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COLUMNA
Las Alas de Titika: A un año, Javier
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María Julia Hidalgo
19/05/2018
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Foto: Internet

“…¿y los niños? ¿Dónde están los niños? ¿Qué les duele?, qué rabia incuban, qué chingados saldrá de su resentimiento? ¿Cuánto dolor hace falta para pensar en los niños? En los desamparados que quedaron sin amor ni esperanza, ¿quién arrulla a esos niños? ¿A quién le duelen, de verdad, los huérfanos?”, fragmento de Huérfanos del narco

A un año de ver tu sombrero en el suelo http://www.noroeste.com.mx/publicaciones/view/alas-de-titika-javier-1083674 he conocido más sobre tu trabajo, he asistido a tus homenajes, he leído muchas de tus historias. En el primer gran homenaje que te organizó el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ), el 15 de julio, 2017, en ciudad de México, vi los rostros afectados de tu familia, amigos y colegas. Allí conocí a María y a Mirna, dos madres de “Las rastreadoras”; contaron cómo te conocieron y cómo las ayudaste: “Él nos puso las rastreadoras, porque dijo que buscábamos a nuestros hijos con las uñas”. Abrazaste a esas madres, les diste confianza y lograste que todos voltearan a ver lo que habían perdido y cómo removían la tierra para rastrearlo. Le diste rostro, nombre y apellido a los muertos.

“…tengo que escribir lo que veo y lo que escucho, tengo que levantar la voz para que sepan que el narco es una plaga, un devorador que traga niños y mujeres, devora ilusiones y familias enteras. Tengo que decirlo, con miedo y coraje, indignación y tristeza… Por eso tengo que escribir, tratar de rescatar la voz de tantas personas hundidas en la desesperación y una esperanza enferma”, fragmento de Con una granada en la boca

Ese 15 de julio, la voz de María y Mirna salía entrecortada, era evidente el dolor de tu partida; de nuevo su desamparo. Mientras hablaban de la ausencia de los suyos, del tiempo que llevan buscándolos, de lo difícil que ha sido, de los huérfanos que dejaron…, yo observaba a uno de ellos; un niño de unos 8 años entre un mundo de adultos, con sus ojitos llenos de lágrimas. Su abuela hablada del padre y me pregunté qué tantos recuerdos habría en su cabeza y cómo vivía con su padre desaparecido. De pronto leyeron algo que escribiste sobre una niña que preguntaba que cuándo volvería su padre de Desaparecido; a fuerza de escuchar que estaba desaparecido, ella pensaba que era un lugar y que pronto regresaría.

“Recojo en este libro una serie de testimonios sobre seres humanos que  han secado todas sus lágrimas y aún en la más miserable de las condiciones escarban en la tierra seca para encontrar a sus desaparecidos; hombres y mujeres que ya no sueñan, ni duermen, pues su vida es una pesadilla cotidiana; muchos dejaron sus casas, otros nunca las han tenido, para unos cuantos el hogar es una burla y sólo la noche y sus misterios les permite acomodarse para rezongar su llanto, su encabronamiento”, fragmento de Con una granada en la boca

Esa tarde de homenaje la mirada del niño me llevó a pensar en todas las historias que has escrito sobre los huérfanos que han sido desplazado, que han tenido que cambiar de lugar sin entender mucho lo que pasa, que les dicen cosas que ellos no entienden, que además se burlan de ellos porque sus padres están desaparecidos, que no lloran mucho para que sus madres y abuelas no estén más tristes. Quiero contante, Javier, que conocí a Iñaky, a su madre Brenda y a su abuela Juana, a través tuyo. Leí esa historia donde Juana le dice a Iñaky que llora porque le cayó una basurita en el ojo; no sabe cómo explicarle a su nieto que Brenda nunca volverá; cómo podría decirle eso, si el niño abraza la foto de su madre y dice que es una princesa y que sabe que pronto volverá. Del libro Huérfanos del narco

 Gracias por contarnos sobre la brutalidad de la que somos capaces. Gracias por haber caminado al lado de esas madres, de sus hijos y por mostrarnos sus vidas, aunque en eso te fuera la tuya. A un año, tú no moriste contigo, Javier.

 

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