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Educación en medio de la contingencia
'Ser maestra a distancia es ser docente 24/7', afirma
Mónica Salazar, profesora de las Sindicaturas de Costa Rica y Quilá platica sobre cómo ha sorteado las clases a distancia desde que inició la pandemia de Covid-19
Antonio Olazábal
14/09/2020
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Durante los meses de abril hasta junio el celular de Mónica Picos Salazar, maestra con cuatro años de experiencia, no dejaba de sonar; podían ser alumnos, padres de familia o autoridades de la Secretaría de Educación Pública los que continuamente la buscaban, pero no tenía descanso, lejos de lo que se pudiera pensar, el estrés fue mayor desde que iniciaron las clases a distancia a que si estuviera dentro del aula.

La profesora de secundaria da clases en dos sindicaturas de Culiacán, en las cuales el común denominador es la desigualdad y la desintegración familiar; tanto en Costa Rica como en Quilá, las cosas no fueron nada fáciles para poder un seguimiento idóneo a sus alumnos.

Las circunstancias no favorecían, la mayoría de sus alumnos son de familias disfuncionales, con pobreza que en algunas familias era extrema, donde con un celular por casa trataban de tomar clases a como podían, donde era docente de personas que vivían del campo, donde el día a día ya era muy complicado derivado de la pandemia de Covid-19, como para aparte preocuparse por tomar las clases desde su hogar.

Mónica menciona que ella da clases en Pueblo Nuevo, un ejido donde hay muchas necesidades, donde hay pobreza y desigualdad; a como puedes ver una casa grande de dos pisos con hasta tres carros en su cochera, a observar una pequeña casa de lámina y palos donde un niño trata de aprender, y es ahí donde el reto de la enseñanza se complica.

"El común denominador es que hay muchísima desintegración familiar, muchísimos problemas, es una cultura de una comunidad pequeña que carece de áreas recreativas, de muchísimas instituciones, todavía siguen tradiciones sobre lo que desde años tiene que hacer cada persona...la desintegración familiar es lo que ahí Gobierna", comparte.

Muchos de los padres de sus alumnos son personas con una escolaridad muy baja, hasta al punto que muchos ni siquiera saben leer o escribir, por tal motivo los estudiantes de secundaria antes de recurrir a sus tutores para ayudarlos en sus materias, preferían buscar al maestro, pero era una lluvia de dudas que en ocasiones a Mónica la hacían estresarse demasiado.

"Ahorita en este momento en el que estamos no ha sido tan complicado, pero los meses más fuertes, que fueron a lo mejor abril-mayo, parte de junio, porqué junio salimos, sí fueron meses muy complicados porque hay tanta desintegración familiar que los alumnos querían recurrir a los maestros antes que a sus propios familiares, entonces mejor piden ayuda externa, su primera autoridad o figura es más sus maestros", menciona.

Aunado a que en ocasiones los padres no contaban con los conocimientos necesarios para ayudar a sus hijos en las clases a distancia, Mónica tuvo que lidiar con los problemas familiares de muchos de sus alumnos, al punto que su vida personal llegó a verse muy afectada, ya que le dolía lo que le pasaba a sus estudiantes, y quería apoyarlos no solo académicamente,sino también emocionalmente.

"Sí fue muy complicado porque sí me tocó atender cosas muy complicadas, tan fuertes que a lo mejor yo me dejaba llevar por esas situaciones y me afectaba mi vida personal. El caso más fuerte que me tocó atender fue un acompañamiento terapéutico con una alumna que en su casa, ya con desintegración familiar, viviendo sin papá, ella vivía con su mamá y su hermano y ella, y fallece el hermano menor, tenía ocho o nueve años", señala.

"Todo se desmoronó emocionalmente en su familia, la mamá en depresión total, desesperación total, sin trabajo, con un hijo recién fallecido, la niña desmoronada, me dolía porque me decía que se hacía daño, se cortaba, entonces era como tratar de salvarla emocionalmente para que esto no se complicara porque la situación de la familia era muy muy crítica", recuerda.

La docente para ayudar a su alumna recordó una serie la cual le gustó mucho, y trató de emularla en la relación con su estudiante, "Anne with an E", se llama la historia en la que se basó para tratar de que la pequeña saliera de su depresión, sobre todo para que dejara de hacerse daño.

"Nos enviamos cartas por alrededor de dos meses, yo se las mandaba por captura de pantalla, y ella me las respondía al día siguiente, cada tercer día yo le mandaba una carta y ella me la regresaba, en la cual ella me decía todo lo que estaba sucediendo, cómo se sentía, yo le contaba lo que hacía, cómo me sentía, y eso me ayudaba a evaluarla para su calificación y además la escuchaba y la acompañaba durante su difícil situación", explica.

"Al final de cuentas la niña terminó el ciclo escolar muchísimo mejor, y pues no totalmente bien, porque fue muy duro por lo que pasó, pero sobrevivió porque dejó de cortarse, de lastimarse y pudo salir adelante", subraya.

Ese fue su caso más difícil, pero los mensajes no dejaban de llegar, ella es una mujer casada y tiene una pequeña que necesita atención especial, fueron meses muy complicados, porque no sólo la buscaban para temas relacionados con el aula.

"El teléfono me sonaba todo el día, en cuanto mi vida emocional, mi vida rutinaria, cambió radicalmente luego de la pandemia...me hablaban los alumnos, los papás de los alumnos, mi celular no dejaba de sonar desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche, de que todavía mandando tareas, de que 'maestra cómo se hace esto' , 'es que no puedo, estoy con mi mamá porque mi papá se enfermó', mentalmente ya estuvo muy agotador", rememora.

Ya hay más tranquilidad

Hoy en este nuevo ciclo escolar para Mónica Picos Salazar las cosas están más tranquilas, aún sigue dándole clases a alumnos que están en la misma situación que hace meses; aún da lo mejor de sí, pero entendió que ella misma como docente, madre y esposa, no da lo mismo si está estresada y deprimida, es por eso que aún está al pendiente de sus estudiantes, pero trata de estar más relajada, no como era al final del ciclo escolar pasado.

"Ya la mayoría de los maestros estamos tratando de trabajar más relajados, hacemos hasta donde se puede, con lo que tenemos, sin ir más allá, sin exponernos, sin tener ese pendiente diario de que el alumno está ahí y está pasándola mal y estar pensando en qué puedo hacer yo para ayudarlo, esa parte ya lo entendimos, de que hacemos lo que podemos", expresa.

"Yo sigo recibiendo mensajes de alumnos, de papas, de que están preocupados, ya sea porque creen que están enfermos, que cómo le hacen, que a donde llaman, y pues se les ayuda hasta donde podemos, y tampoco nos estresamos tanto, y nuestras autoridades ya se relajaron en el hostigamiento que había, porque sí nos decían que teníamos que estar ahí".

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