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EDUCACIÓN EN LA FAMILIA
Para una buena convivencia
Columna social
Yolanda Waldegg de Orrantia
31/05/2018
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Psicóloga Yolanda Waldegg de Orrantia

Como decía la semana pasada, no se improvisa, la buena convivencia necesita de tener en cuenta algunas cosas, buscar los momentos o provocarlos y siempre en la cabeza qué se está educando, uno mismo y a los hijos, aprovechar situaciones buenas y malas porque así es la vida y tendremos de todo.

Tener en cuenta que en la familia la mayoría de los conflictos tienen su origen en pequeños roses sin importancia, pero entra en acción la personalidad y el carácter, el temperamento, las aficiones y gustos de cada uno, habrá alguno fogoso y apasionado que reacciona con vehemencia al menor estímulo, mientras que otro es nervioso y susceptible ante cualquier indicación se siente agredido dando excesiva importancia a menudencias, entonces hay que aprender y enseñar a ceder en esto o en aquello porque así todos ganan y a rectificar y corregir errores que todos cometemos y no se acaba el mundo, el chiste es que a veces tú y a veces yo no siempre le toca ceder a la misma persona.

Tener en cuenta también para una buena convivencia no decir todo lo que pasa por la cabeza, la idea aquí es que siempre hay que buscar hacer el bien a los demás, que se sientan a gusto a nuestro lado porque cultivamos la amabilidad y la cortesía, como norma de prudencia controlar la lengua, si no ha salido de la boca es nuestra palabra, una vez que salió ya no es nuestra, no tenemos control y podemos arrepentirnos de decir lo que dijimos. No con el pretexto de ser “auténtico” y sin hipocresía soltar lo que se ocurra, lo que ocasiona que los demás se sientan incómodos si no lastimados, “es que me gusta decir la neta” habría que preguntarle si le gusta que le digan sus verdades.

A tener en cuenta también que no todos estamos cortados a la misma medida, con el mismo molde, cada quien tiene su propia biografía, su historia y antecedentes, su carácter, temperamento, sentimiento y emociones, la etapa por la que están pasando, problemas personales, etcétera. Los problemas de nuestros hijos pueden parecernos ridículos, pero para ellos son grandes y no captar esto es una de las mayores fuentes de incomprensión y mala convivencia. Por eso un sabio consejo a practicar y enseñar es “Ponerse en los zapatos de los demás”, claro que para lograr mayor acercamiento y empatía ayuda mucho tratar de conocer sus gustos, intereses, aficiones, y también sus aversiones y limitaciones, lo que se logra escuchando y cuestionando las preguntas correctas.

El siguiente tema a tener en cuenta es aprender y enseñar a decir “no” a los rencores y resentimientos, cosa que en este país es contra natura, dicen que somos “muy sentidos” o “resentidos”, eso de que tienen semanas de no hablarse es además de una tontería una gran muestra de inmadurez, es una susceptibilidad enfermiza que fácilmente origina conflictos en el trato cotidiano, vivir con alguien a quien se tiene que tratar con pinzas y nunca se sabe si reacciona bien o mal es muy cansado, un comentario que interpretan como crítico sin que lo sea o porque “siente” que le miraron con indiferencia o mal, que se olvidaron de su cumple, que no le invitaron y muchos etcéteras, quien se deja guiar por el sentimentalismo no deja espacio para análisis objetivo de la razón.

Todos tenemos actitudes que pueden simpatizar más o menos a los demás, todos tenemos errores, equivocaciones y defectos. Así es la condición humana, por eso es importante mirar con comprensión y disculpar a los que conviven con nosotros comenzando por la familia, y esto hay que hacerlo ver a los hijos, y a ser más tolerantes con las faltas ajenas y empeñarse en corregir las propias.

Tener en cuenta también a respetar los gustos y opiniones de los demás no querer imponer siempre los propios, en cuanto a gustos cada cabeza es un mundo, en cuanto a opiniones es su derecho, si al caso tratar con razonamientos y respeto refutar, pero si no los acepta es su asunto, y además y muy importante saber elogiar y sonreír, son gratis y dan muchas satisfacciones, a quien los recibe y a quien lo da, caras alegres y sonrientes en el hogar ayudan mucho a hacer más amable la vida familiar y con el resto del mundo, abre caminos fácilmente. El elogio debe ser oportuno y creíble ni los hijos ni los demás son tontos, no se trata de adular que es hipocresía, todas las personas necesitan ser reconocidas por el trabajo que realizan y le pondrán más ganas. Revisen, practiquen.

 

 

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