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Las alas de Titika: ¿Soy lo que quieren?
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María Julia Hidalgo López
09/02/2018 | 2:56 PM
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Foto: Internet

¿Cuál es la clave para el éxito?, el hambre, respondió contundente. Sonreí. Su inexpresión cambió mi gesto. Ignoré lo boba que me sentí y empecé a observarlo mientras tomaba mi café. Detrás de la barra, él no se distraía. Despachaba a un grupo de jóvenes que pedían mezclas especiales: café turco a mano, cortado doble crema, espuma doble endulzada... ¿acaso era experto? Sus movimientos diestros que me hicieron pensar que provenía de familias cafetaleras. “Tengo siete años en esto y aquí están los premios que he ganado”, señaló la pared que resguardaba la impecable cafetera enmarcada con fotografías de chefs famosos que han pasado por allí.

¿Veracruzano?, ¿chiapaneco? No, no creció en tierras aromáticas, ni es un hipster con oficio de moda; más bien es un tipo parco sin pinta de barista que ha preparado el mejor café que he probado en la ciudad. “Soy de Tepito”, dijo finalmente, dicho esto mi morbo creció. Me invadieron los prejuicios de manera instantánea; manía la mía de ponerle cara a los lugares, de colgarle oficios a los rumbos, de etiquetar a los personajes. Tepito: peligro: Tepito violencia, delincuencia, piratería, agandalle; Tepito peligro... pasé un trago de café como queriendo ahogar los pensamientos para que él no los viera. Qué chasco que descubriera lo que soy. Unos minutos le habrían bastado para derribar lo que aparento y se diera cuenta que estoy llena de prejuicios. “De Tepito”, le dije afirmando con un movimiento de cabeza.

Sí, quisiera ser lo que parezco, pero no lo soy. Trabajo duro desde que amanece el día. Aprendí a hacer café porque eso me presentó la vida, tengo clientes en varios lugares del mundo que venden y toman mi café. Trato de ser cordial con ellos, de que tengan una buena experiencia con la taza y la mezcla. Cumplo con las reglas del lugar, mantengo limpio mi espacio, no obstruyo el de los demás, me conduzco con prudencia y respeto, pago mis cuotas, cumplo los horarios. Parece que todo es inútil; los colegas del mercado son hostiles conmigo. Nada de lo que hago cuenta. Decidieron que soy de tal o cual manera apenas supieron que soy de Tepito. A veces quisiera realmente ser lo que parezco y responder como esperan, pero no puedo, no soy lo que ellos quieren. Para ellos sólo puedo ser un delincuente. ¿Sabe lo que es vivir con eso?

El tipo hablaba y yo tragaba saliva. Todo me lo escupía en mi propia cara. Yo era una cretina más que lo había etiquetado, acorralado a una vida defensiva y precaria; una más que lo había despreciado. Pese a todos, él defendía su derecho a existir; casi como un perro que defiende su instinto carnal pese a la perrera que lo quiere domesticar. Él hablaba y yo recordaba el mal tiempo que había vivido cuando otros igual habían decidido que mi única condición era la de cocinar y lavar platos. Bebía mi café y lo escuchaba.

Quiero pensar que algunos me aprueban. Que ven en mí a una persona amigable que como cualquier otra lucha por la vida. Que mi aspecto no tiene nada extraordinario, salvo un minúsculo tatuaje de corazón en mi antebrazo -nada comparado con los que se tatúan ahora- Tengo una esposa y una hija que en ocasiones me acompañan en la jornada. Me digo que mi fisonomía no tiene mala pinta. Que parezco ser una persona decente y educada -sin haber ido a la escuela-. Imagino que mis acciones responden por mí y que por un momento olvidan que soy de Tepito. Pero no, ellos han decidido lo que soy... ¿y si tuvieran razón?

A veces me da por pensar que en verdad no soy lo que ven y mucho menos lo que parezco. Quizá no soy razonable y pierdo la cordura fácilmente. Igual aparento necesitar este trabajo. Puede que sea un ser ignorante que no valora la belleza... pero, cómo explicar que crecí en la austeridad y eso me enseñó a no alterar mis instintos...

Sin duda un café peculiar. Entendí por qué llegan a él personas de todo tipo: una mezcla sin poses que deja buen sabor.

Comentarios: majuliahl@gmail.com

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