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COLUMNA
Vértigo: ¡Shazam!
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
12/04/2019 | 3:46 PM
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Foto: Cortesía

Érase una vez un súper-héroe que no quería nada más que encontrar a su familia. Y érase una vez un villano que lo único que deseaba era, en contraste, alejarse de su familia; o, mejor dicho, castigarla. En ¡Shazam! (Shazam!, EU, 2019), el más reciente largometraje del DCCU–es decir, el DC-Cinematic Universe- todo queda en familia: no solamente los respectivos orígenes del héroe y del villano, sino algunos de los mejores momentos –o, bueno, tampoco exageremos: los más pasables- de la cinta dirigida por el especialista en cine de horror David F. Sandberg (ópera prima no vista por mí Cuando las luces se apagan/2013, efectiva secuela del Universo Cinematográfico de El Conjuro, Annabelle 2: la creación/2017). En ¡Shazam! la familia es, pues, el origen de todo lo bueno y lo malo que le espera al individuo en el resto de su vida. 

Es curioso como las dos casas competidoras súper-heroicas (Marvel y DC) han estrenado con unas semanas de diferencia dos películas basadas en el mismo personaje de cómic, y más curioso aún que en ninguno de los dos filmes los protagonistas usan su nombre original, Capitán Marvel. Hagamos historia: ¡Shazam! fue creado en 1939 por Bill Parker y C.C. Beck para la desaparecida Fawcett Cómics, que publicó el primer número de Captain Marvel en febrero de 1940. El personaje –un niño de la calle, Billy Batson, que se convertía en un súper-héroe adulto al decir el acrónimo SHAZAM (para adquirir los poderes de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio)- fue tan popular que incluso llegó a vender más ejemplares que su competidor de DC Cómics, Superman. De hecho, el personaje llegó a pantalla grande casi de inmediato y antes también que Superman, con Capitán Maravilla (English y Witney, 1941), un serial producido por la casa especializada en cine-de-serie-B Republic Pictures y que incluso llegó a estrenarse en México.

Por supuesto, el éxito del Captain Marvel no le gustó mucho a DC-Cómics, que acusó de plagio a la casa Fawcett, pues el héroe en el que se convertía Billy Batson se parecía demasiado a Superman: velocidad, fuerza, capacidad de volar, mirada de rayos láser y demás menjurjes. Al final, DC ganó el pleito y el derecho a usar el nombre de Captain Marvel que luego la compañía perdió, precisamente, ante la casa Marvel. Así pues, desde hace rato el Capitán Marvel pertenece al Marvel Cinematic Universe, aunque en su reciente presentación, en Capitana Marvel (Boden y Fleck, 2019), se ha elegido desarrollar la variante femenina del personaje, mientras que DC ha rescatado al Capitán Maravilla original, peeeeero como legalmente no puede usar su nombre, ha sido rebautizado como ¡Shazam! –aunque, en realidad, el propio protagonista nunca se identifica a sí mismo así en ningún momento de la película.

En fin, si he invertido tanto espacio para contar las broncas legales del personaje es porque, ya lo habrá adivinado, ¡Shazam! es the same old shit en cuanto a cine de súper-héroes se refiere. Es cierto que el guión de Henry Gayden se permite algunos juegos con la fórmula –la conversión del chamaco de 14 años Billy Batson (Asher Angel) en súper-héroe adulto (Zachary Levi) tiene más de un guiño a la encantadora comedia ochentera Quisiera ser grande (Marshall, 1988), hay un muy divertido rolling-gag en un changarro de alitas fritas y desnudistas y, además, en el enfrentamiento final entre héroe y villano (Mark Strong) hay una carcajeante burla a la nolanesca manía de que el maloso lance los típicos choros aburridos y larguísimos-, pero también es cierto que con todo y estos puntos a favor, la película no se eleva nunca por encima del nivel más elemental y menos arriesgado. 

Estamos ante un simple palomazo que puede resultar entretenido en su ligereza y puerilidad, pero que luego se vuelve cansino en la última parte, cuando vemos la misma pelea de siempre, que sabemos no solo que terminará como siempre, sino que, además, sabemos perfectamente que nadie saldrá lastimado, nadie corre peligro y si, en dado caso, a alguien llegara a pasarle algo, no hay de qué preocuparse. De seguro luego revivirá… como sucederá en los siguientes días con ya-saben-quiénes.

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