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LAS ALAS DE TITIKA
Las Alas de Titika: Madiba
Nelson Mandela siempre lució transparente y en franca armonía, con la tranquilidad y serenidad de quien hace lo correcto
María Julia Hidalgo
20/07/2019 | 12:08 AM
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Foto: Cortesía

Un rostro como el de él poco vemos en estos días. Siempre lució transparente y en franca armonía, con la tranquilidad y serenidad de quien hace lo correcto, de quien confía, de quien creen en la bondad y lucha por ella. De quien muestra esperanza y da paciencia. Un ser que rehuyó a la violencia y encontró otras vías para dar fe y para hacerse escuchar en todo el mundo. Cuando pensamos que no hay otros caminos y todo el entorno nos arrastra al ruido ensordecedor de lo grotesco e impune, baste ver un rostro como el de Nelson Mandela para continuar cada día y para seguir creyendo.

El 18 de julio habría cumplido 101 años, pero un 5 de diciembre, los medios del mundo anunciaron su muerte. Murió en ese mes que a todos trae ilusión, esos días del año en lo que todo se antoja posible. Un tiempo de gracia para que el recuerdo de su existencia permanezca en los días difíciles donde la muerte sorprende cruda y sañosa, donde la vida se interrumpe tontamente por ambiciones viles y perversas. A la edad de 95 años Mandela pudo ver mucho de todo y también vivir en carne propia la crueldad y la injusticia; no por ello se dobló, no por ello su firme voluntad se apagó.

Nelson Rolihlahla Mandela nació y murió en Sudáfrica, ese país de contrastes que tuvo en él a su primer presidente negro. A los 46 años fue encarcelado, acusado de sabotaje y sentenciado, en un segundo juicio, a cadena perpetua. En 1990 recuperó su libertad, después de 27 años en prisión, mismos que cumplió en más de 10 prisiones diferentes. Tres años después recibe, junto con Frederik Willem, el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el apartheid. En 1994 se llevaron a cabo las primeras votaciones democráticas, donde los sudafricanos negros pudieron votar por primera vez y con ello, Mandela, llega a la presidencia de Sudáfrica.

Reconocido en todo el mundo como un símbolo de libertad, justicia y dignidad humana, al dejar la presidencia de su país se convirtió en el embajador sudafricano de más alto perfil. Un hombre humilde que luchó por el derecho e igualdad de los negros y que, pese a que fue encarcelado y juzgado injustamente, en su autobiografía El camino a la libertad, donde relata su vida en cautiverio, no se revela siquiera amargura ni resentimiento.

El nombre de Mandela se escribe en muchos lugares, lo mismo en el cine, en los deportes, en la vida política, en las universidades, en las condecoraciones, en los libros, en la historia y en el corazón de muchos. Así como muchos son los biógrafos que han seguido su vida, son ellos quienes nos hacen saber que fue precisamente en sus años de reclusión donde se definió su carácter y tal encierro se convirtió en escuela de formación moral, cultural, académica y física.

En la prisión con Mandela se creó un ambiente intelectual que alcanzó a muchos presos, incluso a los custodios. Madiba, nombre que le dio su clan en señal de respeto y de honor, recuperó su libertad y olvidó el nombre de quienes lo mantuvieron preso. El ojo por ojo, que bien domina nuestros tiempos, en él sólo fue, pagar los males con los bienes, una enseñanza que suena a antaño y que en él se queda con su sonrisa.

Geográficamente, Sudáfrica es un país que se aprecia lejano y del que podríamos tener vagas referencias —allí triunfó Sixto Rodríguez— sin embargo un nombre que debe estar siempre presente y no olvidarse con el paso de los años es el nombre, el rostro y la grandeza de Madiba, Nelson Rolihlahla Mandela; que en su nombre sobreviva la buena voluntad y el respecto por la vida.

Comentarios: majuliahl@gmail.com

 

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josé leonides alfaro bedoy
MaJulia. Gracias por hacer referencia a este gran dirigente: Nelson Mandela, ahora y siempre será un referente muy importante para intentar hacer entender, a todos aquellos que usan la violencia como medio para imponerse. En nuestra América Latina, particularmente en México, la imposición de la fuerza ha sido por demás trágica, abusadora, asesina, se le pueden endilgar todos los adjetivos atroces y apenas sirven para afirmar que hemos sufrido una larga fila de gobernantes, asesinos sin escrúpulos, salvo muy raras excepciones con algo de humanismo.
Por fortuna hoy, AMLO se está esforzando por extirpar la corrupción, médula de nuestros males; importante es que pongamos nuestra part
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