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'Una Tacoma gris me sacó del camino, cuando regresaba a casa con mi hija'
Humberto recuerda cómo el 17 de octubre de 2019, en Culiacán, una camioneta sacó a su auto del camino. Fue el Jueves Negro, el día que se desataron hechos violentos en toda la ciudad
José Abraham Sanz / Belem Angulo
17/10/2020 | 5:16 PM
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Foto: Tomada de video

CULIACÁN._ Paloma, de 10 años, está recostada en el asiento trasero del Ford Fiesta de su papá; va en posición fetal después de una jornada de colegio. Juega con las manos, despreocupada, mientras su padre conduce por el bulevar Niños Héroes rumbo a Las Quintas, al oriente de Culiacán.

Ambos tienen hambre, hace calor y el sol les cala si no se protegen en la sombra.

Son poco después de las 3:00 de la tarde del 17 de octubre de 2019, en Culiacán, Sinaloa.

La actitud despreocupada de Palomita, como le dicen de cariño, fue cortada porque los sorprendió un golpe seco por alcance. Crack. Ella tiene que manotear y detenerse entre los respaldos de los asientos para evitar caer al suelo del automóvil por la sacudida, mientras su papá Humberto pilotea y con habilidad retoma el control del volante.

Busca por el retrovisor, pero no halla. Crack, otro embate. Crack, truena, y su cabeza se mueve hacia atrás como la de un muñeco de trapo, sacudido; después la sensación de ser empujado unos metros, esa sensación de ser llevado a donde no quieres.

“Era una camioneta Tacoma gris, de modelo nuevón”, recuerda Humberto, un asesor legal y financiero de 39 años de edad.

“Llegó por atrás y me chocó... me sacó de la calle. Yo venía a una velocidad considerable, pero la camioneta venía mucho más rápido y me venía empujando”.

JUEVES NEGRO: El día que el narco fracturó a Culiacán

Ni Humberto ni la mayoría de los culiacanenses sabían, hasta esos momentos, que un comando combinado de efectivos del Ejército mexicano, la Guardia Nacional y la desaparecida Policía Federal, había confirmado, localizado y rodeado un domicilio en el sector Tres Ríos de Culiacán en donde se encontraba Ovidio, uno de los hijos del líder del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera.

El operativo, que inició desde las 14:30 horas, provocó una violenta reacción del crimen organizado y salieron a las calles cientos de civiles, en su mayoría jóvenes, vestidos con fornituras, chalecos blindados y armados con rifles de asalto AK-47 y Barrett en vehículos acondicionados con blindajes domésticos.

Ovidio, como si estuviera dentro de un panal de abejas recién golpeado por los enfrentamientos entre civiles armados y el Ejército, decidió entregarse a las 15:15 horas.

El gobierno, según admitió después la Secretaría de la Defensa Nacional, estaba preparado para una reacción, pero no para una que pudiera hundir a la ciudad en caos, fuego, ceniza, violencia y muerte.

Por ello fue que el Ejército implementó como operativo de apoyo cuatro puntos de contención alrededor del lugar donde se encontraba el objetivo, tres de ellos ubicados por el bulevar Enrique Sánchez Alonso.

En cuestión de unos minutos, grupos de civiles armados comenzaron a circular por diferentes sectores, provocando con disparos en el cuartel de la Novena Zona Militar, y bloqueando y amedrentando a automovilistas en puntos cercanos al área.

Los de la Tacoma gris que golpearon el Ford Fiesta de Humberto eran parte del operativo del crimen organizado para liberar a Ovidio.

“Pensé que era una situación normal, estos que me chocaron”, recuerda Humberto, “voy a alcanzarlos ahí adelante, pero iban en otro plan más violento. Ya vi que era otra situación con ellos, pensé que eran unos rateros, hasta que ya, cuando subí al puente, los vi parados”.

“En ese puente (el Benito Juárez) más tarde quemaron un carro y hubo balacera ahí”.

El operativo del Ejército se instaló a la altura de la Fiscalía General del Estado, en el crucero con Josefa Ortiz de Domínguez y el crucero con Universitarios. Los primeros enfrentamientos se registraron en esa zona.

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