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Mazatlán
La Fórmula de la Felicidad:Lo que me choca, ¿me checa?
Columna semanal
Óscar García
06/06/2020
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Foto: Noroeste

Estoy intensamente interesado analizando los resultados de las encuestas de lo que fue la primera temporada de “Platicando en tiempos de Covid 19”, superan mis expectativas. Definitivamente, la parte cuantitativa del análisis es muy motivante, pero hay una labor más demandante: atender los mensajes privados de los seguidores, donde expresan con mayor libertad sus emociones, sentimientos y estados de ánimo.

Además de canalizar los casos que se presentan, disfruto atender y hacer dos o tres llamadas de apoyo, buscando mantenerme activo y sensible en la práctica de las intervenciones breves, con una buena dosis de contención. Revisando la bitácora, observo que esta semana que termina se presenta recurrencia en una situación que a muchos nos ha sucedido y que mi Amá resumía en un refrán muy de ella: “Lo qué me choca, ¿me checa?”.

El primer caso con el que tengo contacto es un ejemplo claro de “adoptar la apariencia, comportamientos y actitudes de los seres u objetos del entorno que vivimos”. El reto es cuando esa adopción la hacemos de lo que más nos molesta de las personas con las que compartimos nuestra vida. En otras palabras, lo que más “gordo me cae” de papá o mamá yo lo repito, pero ni cuenta me doy.

Y más choca cuando escuchamos esa voz interna que nos afirma que, cuando eso nos sucede, una buena alternativa es revisar qué parte de mi propia personalidad no he resuelto y que, cuando lo veo reflejado en otra persona, casi de inmediato me genera un sentimiento de rechazo.

Con profundo resentimiento, el solicitante de apoyo cuestionaba los comportamientos no deseados de su padre, incluso llegando en su rabia a culparlo de las “decisiones equivocadas” que ha tomado en su vida. ¿Se imaginan qué tamaño de reto regalarle una mirada donde se haga cargo a sus 40 años de sus decisiones? La conversación se extendió por la obsesión de culpar a su progenitor de sus fracasos, incluso hasta de la adquisición de sus mismos “vicios”.

En los estudios del comportamiento humano se considera a este evento como proyección psicológica, definiéndolo como el mecanismo de defensa más común, tanto, que constantemente escuchamos el típico: “¡No te proyectes!”.

Si hacemos uso de nuestra buena memoria, recordaremos que muchas veces hemos experimentado la sensación de que no soportamos la forma de ser de otra persona. Así como hemos recurrido al incomodo habito de vivir señalando los errores ajenos, aunque en el fondo nos cuesta admitir, que tal vez (y sólo tal vez) también los padecemos o no sabemos gestionarlos.

El segundo caso, es la típica situación de ansiedad por la falta de capacidad de gestionar emociones, adoptando posturas de víctima porque resulta que “ya no me puede parecer antipático alguien sin que tenga recurrir al psicólogo”. Es un conflicto del Yo y los “malditos traumas de la niñez”. “Me choca que me comparen, pero es lo que mejor hace mi madre”, es una aseveración constante del intervenido. Después de la indagación y su validación de quiebre, logra asumir que es él quien más se comparaba, que a sus 25 años tiene una tremenda necesidad de reconocimiento, y vive luchando con sus fantasmas queriendo acelerar su proceso al éxito, “para demostrarle a otros su verdadera valía”.

¿No hemos aprendido el nivel de insatisfacción que se experimenta cuando vivimos para dar gusto a otros? ¿Son insuficientes las investigaciones que demuestran que el nivel de frustración y estrés que se experimenta nos puede llevar hasta la enfermedad?

Cuando lo que buscamos o lo que hacemos no lleva un fin auténtico, un objetivo social sólido, se convierte en un sonido hueco que no nos inspira a levantarnos llenos de energía todos los días por la mañana. No da sentido vital.

¿Tú has experimentado esa extraña sensación de “Lo que te choca te checa”? Tómalo como una promesa, muy pronto exploraremos con mayor profundidad este tema. En la espera te invito a seguir conectado a través de mi página @LicOscarGarciaCoach.

 

 

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