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EVANGELIZACIÓN, EDUCACIÓN Y CULTURA
Tloque Nahuaque
Columna religiosa
Padre Amador Campos Serrano
27/05/2018 | 3:03 PM
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Antes del tiempo cuando el vacío absoluto era dominante, el principio divino creó todas las cosas, ese principio era Moyocoyani, a quien nosotros lo llamamos Dios, Él estaba en el principio y por Él fueron hechas todas las cosas y nada existe sin Él.

El misterio del origen de lo existente, es decir la esencia de la vida por la cual existen toda la creación, es un cuestionamiento acompañante de toda manifestación cultural, ya aceptando, ya negando las explicaciones que tratan de horadar dicho misterio. Tachando tales explicaciones como producto de la fantasía, quienes las niegan, elaboran otras explicaciones aún más fantasiosas.

La elucubración teológica del pueblo náhuatl alcanzó una elevada visión del cosmos y de su origen, a tal grado de poder encontrar sorprendentes coincidencias, con la nueva religión llegada de más allá de los mares, solo que esta magnitud conmocionó de tal manera a los recién llegados que en sus limitaciones optaron por el rechazo absoluto.

Algunas mentes, privilegiadas con amplitud de criterio, fueron capaces de observar y rescatar los puntos de coincidencia ente le transcendencia náhuatl y la doctrina teológica cristiana, sorprendiéndose por los puntos de proximidad ente ambas visiones. El punto culminante se dará en el hecho guadalupano.

El principio creador náhuatl conjuga las esencias masculina y femenina en la generación de la existencia, así Moyocoyani es Ometéotl, Dios de la dualidad, supremo creador de cuanto existe, pero también es, quien continúa sosteniendo la creación, por ello es Tloque Nahuaque, el Dios del cerca y del junto, presencia divina, cercana y pletórica en el cosmos, pero sobre todo en la humanidad.

La definición de Tloque Nahuaque es muy cercana al tetragrama divino de la tradición judeo-cristiana en el nombre Yahveh, “el que Es”, “el que Está”, como se autodefinió en las páginas bíblicas el mismo Dios ante Moisés.

El concepto divino de Tloque Nahuaque penetra en el orden temporal, después del acto creador o Moyocoyani, es decir, anterior a ello, Dios que se creó así mismo, por ello es señor de la existencia y de la inexistencia, abarcando el campo de la eternidad, es decir, del orden más allá de nuestra realidad en el tiempo.

No se han encontrado imágenes ni templos del Tloque Nahuaque, al menos hasta ahora, por ello se entiende que procedía de la reflexión, lo cual nos da un concepto cercano a un único Dios, aún cuando esté envuelto una variedad de imprecisiones.

El tiempo, nuestro tiempo y el de todos es la continua sucesión de movimientos acompañados por Tloque Nahuaque, dueño y cercano de la creación, aunque estacionado en la eternidad, misterio profundo del Moyocoyani, por el cual somos, existimos y vivimos.

 

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