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HURACÁN ISMAEL
Lolita no se olvida de su hijo José Antonio
Ese día salió de su casa y le dijo a su madre: “no cuente con que voy a volver”.
Sibely Cañedo
15/09/2019
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Foto: Rafael Villalba

Era 10 de septiembre de 1995. José Antonio Corral Villela, de 27 años, estaba a punto de embarcarse para otro viaje de pesca de camarón. Tenía tres años de pescador, una hija pequeña y una mamá que lo guardaría por siempre en su corazón.

Cuatro días después, sus hermanos lo buscarían hasta el cansancio cuando el embate del huracán Ismael se convirtió en noticia nacional y cientos de tripulantes de los camaroneros se encontraban en medio del Océano Pacífico, recibiendo la furia de la tormenta. Diez días después hallaron sus restos en Topolobampo, a diferencia de muchos que seguían desaparecidos.

— ¿Y eso? ¿Por qué lo dices?, preguntó la mamá.

—Porque yo lo presiento, contestó su hijo.

—No digas eso. Tienes que venir a dejarme unos camarones.

Dolores Villela todavía recuerda el último día que platicó con su hijo. Partió con la esperanza de una próspera temporada. Pero en el fondo, presentía su destino.

Doña Lolita es el pilar de una de las familias que perdieron a un ser querido durante el azote de “Ismael”, que alcanzó categoría de huracán ese 14 de septiembre hace 24 años.

Siempre será recordado como una de las peores tragedias para la gente de mar en nuestro país. Y no se diga en la memoria colectiva del puerto de Mazatlán, donde 33 hombres perdieron la vida.

El tiempo ha pasado. Lolita llegó a los 89 años. Tiene canas y el rostro arrugado. Se apoya con una andadera. Pero no olvida. Desde entonces, relata, carga con un sufrimiento que no la abandona.

Para ella, septiembre es el tiempo en que los recuerdos se le acumulan.

“Lo sufro el 10 porque ese día salió de la casa, lo sufro el 14 porque ese día lo perdimos, pero todo este mes para mí es sufrimiento, todo el mes lo sueño”, dice con tristeza, mientras sus ojos se ponen brillantes y miran hacia el cielo.

“Creo que ya pronto voy a estar con él, pero aquí todavía tengo siete hijos, mis nietos y hasta bisnietos”, relata.

Y a punto de iniciar una nueva zafra camaronera, doña Lolita espera la partida de otro de sus “retoños”: Jaime, de 42 años, de oficio pescador, por lo que no deja de hacer oración por su seguridad.

Aunque hoy, aseguran los mandos de la Marina y de la Capitanía de Puerto, las cosas son muy diferentes.

Huracán Ismael es el hito que marcó un antes y un después en la cultura de la prevención y en los esfuerzos para la salvaguarda de la vida humana en aguas marinas.

Los sistemas de geolocalización de embarcaciones y los sistemas de monitoreo de fenómenos meteorológicos han propiciado, en parte, la no repetición de esta desgracia.

Ayer, se cumplió el ritual en que familiares de pescadores caídos se reunieron junto a la Virgen de La Puntilla para rendirles un homenaje.

Junto a doña Lolita, hermanas, padres, hijos e hijas de aquellos hombres los recordaron como héroes, como quienes arriesgan su seguridad para buscar el bienestar de los suyos, sin importar el riesgo de no regresar.

 

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