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COLUMNA
Vértigo: Doble amante, amante doble
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
18/06/2018 | 1:20 PM
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Foto: Cortesía

Doble amante, amante doble (L'amant double, Francia-Bélgica, 2017), el más reciente largometraje del prolífico e inquieto Francois Ozon (Bajo la arena/2000, 8 mujeres/2002, Swimming Pool: Juegos perversos/2003, 5x2/2004, Tiempo de vivir/2005, El refugio/2009, Mujeres al poder/2010, En la casa/2012, Joven y bella/2013, Frantz/2016), estrenada este fin de semana en Culiacán, es un delirante thriller erótico-psicológico que bien podría haber sido una obra mayor en manos del Brian de Palma de Vestida para matar (1980), Doble de cuerpo (1984), Mujer fatal (2002) o más recientemente, Pasión, un asesinato perfecto (2012).

De hecho, visualmente hablando la cinta es un deleite, pues al igual que Brian de Palma, Francois Ozon es incapaz de montar ineptamente una puesta en imágenes. El problema, por lo menos en este caso, es la historia de la cinta, basada "libremente" -así dicen los créditos- en una novela de Joyce Carol Oates.

La joven exmodelo Chloé (Marine Vacth) sufre de continuos dolores en el vientre pero, después de innumerables estudios, su ginecóloga llega a la conclusión que su padecimiento no es fisiológico sino psicosomático, así que le recomienda ver a otro tipo de especialista.

Así pues, Chloé empieza a tratarse con Paul Meyer (Jérémie Renier), un serio y muy profesional psiquiatra, con el cual empieza a sentir no solo cierto alivio de sus dolores, sino también algo más, hasta llegar a convertirse en su noviecita (no tan) santa...

A partir de este momento, la historia, adaptada por el propio cineasta, da una serie de vuelcos argumentales que parecerían autoparódicos si no fueran interpretados y visualizados por Ozon con toda la seriedad del mundo.

El cinecritico Michael Koresky, una de las plumas más confiables de la revista estadounidense Film Comment, ha escrito, con toda razón, que la trama de Doble amante, amante doble es digna de alguna película direct-to-video de los años noventa -haga de cuenta de las que pasaban (¿o siguen pasando?) en las Noches de Clímax de la televisión por cable-, lo que asegura que el asunto termine en el más completo de los ridículos pero, también, que sea compulsivamente entretenida de principio a fin.

La verdad, tanto la maestría visual de Ozon como el humor ¿involuntario? de la historia hace que uno termine de verla, compulsivamente, hasta el final.

Comentarios: en la página web www.ernestodiezmartinez.com, en la cuenta de twitter @Diezmartinez y en el correo electrónico ernesto.diezmartinez@gmail.com

 

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