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Los Reyes Magos reparten miles de regalos
Cumple Noroeste 14 años llevando felicidad a miles de niños, gracias a sus lectores.
Netzahualcoyotl Ceballos
07/01/2008 | 00:00 AM
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Incluso casi llegó a las lágrimas, pero todavía a medio día tenía la esperanza de que llegaran a la Colonia Manuel J. Clouthier.
José Carlos Vidrio es un niño de no más de diez años que vive en este asentamiento, donde las casas son de madera y lámina, ubicado a un costado del Estero del Infiernillo.
"¿Y los reyes, mamá?, ¿no van a venir?", preguntaba el niño a su madre, "tienen que venir, yo sé que sí".
Y por fin, no en camellos ni elefantes pero sí en camionetas cargadas de juguetes, los reyes magos hicieron su presencia.
La Colonia Manuel J. Clouthier fue la penúltima en ver a los Reyes Magos, pero desde las primeras horas del alba recorrieron colonias como la Flores Magón, Demetrio Valle, La Sirena, Universo y otras clasificadas como marginadas.
Balones, muñecos, peluches, carritos, bicicletas... todo lo donado por los lectores de Noroeste durante un largo mes, fue entregado a manos de infantes que esperaban este día para recibir un juguete.
En colonias de tierra, donde no se conoce el pavimento, los niños correteaban descalzos la caravana de los Reyes Magos cuando aparecían en su colonia, sin importar correr sobre piedras o lodo. Todo por conseguir un buen juguete.
Otros más diestros corrían mientras gritaban "¡Un juguete, pásenme un juguete!", cuando apenas se llegaba a una colonia.
Algunos niños más grandes optaban por cargar en brazos a los niños más pequeños para hacer menos tiempo y llegar temprano a la repartición de regalos, y que los Reyes Magos no se olvidaran de ellos, como pasó con Santo Clos en Navidad.
Esas escenas se vivieron más fuertes en colonias como la Felicidad y Jardines del Valle, donde se entregaron decenas y decenas de juguetes, y donde al final quedaron decenas y decenas de sonrisas.
Lauro y Leonardo son dos niños que no pasan de los seis años, viven en la colonia Jardines del Valle y llegaron solos y de la mano a pedir regalos.
En la Colonia La Sirena un niño había pedido regalos a los Reyes Magos, pero por la pobreza en la que viven pensaron seguramente Melchor, Gaspar y Baltazar no pisarían esas tierras.
Fue a las diez de la mañana cuando llegaron a entregarle un balón de futbol y unos muñecos que antes habían sido casi inalcanzables.
"Muchas gracias, ya me habían comprado los taquetes y ahora ya tengo un balón con qué jugar, muchas gracias", alcanzó a expresar el menor antes de ponerse a patear su balón nuevo.
Dentro de la Colonia Genaro Estrada se formaron dos largas hileras de padres que llevaron a sus hijos, de niños que llegaban solos, de ancianos en busca de un juguete para sus nietos, el juguete que por la pobreza no les pudieron comprar en Navidad.
"Muchas gracias por estos momentos, yo no le pude comprar nada a mi hijo y ahora ya va a tener con qué jugar, él estaba muy triste porque los otros niños tenían juguetes y él no", comentó Enrique Castro Peña, padre de familia que hacía fila.
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