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COLUMNA
Las alas de Titika: Fervoroso septiembre
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María Julia Hidalgo
15/09/2018 | 3:13 PM
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Foto: Cortesía

Frenético. Así toca su guitarra. Parece que sabe lo que hace, lo que pasa, lo que sigue para él. ¿Fervor patrio?, qué es eso. ¿Patria chica? él no tiene naciones, sólo trae un fervor por dentro. A su alrededor se habla de que miles murieron un 11 de septiembre y de que se prepara un gran memorial; algo así como un homenaje donde llevarán flores y guardarán silencio…él lo ignora, toca sin tregua, sólo sabe de pájaros que se estrellan en las ventanas. Otros caminan sigilosos, parece que tienen presente que éste es el mes cuando se sacude la tierra; no quieren que se llegue el 19, les duele pensarlo. Él lo ignora; sus dedos rasgan las cuerdas con más fuerza y su vista al suelo ve los pasos cansados de los padres; algo sabe de que perdieron 43 hijos, un 26 de septiembre. ¿También su padre perdió uno? Las cuentas no le salen y a su sombrero llegan pocas monedas.

Su madre está enfrente, él no la ve pero la siente. Ella no sabe, pero él le toca. Le canta. Le grita con sus manos, con su cuerpo, con su voz aguda y reseca. Ella no lo escucha por más que él le grite. Los transeúntes los separan, no permiten que se vean el uno al otro. Él se dobla y sacude su cuerpo, se incorpora y agranda sus ojos, estira su enjuta figura y se entona más fuerte; piensa en ella, en que hoy en su cumpleaños y en que nunca han partido un pastel. Ella no se inmuta no se conmueve no busca su mirada. Él lo sabe, pero insiste. Quiere provocarla, moverla, asustarla. Los cuerpos se amontonan y la barrera crece. Lo miran y dudan. Quieren cuestionarlo, saber, gritar como él, pero no lo hacen; callan, gritarán el 15. Otra vez los números, él sí sabe de eso y el sombrero sigue igual.

La efeméride sigue presente en su calle; esa marca tricolor ondea más que su música y consigue que los paseantes imperturbables se desplacen de un lado a otro. Las vitrinas lo provocan; le exhiben los chiles bañados de crema, adornados con semillas rojas y miniaturas  verdes. Él no para y no lo entiende; debe seguir y canta más fuerte. Ignora a esa mujer que está frente a él y que no encontró zapatos rojos para honrar a su hermana; para cumplirle su última voluntad. Qué sabe él de que en septiembre pasado esa hermana murió aplastada y descalzada y de que ella no podía dejarla partir sin calzarle sus zapatos. A él no le conmueve, apenas tuvo un par hace unas semanas. La mujer no deja de mirarlo y ha decidido que ahora él también tendrá esa marca septembrina. Él deshecha las marcas, no las conoce; cómo podría con lo que lleva en su sombrero.

Su encuentro paralizó el festejo. Su agitación desplazó la nogada y cualquier atraque tricolor. Su infantil exalto enrareció más estos días en los que la tierra tiembla, los aviones se estrellan, las lluvias paralizan, los jóvenes desaparecen, los estudiantes exigen, los presidentes cambian, las madres festejan…su orfandad es tan expuesta que te inmoviliza cuando escuchas su grito. Él siguió ignorándolo todo, yo no pude más que aguantarle la mirada.

 Comentarios: majuliahl@gmail.com

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