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Saber Vivir: La carta. ¿Cómo hacer de una carta de ruptura amorosa una obra de arte?
Columna quincenal
Octavio Robledo
12/07/2020
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Para Juan José Rodríguez

 

Yo viví desde muy chico la experiencia de hacer y recibir cartas, mi madre me inculcó esa tradición, pues ella estando joven estuvo en varios clubs de cartas de personas que vivían en América Latina. Me inculcó redactar cartas a familiares que vivían fuera de Torreón, y todavía recuerdo cuando llegaba a la casa al mediodía de la escuela y con mucho ánimo me decía: “Te llegó cartaaaa”, y su cara llena de felicidad. Ahora que he tenido tiempo libre, estoy poco a poco desempolvando cajas de recuerdos y me encontré varias cartas que ella me escribió cuando me fui a la universidad y posteriormente cuando decidí vivir en este bello puerto, y también encontré unas cartas de mi hermana menor que en su niñez de seguro mi mamá le decía: “Escríbele a tu hermano, que está lejos”.

Desde que Moma (mi madre) me fue llevando al mundo de las cartas, le fui dando valor y aún disfruto a las cartas. Recuerdo que la tía Mercedes, en Tepatitlán, Jalisco, conservaba cartas de su abuelita, que le escribía en aquel entonces a su novio, pero en aquellos años las cartas se escribían bordadas en tela, y se mandaban a escondidas por la noche, por medio de un mensajero a caballo; son unas joyas esas cartas, eran poemas de amor. También me tocó ver las cartas en idioma mandarín que mi abuelo materno recibía de su única hermana que se quedó a cuidar a sus padres en China.

Las cartas siempre estuvieron relacionadas con mi madre, y curiosamente (si se puede llamar así) en el 2015 que murió ella, a los pocos días después de su muerte nos fuimos a Buenos Aires, Argentina, mi hermana Ace y yo, y en una mañana transitando por las bellas avenidas de esa capital nos topamos con el centro cultural Kirchner, de los complejos culturales más grandes de América Latina, un bello edificio de los años 20, de arquitectura francesa, y estaba una exposición de Sophie Calle, una francesa muy famosa por sus performances; la exposición de cartas, videos y fotografías se llamaba “Cuídese mucho” (Prenez soin de vous).

Esta obra nació de un mail de ruptura amorosa que recibió Sophie, y que terminaba con estas frases: «Me hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otra manera. Cuídese mucho». No sabiendo qué responder a semejante mensaje, la artista tomó la recomendación «al pie de la letra», pidiéndole a 107 mujeres, elegidas de acuerdo a sus profesiones, que interpretaran esa carta bajo un ángulo profesional, haciendo que cada análisis diera un significado distinto a aquel escrito. Esta carta de ruptura fue así analizada, comentada, actuada, danzada, cantada… será, sin alguna duda, de las exposiciones que siempre recordaré.

La exposición cuenta con fotografías de gran formato en las que se muestra a las mujeres leyendo la carta; a muchas de ellas no se les logra ver el rostro que está siempre escondido debajo del cabello, oculto detrás de una mano o detrás de la carta que tienen frente a sus ojos.

La carta, que es preciosa, hace mención de dos cuestiones que muchas veces pueden llegar a confundirse: el amor y el contrato entre pareja:

 

Sophie.

Llevo un rato queriendo escribir y contestar a su último e-mail. Al mismo tiempo me parecía mejor hablar con usted y decirle lo que tengo que decir de viva voz. Por lo menos, esto quedará ya escrito.

Como ya sabe, últimamente me he sentido mal, como si ya no fuese yo mismo en mi propia existencia. Una especie de angustia terrible contra la que poco puedo hacer, salvo intentar salir adelante como siempre he hecho.

Cuando nos conocimos, puso una condición, no convertirse en la “cuarta”. He respetado el compromiso: ya hace meses que dejé de ver a las “otras”, puesto que no había manera de seguir frecuentándolas sin convertirla a usted en una de ellas.

Creía que eso sería bastante, creía que el quererla yo y el quererme usted bastaría para que la angustia que me empuja siempre a buscar en otros lugares y me impide por siempre jamás estar tranquilo y ser simplemente feliz y “generoso” se calmase con su presencia y con la certeza de que el amor que me aportaba era lo más beneficioso para mí. Lo más beneficioso que haya conocido jamás. Pensé que escribir pondría remedio, disuadiría mi “intranquilidad” y me permitiría ir a su encuentro. Pero no. Me siento aún peor. No puedo ni decirle en qué estado me encuentro. Así, esta semana, empecé de nuevo a llamar a las “otras”. Sé lo que eso significa para mí y a qué ciclo me arrastrará. No le he mentido nunca y no estoy dispuesto a hacerlo hoy. Al principio de nuestra relación, usted me puso otra regla: que el día que dejásemos de ser amantes, no se plantearía volver a verme. Sabe hasta qué punto esta condición me parece injusta y desastrosa (puesto que sigue viendo a B y R) y comprensible (evidentemente…), de modo que no podría nunca convertirme en amigo suyo.

Pero hoy, el hecho de que acepte plegarme a su voluntad, a pesar de que echaré terriblemente en falta verla, hablar con usted, aprender su visión de las cosas y de los seres y su dulzura para conmigo da cuenta de la importancia de la decisión que tomo.

Pase lo que pase, tenga presente que jamás dejaré de amarla de ese modo que me es propio como lo hice desde que la conocí, un modo que seguirá vivo en mí y, estoy seguro, no morirá.

Pero hoy, sería la peor de las farsas tratar de prolongar una situación que, lo sabe tan bien como yo, ya no tiene remedio por respeto al amor que le tengo y al amor que me tiene y que me obliga a ser franco con usted, como un último tributo a lo que compartimos y que será, por siempre, algo único.

Me hubiese gustado que las cosas fuesen de otro modo.

Cuídese mucho.

 

Te propongo escribir cartas a esas personas significativas en tu vida, aún por correo electrónico, disfrutaremos ese gusto de recibir una comunicación más cálida, más personal y que podamos sentir de nuevo esa emoción: “Me llegó cartaaaa”.

 

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