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Portalito
Tala de la vida
José Refugio Haro
04/01/2008 | 00:00 AM
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En el mundo corre como una mancha voraz la destrucción de áreas verdes y distintas manifestaciones de la naturaleza.
El paso del hombre siembra en cada una de sus huellas también la fosa que lo sepultará más temprano que tarde porque, no obstante el desarrollo de las sociedades y del pensamiento, se camina a la autodestrucción.
Cada vez más vertiginosamente se han perdido selvas y entornos silvestres que sobrevivían como una esperanza de la reflexión que los respetara.
Pero la ambición parece no tener fin. Vivimos y hacemos como salvajes que no supieran las consecuencias del daño al medio ambiente, por eso todavía es común ver bajar diariamente por caminos y carreteras procedentes de las sierras camiones cargados de gruesos troncos de árboles aniquilados y no repuestos de los pocos bosques que aún quedan en pie.
Estas palabras pueden ser calificadas de catastrofistas, pero sólo hay que observar los vacíos dejados por los manglares que antes ocupaban la costa marina; fueron barridos para dar paso a proyectos del hombre presuntamente con fines turísticos, o francamente los convirtieron en cenizas al ser usados como leña.
Acudimos a las playas a disfrutar de las aguas saladas y a tonificar los pulmones con la brisa marina, afamada de contener propiedades minerales, pero si nos pican los insectos renegamos y maldecimos antes de proponer la limpia de malezas y manglares cercanos para eliminar esa molesta plaga que, sin embargo, es la muestra de que la naturaleza se niega a ceder su lugar a nuestras contaminaciones.
A fines del año pasado el senador Mario López Valdez, Malova, presentó una nueva en su ya larga lista de iniciativas ante el Senado, consistente en proponer una ley que venga a proteger los manglares, en peligro de extinción. El argumento de sustentación de dicha ley es la protección al medio ambiente costeño, que tiene que ver también con la reproducción y vida de las especies marinas y, en consecuencia, con los rendimientos de la producción pesquera.
Pero al parecer tal iniciativa despertó envidias en el seno del Senado y por supuesto en los partidos que reinan sobre los legisladores. La fracción parlamentaria del Partido Acción Nacional ofreció a Malova: apoyamos la iniciativa pero tenemos que presentarla como coautores de la misma. O sea, una pretensión de figurar en una creación sin tener ni jota de mérito, más que los votos para llevar adelante la propuesta.
Lo anterior es algo parecido a hechos que han caído en lo anecdótico por los cuales un compositor famoso registra como suyas obras de un artista sin nombre, pagando con dinero el trabajo espiritual de éste.
Tal vez la dignidad o el orgullo sobre lo propio del senador Malova detuvo la marcha de la iniciativa, pero la idea de sentar las bases para proteger los manglares está congelada. El partido del mochitense, el PRI, en esta ocasión no tiene la mayoría para llevar adelante dicha iniciativa, y tampoco tiene –como en otros asuntos- de aliado al PAN porque quizá no lo consideran un asunto de importancia para sus fines políticos esenciales.
No obstante, la idea sigue siendo valorada al interior del Senado y en otros círculos de discusión. Por ello se habla de la celebración en Los Mochis de un foro para tratar el tema en febrero de este año.
Como la tala de los manglares, ya, debe también detenerse la depredación de los bosques, la contaminación de los cauces de los ríos y la invasión del área rural por la mancha urbana de las ciudades.
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