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Tema de hoy
Perdonando es como tú nos perdonas
José Ramón Díaz Fonseca
08/01/2008 | 00:00 AM
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Una atractiva joven, que tenía un negocio, consultó a un ministro religioso.
Tenía un sentimiento suicida y le manifestó que estaba agotada, aburrida y, que sentía odio por la vida, y que no le quedaba razón por la cual vivir.
Contó que cuando estaba embarazada, su marido la había abandonado y se había escapado a Canadá con una jovencita.
Había tenido que luchar para solventar los gastos; tenía que encargarse del negocio y, al mismo tiempo, tenía que dedicar tiempo a la educación de su hija. Su marido nunca le envió dinero.
En realidad, él se había fugado con todo el dinero que tenían en su cuenta mancomunada, y además se había llevado su anillo de diamantes.
Nunca había recibido nada de él; sin embargo, sus amistades le contaron que había obtenido el divorcio en Nevada y en la actualidad estaba en Canadá casado con la joven con la que se había fugado.
La mente y el corazón de esta mujer estaban corroídos y ella estaba llena de amargura, resentimiento y una profunda hostilidad.
Indicó: "otras mujeres a mi alrededor están casadas y son felices; tienen esposo que las ama, y sin embargo, a mí la vida me pasa por alto; estoy envejeciendo, y me siento triste a causa de mi soledad; todo es tan injusto".
El sacerdote le aconsejó que en lugar del impulso suicida, tratara de bendecir y orar por su esposo.
Decidió orar con frecuencia diciendo: "libero a mi ex marido por completo; lo perdono con sinceridad, le deseo amor y bienestar".
Al cabo del tiempo pudo expresar : Ya no siento irritación en mi corazón; el amor de Dios la ha disuelto.
Esta mujer aprendió que la oración efectiva paga dividendos fabulosos, pues el matrimonio se unió y siguen unidos.
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