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COLUMNA
Vértigo: Nace una estrella
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
13/10/2018 | 04:01 AM
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Foto: Internet

Es probable que el lector haya visto alguna de las cuatro anteriores versiones hollywoodenses de Nace una estrella (A Star is Born, EU, 2018). Si no es así, sospecho que de todas formas su historia le resultará bastante familiar.

Desde la primera versión, What Price Hollywood? (1932), dirigida por un joven George Cukor, la historia no era particularmente original: un director de cine, decadente y alcohólico (Lowell Sherman), toma bajo su manto a una talentosa jovencita (Constance Bennett) que sueña con ser actriz; el ascenso de ella se contrastará con la caída de él.

A partir de entonces, ha habido otras versiones: la primera “oficial”, Nace una estrella (Wellman, 1937), con Janet Gaynor y Fredric March; y las cintas homónimas de 1954 –con Judy Garland y James Mason, dirigida de nuevo por George Cukor- y de 1976 –con Barbra Streisand y Kris Kristoferson, dirigida por Frank Pierson. Más allá de algunos cambios menores, la estructura dramática es idéntica: somos testigos del nacimiento de una estrella y del trágico declive de otra.

La nueva versión, dirigida, protagonizada, producida, escrita y, ¡uf!, con canciones interpretadas y/o compuestas por Bradley Cooper, sigue fielmente el mismo patrón con algunos asegunes. Para ser específicos, hay dos elementos claves distintos a las versiones anteriores.

Primero, Nace una estrella 2018 no está interpretada por una actriz establecida y hasta oscareada –ese fue el caso de Gaynor y Streisand-, sino que la debutante en cuestión es encarnada por Lady Gaga, quien no necesita presentación en el mundo de la música pero que nunca había protagonizado una película. Y a ratos, especialmente hacia el final, eso se nota.

En segundo lugar, el protagonista masculino es interpretado, como ya lo anoté, por el director/productor/coguionista/cantante/compositor Bradley Coopor, por lo que su personaje adquiere, a veces, mayor peso que ella. De hecho, en la segunda parte del filme, Nace una estrella se convierte, más bien, en Muere una estrella.

Por lo mismo, el guión –firmado por Cooper en colaboración con Eric Roth y Will Fetters- nos brinda una inútil explicación del comportamiento autodestructivo del cantante y compositor de rock-country Jackson Maine (Cooper himself) –que si perdió su madre al nacer, que si su infancia fue difícil, que si el papá era un anciano borrachales- porque en buena parte del cine hollywoodense del nuevo siglo hay que proporcionarle una justificación a todo mundo, aunque no la necesite.

 Eso sí, por lo menos Cooper es mejor actor que cineasta. Mientras su puesta en imágenes es no más que funcional -la excepción son sus escenas de conciertos, muy bien montadas- su actuación –incluyendo la vocal- es bastante convincente, y algunas de las canciones -“Shallow”, en dueto con Lady Gaga; “Maybe It’s Time”, él solo-, no están nada mal.

En lo que respecta a Lady Gaga, ella está mejor en la primera parte de la película, cuando la mesera y ocasional cantante en bares gay Ally es descubierta por Jackson cuando ella interpreta, cual desatada Edith Piaf del Siglo 21, “La vie en rose”, con todo y cejas dibujadas.  

 En la segunda parte del filme, cuando es necesario un trabajo actoral más demandante y dramático, es obvio que Lady Gaga no está preparada para ello –o eso pensó su director y coprotagonista Cooper, en todo caso-, pues cierta escena climática de esta versión de 2018 es muy diferente a la de las anteriores, especialmente la de 1954. Pero, bueno, también es cierto que Lady Gaga no puede competir en ese terreno con Judy Garland.

 Un último apunte: la Ally de Lady Gaga se empieza a transformar en la Lady Gaga que todos conocemos –con todo y bailarines de fondo, pelucas y poses ad hoc- en la segunda hora del filme y es en ese momento cuando el Jackson Maine de Cooper le advierte y hasta le reprocha que está “vendiendo” su talento, que está dejando de ser “ella misma”.

Un interesante elemento meta-narrativo que, por desgracia, Cooper plantea y no desarrolla: ¿la fama que ha logrado la Ally de Lady Gaga o, mejor dicho Lady Gaga a secas, ha sido ganada vendiendo su alma al diablo? Si es así, la vendió bien.

 

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