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OPINIÓN
Las alas de Titika: ¿Brujas o princesas?
Porque amo ser bruja, al diablo las princesas, dijo eso y empezó un solitario aquelarre
María Julia Hidalgo
08/12/2019
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Foto: Cortesía

"Porque amo ser bruja, al diablo las princesas", dijo eso y empezó un solitario aquelarre. “Mujer-loba, salvaje. No soy mujer-madre. No quiero cuidar a nadie, quiero ser libre". Se enteró de que una tal Titika escribió una historia de princesas. Estaba fúrica, "cómo se atreve", pero apenas llegó a su casa, temblaba de miedo; su ex le había dicho que se daría un tiro en la cabeza si no volvía con él. Ella que siempre se había rebelado contra sus padres, ahora un tipo en el que había confiado, de quien se había enamorado, la estaba manipulando, ¿amenazando? A quién le importan las princesas si por ser una de ellas ese xenofóbico estaba a punto de destrozarle la vida. Le había dicho que la culpa era de ella por ser morena y tener esas costumbres. ¿? Le escupió su origen racial y la humilló. Cómo podía ser tan descarada de sentirse hermosa y realizada; de lucir su belleza, su juventud, pero sobre todo, cómo se había atrevido a dejarlo, !dejarlo a él!

No sabía cómo —seguro algo grave pasó—, sí, se atrevió. Lo dejó. Pero, cómo esa Titika se atribuye a escribirle una historia de Princesa. Si todo eso ha pasado, justo, por tener buenos modales y no mentarles la madre a tiempo a esos que le avientan piropos en la calle y tienen el descaro de decirle cosas sabrosas. “¿Quién le dijo que me enorgullece que me enfile entre ellas?”, estaba harta de eso, de escuchar palabras dulces, cuando en la calle la destrozaban. Ahora ese loco la tenía aterrada. Su historia de bruja ya no le estaba funcionando. Alguien le había dicho que no podía hacer nada, pues no tenía pruebas de que él la maltrataba ¿No era suficiente su palabra, su miedo? ¿Tanto hemos mentido, que cuando aparece el lobo ya nadie nos salva? "Yo te creo", le dijo alguien. La abrazó. La acompañó.

Lejos, en un lugar apartado del mundo, alguien cantaba algo para ella. Quizá el efecto mariposa, ese que todo lo toca, que provoca huracanes, llegó a sus oídos y, entre sueños, escuchó: "Suéltate, detrás de ti hay un colchón que espera ansioso tu caída. Déjate confiada en los brazos del dolor, que el tiempo cura heridas. Algo va volando sobre ti, yo no sé que es, pero va buscando que te montes en él, deja que te lleve, deja que te eleve y vuelve a nacer. Suéltate el silencio abraza tu temor y cuida de tu alivio… deja que te lleve, deja que te eleve y vuelve a nacer… deja, déjate caer". Despertó y pensó en el Fájur, el dragón gigante de Fantasía. Algo pasó…

Sola en la playa, recordaba el mal momento… caminó por la arena, se soltó el cabello, desnudó su cuerpo, sintió el aire, transpiró el veneno, exudó la maldad. Se sintió. Estaba salvaba. Le dolía la precariedad vivida. No supo en qué momento permitió la culpa…¿Esconder su esplendor?, ¿su apogeo?, al punto de extinguirse, de apagarse. Todo había pasado. Nunca más escondería su hermosura, “la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni como vestía". Quizo girar envuelta en un vaporoso vestido. Nunca más maltratarían su existencia. Nunca en una vitrina. Jamás paralizada. Solemne sonrió.

Comentarios: majuliahl@gmail.com

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josé leonides alfaro bedoy
MaJulia. Estupenda historia. El asesino de mujeres siempre está al acecho, y cualquier pretexto le es suficiente para dar el zarpaso. Las historias que se cuentan, en su mayoría dejan en claro el débil y a la vez el terrible cebrero del salvaje que deja en libertad su sadismo, su brutalidad. Es importante se cuenten historias que demuestren que existen mujeres que saben cómo defenderse de tanto animal. Abrazos cordiales.
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