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COLUMNA
LAS ALAS DE TITIKA: Princesa Kassandra, IX
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María Julia Hidalgo
21/11/2020
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Foto: Cortesía

Había una vez… como hermosas mariposas las bellas criaturas despliegan sus alas para sentir la tersa frescura del viento; vuelan y no queda más que regocijarse al verlas milagrosamente perfectas; cada cual en su propio reino. Así de sublime, triunfal, aparece la princesa Kassandra.

De pronto, algo la turba, trastabilla, se debilita. Terribles huracanes retuercen su rumbo y pretenden desplomarla. Imposible. Toda su estirpe se aguza. Se extendieron las probóscides. Se alertaron los omatidios. Se lanzaron las señales. La princesa escuchó el llamado, cerró los ojos y se dejó guiar por tu noble corazón. Nadie sabe cómo lo hizo, pero pudo salvarse.

Dejó de ser la crisálida desfigurada y sin voluntad en la que se estaba convirtiendo; su ángel dice que hasta llegó a escuchar el silencio de la muerte. Tembló. Se paralizó. Se abrazó a los árboles. Alguien más dijo: le llovió. Logró atravesar el pantano de la tristeza, salir del abismo profundo, atravesar las tres puertas mágicas, vencer los cuatro gigantes del viento, la selva nocturna, librar la muerte multicolor, encontrar la puerta de haz lo que quieras y, por último, logró saber quién habitaba en la casa del cambio. Allí se quedó, calladita, susurrando al silencio.

Todo para escuchar que debía encontrar el camino de su Verdadera voluntad; aquel que cuanto más se quiere más se cierra, pero cuando alguien logra olvidar sus intenciones y no querer nada, y perder el miedo, y sentir la vida, la puerta se abre sola para dar más a su nuevo visitante. El tiempo se cumplió. Fue expulsada del torbellino. Dando piruetas y recuperando el equilibrio planeó utilizando todos sus poderes sensoriales y policromáticos; su llegada fue sosegada. Ella sabe que jamás estuvo sola.

Tortugas que hablan, duendes diminutos, trolls de tres cabezas, enanos barbudos, hadas luminosas, faunos de pies de cabra, mujercitas salvajes, sueños convertidos en frágiles estampas, flores gigantescas, esfinges que lloran y mariposas turbadas; seres de todo tipo son los que acudieron al llamado, querían salvarla a ella y al reino de las historias.

Ahora, la princesa Kassandra sabe que en el laberinto de Haz lo que quieras se encuentra el más peligroso de todos los caminos, aquel que llevará a conocer la verdadera voluntad y donde en ningún otro es más fácil perderse para siempre.

Aliviada, se palpa, vuelve a sentirse, algo descubre. Su hada le dijo: “la reina madre voló a tu lado. Siempre a tu lado”. Miró a su alrededor y todas sus hermanas cuidaban de ella. Vivió por primera vez el deslumbrante efecto mariposa. Tomó aire y sonrió. Y colorín colorado…

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