlo en su proceso de recuperación.

Son detalles tan sencillos, tales como saludar, presentarse y preguntar al paciente qué le pasa, una actitud cordial y tranquila, sonreír con sinceridad, practicar una escucha activa para estar atento a las inquietudes de los pacientes y entender su personalidad, explicar lo necesario de un modo inteligible, evitar al máximo el uso de los tecnicismos y algo tan simple como llamar al paciente por su nombre. En el mundo de tecnología y las máquinas, los seres humanos seguimos siendo seres humanos; nos urge comprender que ahí está el principio de la confianza y esta es básica en los procesos de salud.

Seguimos conectados a través de mi pagina Oscar Garcia Coach, @LicOscarGarciaCoach.

 

 

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