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Portalito
La difícil sucesión priista en Sinaloa
José Refugio Haro
08/01/2008 | 00:00 AM
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Está claro que la carrera por la gubernatura de Sinaloa ha empezado una vez que terminó la primera mitad del actual sexenio que encabeza Jesús Aguilar Padilla.
No parece desde ninguna óptica que dentro del Partido Revolucionario Institucional se esté planeando una elección democrática del candidato para gobernar a partir del 2011, y todo porque el mandatario estatal no ha sido fino en la promoción de su favorito a sucederlo.
Si antes, cuando el PRI ocupaba todos los espacios de la estructura política nacional, los gobernadores eran frenados en su natural apetito por dejar sucesor, ahora que otro partido está en la presidencia de la república y en el liderazgo del tricolor sólo se aprecia confusión, los jefes estatales tienen la mesa servida para cubrirse las espaldas con alguien que parezca incondicional suyo una vez que tengan que dejar el cargo.
En Sinaloa especialmente el fenómeno anteriormente mencionado tiene sus bemoles por la existencia de un gobernador constitucional (Aguilar Padilla) y un jefe del grupo político dominante desde hace 9 años (Juan S. Millán).
Sin embargo, no obstante la duda que plantea la existencia y fuerza de los dos jefes, el gobernador constitucional parece decidido a impulsar al alcalde de Culiacán, Jesús Vizcarra Calderón, para que lo sustituya en el mando de Sinaloa.
No quiere decir en forma alguna que Vizcarra Calderón sea el político más popular del momento en Sinaloa, aunque ha ganado las elecciones para diputado y para alcalde de Culiacán.
Hay otros que sin recibir las simpatías del gobernador se mueven en un aceptable nivel y tienen también aceptación en el electorado, algunos más que otros y que el propio Vizcarra Calderón, tales como Alfredo Villegas, Mario López Valdez, Heriberto Galindo, Dagoberto Castro, Jesús Enrique Hernández Chávez y Víctor Manuel Gandarilla.
De otros partido también aspiran y tienen posibilidades Heriberto Félix Guerra, Alejandro Higuera y Juan Guerra, los dos primeros del PAN y el último del PRD.
El antecedente claro y sabido es que el PRI sigue invicto en Sinaloa respecto a la gubernatura, pero no puede desestimarse la dificultad con que conservó el poder en las elecciones de 2004, igual que, a pesar de los triunfos del 2007, sus candidatos se alzaron hacia el triunfo con los más bajos porcentajes de votación en toda la historia reciente.
Tampoco se puede dejar de lado el evidente hartazgo que en mayor o menor medida enseña tener la ciudadanía por la inmutabilidad de la ineficiencia de varios gobiernos de Sinaloa respecto a la delincuencia organizada y la lacerante violencia generalizada .
Es innegable el cansancio de la opinión pública de frente a la impunidad de los delincuentes del crimen organizado, al igual que de los gobernantes y funcionarios que incurren en algún tipo de fraude o abusos contra el interés ciudadano, los cuales son salvados por los diputados que forman mayoría tricolor en el Congreso estatal, por un lado, y por algunos jueces que conocen de casos de delitos del fuero común cometidos por gente “del sistema” que debe ser absuelta por disposiciones “de arriba”
Lo mismo el aumento de problemas económicos como el desempleo y en general la falta de oportunidades en rubros decrecientes como el comercio, la agricultura y la pesca, todo lo cual pinta un panorama incierto para todos, incluida la hegemonía del PRI en elecciones.
No pueden los gobernantes hacer como que la ciudadanía no se da cuenta que, por ejemplo, han eludido propiciar la acción de la ley en probables delitos de funcionarios como el secretario de Gobierno Rafael Oceguera y el ex alcalde de Ahome Policarpo Infante Fierro; uno por atentar contra la democracia y el otro contra el patrimonio histórico de Los Mochis, como dieron cuenta los medios de comunicación en su momento.
Puesto así el panorama, resulta obvio que el PRI puede tener dificultades para conservar la gubernatura en el 2010, mayormente si se va solamente por la acostumbrada divisa de acepar como candidato al que le “palomean” desde las alturas, que en el caso presente de Sinaloa y dadas las condiciones que ahora se viven, sería desde el báculo del gobierno estatal.
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