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COLUMNA
FACTOR HUMANO: Perdonar, sonreír y agradecer
Dedicado a Jesús Manuel, Martín, Nino y a todos los que eligen vivir
Paúl Chávez
23/08/2020
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Foto: Cortesía

“La gratitud es esencial para ser felices”

Merecen profundo respeto quienes después de haber sido confinados en situaciones extremas, estando en vilo porque su vida pendía de un hilo y habiéndoles arrancado sus seres más queridos por el odio injustificado de otros, solo por su raza o credo, sobreviviesen sin odio y sin la clásica amargura del victimismo.

Sorprende que sigan dado vuelta a la página cada día. Más quienes desean continuar viviendo para seguir conmoviendo a otros con su sonrisa. El dolor nos prueba pero engrandece y besa la frente de quienes lo saben padecer. Son luz en su vida escondida, abundan por doquier. He aquí una que eligió ser optimista y profundamente agradecida, incluyendo esos momentos.

El departamento 6

Una bella música sale de una ventana y el sonido recorre serpenteando el vecindario, es la sonata Apassionata de Beethoven, algunos transeúntes al escucharla se detienen maravillados, otros vienen a escucharla, ahí parados en la banqueta se deleitan por la forma exquisita de tocar. Adentro una anciana sola toca religiosamente, absorta, su cuerpo vibra como las cuerdas de su piano, se nutre de la música por el éxtasis que le produce.

Es Alice Herz - Sommer con 110 años. Ha atestiguado el S.XX más 10 de éste. Su vida transcurría normal, hasta que sucedió algo. Mientras sus nietos y amigos la frecuentan, le encanta la gente, tiene buen humor y está saludable. A sus 98 apareció en los documentales “Queremos la luz” y “Todo es un regalo” comentando lúcidamente.

“Yo elijo cómo respondo”

Mientras que el umbral del dolor se reduce: la gente aguanta menos y se frustra más, los divorcios, el consumo de drogas y medicamentos aumentan. Alice comenta: "No importa cuán difíciles sean mis circunstancias, siempre tengo la libertad de elegir cómo respondo a ellas y mi actitud ante la vida y de cultivar la alegría. El mal no es nuevo. Depende de nosotros decidir cómo respondemos a lo bueno y a lo malo.

Nadie puede quitarnos ese poder. Aprender constantemente, ser muy agradecida, especialmente el optimismo, el amor a mi hijo y a la música han salvado mi vida”.

 Dos guerras mundiales

“En mi casa todo era música y conciertos, tomé clases con un discípulo de Franz Liszt a los 16”. Era conocida dando conciertos en Europa. “Al estallar la 1a Guerra no teníamos nada para comer”, de familia acomoda lo perdieron todo, “de chica me dí cuenta de lo terrible que era la guerra”. 

Vino la 2ª Guerra; nunca olvidaré la imagen desconsolada de mi madre, con 72 años caminando lentamente, sin mirar para atrás al ser deportada. Yo no pude hacer nada. Fue el punto más bajo de mi vida, estaba sola, no podía tocar”. Al año se la llevaron a sus 39 con su esposo e hijo de 6 a Theresienstadt. Después le arrancaron su pareja. 

“Éramos felices”

Era un gueto para simular el “buen” trato que les daban a los judíos deportados, los filmaban sonriendo y los abandonaban. “Lo más horrible era que no tenía que darle de comer a mi hijo cuando me lo pedía. Estábamos hasta los huesos”. “Éramos unos 20 músicos de primera, la ilusión de tocar en las noches nos hacía felices, eso nos mantuvo sanos a nosotros. Tocar era como una experiencia religiosa, nos acercaba al cielo, nos sentíamos más cerca de él y los que nos escuchaban rejuvenecían.

Dimos 100 conciertos. La vida me dio el talento para tocar el piano y para inspirar felicidad en la gente a través de la música, y estoy muy agradecida por ese don. La música nos enriquece. Es la revelación de lo divino. Nos lleva al paraíso”.

 “Nunca fui una víctima”

Su amiga que asistía a esos conciertos comenta; "escuchar esa música en aquél ambiente era apoyo moral, no era entretenimiento”. En Auschwitz agrega “era el infierno, los músicos de la orquesta estábamos ahí sentados con una sentencia de muerte que pendía sobre nosotros, pero hoy tienes que tocar. Vivíamos como si fuesen nuestros últimos minutos, sabíamos que hoy o mañana saldríamos en forma de humo, sin la menor duda”.

Continúa “sobreviví entre otras cosas porque nunca me sentí una víctima, más bien como una observadora, nunca me imaginé estar tirada como esos cuerpos, simplemente tomaba las cosas como venían.

Cuando estás realmente en el infierno y sales de ahí aprendes realmente que es lo que vale en la vida y lo que no. Lo que más importa en la vida son unas cuantas cosas: las relaciones humanas y el resto no importa tanto porque puedes vivir sin ellas. Y debido a esto mi vida se ha enriquecido y estoy muy agradecida por esas experiencias y lo puedo decir”.

¿Qué sostiene a Alice?

“Dormía con mi niño y eso le daba mucha seguridad. Tuve la fortuna de ser la madre de un excelente hijo, nunca albergó el odio”. “Antes de la guerra mi hermana melliza me dijo la vida es terrible, no quiso un segundo hijo ‘¿cómo voy a traer otro a este mundo tan terrible?’ Le preguntan ¿Crees que por eso ella murió antes? “Estoy segurísima”. “Una vez estuvieron a punto de dispararnos, abrazaba a mi hijo, de repente alguien gritó volved al gueto, fue como entrar del infierno al paraíso”. Nino Gallegos comenta que “es muy distinto ver la vida desde la muerte”.

¿Qué has aprendido?

“Todo es un regalo. Todo. Cada día es un milagro. Entender a los otros conduce a la paz. Nunca me siento cansada porque mi mente está activa. Soy tan rica como la gente más rica del mundo porque soy música. No necesitamos cosas. Los amigos son una preciosura. Mi optimismo me ayudó en los días más oscuros, me ayuda ahora; Nunca hablé sobre el pasado porque no quería que mi hijo creciera con odio, porque el odio trae más odio. Y tuve éxito: Yo nunca tuve odio, nunca'.

A los 104 años era una celebridad, tres libros de su vida: Un jardín del Edén en el infierno; “Alicia’s Piano”, “A century of life”, artículos y documentales, uno ganó el Óscar en 2014 “The lady in number 6”. Murió con 110 una semana antes de la premiación.

paulchavz@gmail.com 

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