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OPINIÓN: El proyecto de Quirino
Quirino Ordaz busca posicionarse en la percepción pública como el mejor gobernador priista del país
Adrián López Ortiz
22/11/2020
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Foto: Cortesía

Cada vez que se le pregunta sobre su futuro, el gobernador Quirino Ordaz responde con el presente. Su proyecto actual, dice, es “puro Sinaloa” y después, cuando termine su mandato, irse a su casa y sus negocios a vivir tranquilo. En consecuencia, la elección de 2021–insiste– no le interesa.

Ese es el discurso disciplinado del gobernador de Sinaloa, fiel a su formación en el estilo priista de Atlacomulco de siempre cuidar las formas y no confrontarse con nadie. Así lo ha hecho durante todo su gobierno. Pero en los hechos, la operación y la propaganda política del gobernador evidencian otra cosa: Quirino tiene proyecto nacional.

Voy primero con la propaganda. Sabedor de que su nombre se posiciona abismalmente más limpio que el de su antecesor, Mario López Valdez, en el imaginario público, e incluso mucho mejor que el de su partido, el PRI, el gobernador Ordaz Coppel creó la marca Puro Sinaloa para apuntalar los logros de su gestión. Yo la critiqué desde su lanzamiento porque me pareció simplona y hasta burda, pero subestimé la disciplina (y el dinero) con la que el aparato de gobierno estatal la ha apuntalado hasta volverla, como dicen los publicistas, un eslogan permanente.

Desde espectaculares, conciertos, spots... hasta menciones permanentes en redes sociales por parte del mismo gobernador, su esposa, secretarías, direcciones y coordinaciones, no hay difusión de evento de gobierno al que no lo acompañe el hashtag #PuroSinaloa y la mención a Quirino Ordaz.

Esa marca se ha construido con más de mil millones de pesos según cifras oficiales ya señaladas por diversos actores como el Congreso del Estado e Iniciativa Sinaloa desde la sociedad civil, pero he aquí el matiz: la mayor parte de ese dinero no ha ido a parar a medios y empresas locales, sino a medios nacionales y estrategias digitales. El argumento del gobernador es que ha sido para promocionar el estado y no su imagen; y sin negar la enorme inversión pública y la bonanza turística que ha vivido Mazatlán desde que el mazatleco gobierna el estado, en política no hay ingenuidades: ¿para que ponerle tanto dinero a medios nacionales si no existe un interés posterior?

Quirino Ordaz busca posicionarse en la percepción pública como el mejor gobernador priista del país. De terminar su gestión libre de escándalos mayores y ante el desprestigio nacional del PRI, esa posición no se antoja imposible. Lo que sin duda le abriría la puerta para aspirar a dirigir ese partido a nivel nacional en el futuro inmediato. Y luego, tal vez, aliado de los grandes empresarios con los que ahora teje relaciones, algo más grande...

En la política, Quirino terminó por sorprender a propios y extraños. Su formación técnica y su naturaleza empresarial hicieron que los grupos de poder tradicionales subestimaran su capacidad de operación y, como se dice en el argot, de tejer fino alianzas y proyectos. A cuatro años de mandato, tanto su equipo como sus opositores lo confirman en corto: el “gober” tiene un control casi absoluto del aparato de poder estatal. Nada se mueve sin que él lo autorice. Incluso, la abrumadora mayoría morenista en el congreso se ha visto fragmentada en momentos y votaciones críticas como el matrimonio igualitario o la aprobación del presupuesto.

Ese control es explicable, pues desde la monumental derrota de 2018, Quirino recogió los escombros del PRI y reconstruyó el partido para sí mismo. Abandonó a las viejas cúpulas sectoriales que no le habían redituado nada y rescató a los cuadros que, aunque derrotados, habían sido competitivos en votos: Álvaro Ruelas y Jesús Valdés, por ejemplo.

Luego fue integrando cuadros más jóvenes a su proyecto: Héctor Orrantia, Juan Alfonso Mejía, Carlos Gandarilla, Gabriel Gavica, Ricardo Madrid, entre muchos otros y pocas otras. Salvo excepciones como las de Guadalupe Yan, Javier Lizárraga y Gonzalo Gómez Flores, el otrora gabinetazo de inicio de gobierno, devino en nuevos nombres con dos requisitos que el gobernador pondera por encima de todas las cosas: lealtad y trabajo desde el amanecer hasta entrada la noche.

En el gabinete de Quirino no solo hay que trabajar en la calle y cerca de la gente, como continuamente instruye a sus funcionarios, sino también hacer que se note: por eso ve usted en Twitter, Facebook e Instagram a sendos secretarios bailando, montando a caballo, plantando árboles, haciendo ejercicio y mostrando sus fotos de amaneceres mientras viajan a algún lugar del estado para inaugurar una escuela u oficiar un evento.

Así, con mucha publicidad y mucha chamba, el gobernador enfila al final de su gobierno y prepara el terreno para un posible proyecto nacional. Por eso, por más que diga que no le interesa la elección por venir, tiene que ocuparse de ella. Y resolverla.

Si Quirino pierde (o pacta) y entrega el poder a Morena en 2021, no sería entonces el mejor gobernador tricolor de México. Necesita competir y ganar, por eso no puede equivocarse en elegir a la persona que habrá de abanderar las siglas del PRI y los partidos que vayan en alianza con él. Debe elegir a alguien competitivo en el nombre y capaz de convocar a todas las voluntades y proteger todos los intereses en juego.

Mientras Morena resuelve confiado en el liderazgo de las encuestas la designación de su candidato o candidata para gobernar Sinaloa, el gobernador Quirino Ordaz estira la liga para definir al suyo, lo que pone nerviosos a los suspirantes, exhibe a los desesperados y presiona a sus adversarios.

¿Va tarde? Él insiste en que aún no es tiempo. Cuatro años después de la victoria que le diera la gubernatura tras quedarse con una candidatura en la que nadie lo veía venir; y con dos años de lograr un inesperado éxito en su trato con el presidente López Obrador, Quirino lo sabe: lo pueden estar subestimando de nuevo.

 

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