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Su sonrisa la borró el Covid-19: Cometín habla de su desespero por no tener empleo
Con la prohibición de reuniones en la entidad desde marzo, el conocido payaso enfrenta una lucha más allá del virus que vino a modificar la normalidad, y urge la apertura de sitios para trabajar y sacar adelante los estudios de sus tres hijos
Belem Angulo
09/08/2020
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Foto: Alejandro Escobar

La peluca de delgados cabellos dorados brilla con intensidad bajo el sol culiacanense, y da la impresión que se evapora. Está parado entre 100 personas pero es imposible no verle, todo su ser es llamativo: su ropa, su maquillaje, y su enérgica exigencia por ser escuchado.

"Mi nombre es el payasito Cometín, Esteban Sánchez Arellano para servirle", se presenta.

La cotidianidad pandémica de Sinaloa ha adoptado movilizaciones, protestas y manifestaciones. Cada semana son más los grupos que se organizan, obedeciendo distintos intereses, pero todos ellos motivados por un problema ocasionado por la contingencia sanitaria por coronavirus.

Ejemplo de esto fue la manifestación de empresarios y trabajadores de centros nocturnos en la capital del Estado, que se plantaron en el Palacio de Gobierno para pedir la atención de las autoridades estatales, el pasado lunes.

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Los ojos se acostumbraban a la multitud uniformada con distintivos de los bares o antros en donde trabajan, o con ropa no muy llamativa, del 'diario', pero hasta el frente y justo en el centro del grupo se encontraba un hombre con cabello artificial, mejillas rojizas y una sonrisa casi extinta.

"Tuve un problema de depresión, intenté suicidarme, ahora me siento peor que en aquellos tiempos", admite el conocido personaje.

Esteban Sánchez Arellano es el nombre real del payaso Cometín, personaje que desde hace 28 años interpreta en fiestas, restaurantes y espacios públicos.

Con la prohibición de reuniones en la entidad desde el mes de marzo, Esteban ha enfrentado una lucha más allá del virus que vino a modificar la normalidad. Su único ingreso era lo obtenido de su trabajo como payaso.

"Me dedico 100 por ciento a ser payaso. Ya tengo cinco meses sin poder pagar una renta", lamenta.

"Pago una renta, es muy difícil, la persona dueña ya me pidió la casa"... Detiene su relato mientras se aclara la garganta, su voz se corta y sus ojos enrojecen haciendo contraste con el maquillaje blanco que los rodea, "... no tengo dinero para comer".

Es padre de tres jóvenes, todos estudian, el mayor ya cursa una carrera universitaria.

"Tengo hijos qué mantener, yo soy padre soltero", dice.

"Mis hijos tienen que ir a las escuelas, no tengo ni para inscribirlos".

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La inquietud de Esteban recae en que los salones de fiestas, restaurantes o espacios al aire libre están limitados por las autoridades para minimizar los casos de coronavirus en la entidad, y sin público no puede ganarse la vida.

"Déjenme trabajar, es todo lo que pido. Yo me voy a ganar el peso", manifiesta.

"Todo se cerró, no hay dónde trabajar... no hay dónde hacerlo"

Hace dos años, mediante una publicación en redes sociales se difundió el intento de suicidio de Esteban. Durante la madrugada de un jueves, trató de saltar de un puente ubicado en la colonia Esperanza, cuando fue detenido por autoridades de seguridad municipales.

En aquel momento, amigos cercanos organizaron una colecta para captar fondos que financiaron un tratamiento psiquiátrico para el comediante.

Compara el periodo en el que intentó quitarse la vida con su situación actual, y no vislumbra una salida.

"Miro muy largo esto, no alcanzo a ver la orilla", asegura.

"La depresión ya me ganó, es mucho mi desespero, la verdad yo no pido dinero, quiero que me dejen trabajar, que ya haya eventos".

A causa de su falta de empleo ha optado por vender productos para el hogar por catálogo, pero ni el sueldo ni las motivaciones son las mismas que cuando es payaso.

"La gente te bloquea del teléfono, te hacen a un lado y nadie te quiere ayudar. Los amigos se cuentan con una mano", comparte.

También se ha visto en la necesidad de rematar el equipo que antes funcionaba para organizar y realizar su show.

"Vendí lo que tenía: bocina, computadora, ya vendí todo", dice.

"Hay días que ya no duermo, los niños me piden comida, quieren internet para la escuela y lo miro muy imposible".

Ha decidido no irse a los cruceros para entretener, ve eso como un recurso que no va acorde a sus intenciones.

"Yo no quiero causar lástima. La idea es ganarme el peso con lo que sé hacer. Ganarme el peso a pulso", comenta.

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