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Tres horas de guerra
Tres horas de guerra en Culiacán; civiles usan baños como bunker
Clientes y trabajadores de pequeñas empresas al norte de la ciudad se refugiaron en los baños durante tres horas para resguardarse de las balas. Nico y Jorge, trabajadores de la zona no lo lograron y fueron víctimas mortales de la trifulca
Noroeste / Redacción
22/10/2019 | 04:04 AM
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Foto: Noroeste

CULIACÁN.- La tranquilidad es tensa; las risas nerviosas y la confusión impera. No hay necesidad de las palabras, las paredes cuentan la historia de uno de los cruceros sitiados por el crimen organizado al norte de la ciudad.

En la zona aledaña al estadio de futbol del equipo Dorados de Sinaloa, los comerciantes tratan de recuperarse de lo vivido el jueves 17 de octubre, donde vieron vulneradas sus vidas y patrimonio, porque ahí en las calles que todos los días circulan fueron trinchera del crimen organizado.

Llegado el lunes iniciaron la semana lo más normal que pudieron. Abrieron sus negocios a las horas habituales y trataron de retomar su rutina, aunque algunos, buscaron información para poder captar apoyo de gobierno por los daños que causaron los impactos de bala.

Pero nada volverá a ser normal, los comerciantes están de luto pues Nico y Jorge perdieron la vida en medio de la trifulca que sitió Culiacán la tarde del jueves.

"Estos muchachos son unas personas muy serias, muy responsables, muy honestos", dijo Javier, uno de sus compañeros de trabajo.

Ellos habían salido desde la mañana a entregar una mercancía para el sector de Ciudad Universitaria, y a las 17:12 horas hablaron que iban de regreso.

"Les dije yo, no se me regresen, está peligroso, hay muchas balaceras, no se muevan. Ya pal' rato les marcamos y ya no contestaron", narró.

Las balas de rifles de asalto dejaron huellas imborrables en las paredes, columnas y fachadas del sector comercial al norte de la ciudad, donde el perímetro de las perforaciones que dejó sobre el concreto abarcan el ancho de la palma de una mano.

Aún quedan restos de las unidades que fueron incendiadas por las personas armadas.

La calle abarca seis carriles y un amplio camellón a modo de parque lineal, un área muy abierta como para poder ocultarse. Los vitrales de los negocios suponían un peligro, pues dejaban a la vista a aquellos que buscaban desesperadamente ocultarse.

Los baños fueron los búnkeres de todos aquellos que buscaron un refugio, aunque no contaban con el espacio adecuado, albergaron incluso a una decena de personas por más de tres horas.

"Estaba pasando que había balaceras de los grupos, nada más era lo que sabía. Estábamos escondidos ahí dentro del baño, atemorizados de no salir porque estaban entrado balas por todos lados", recordó Javier.

Confundidos, la única comunicación con el exterior eran los celulares. Por este medio se contactaron con familiares y trataron de ponerse al tanto de lo que pasó.

"Mi esposa me decía, vente para acá, no, le dije, está peligroso irme. Me hablaba mi esposa cada 10 minutos, vente; no, está bien fuerte la balacera, está más peligroso irnos pa' allá, capas pa' allá está igual de fuerte", dijo.

La refriega no fue continua, hubo lapsos de 15 minutos que la metralla dejaba de tronar en la calle. Entonces el silencio fúnebre invadía el lugar.

Hubo quienes dijeron no se pusieron nerviosos, pero al cabo de las horas pedían apoyo para sostener la cosas pues las manos les temblablan.

"Parecía que tenía parkinson", dijo entre risas otro de los trabajadores del lugar.

Algunos otros no han tenido tiempo de asimilar lo ocurrido, no saben qué sentir, o que va a pasar, pero el trabajo tiene que continuar, aun con las fachadas perforadas y las huellas de una guerra sin precedente en Culiacán.

 

"Estaba pasando que había balaceras de los grupos, nada más era lo que sabía. Estábamos escondidos ahí dentro del baño, atemorizados de no salir porque estaban entrado balas por todos lados".

"Mi esposa me decía, vente para acá, no, le dije, está peligroso irme. Me hablaba mi esposa cada 10 minutos, vente; no, está bien fuerte la balacera, está más peligroso irnos pa' allá, capas pa' allá está igual de fuerte".

Afectados por las balaceras

Vidrios rotos y restos de los autos siniestrados.

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