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COLUMNA
Vértigo: Siempre te esperaré
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
07/08/2018
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Foto: Cortesía

¿Desde cuándo Wim Wenders no dirige una cinta satisfactoria? Pregunta retórica: si exceptuamos un par de documentales biográfico-artísticos (Buena Vista Social Club/1999 y Pina/2011), tendríamos que remontarnos a su buen thriller angelino El fin de la violencia (1997) para encontrar un filme realmente logrado.

Por desgracia, Siempre te esperaré (Submergence, EU-Alemania-Francia-España, 2017), su más reciente largometraje, no rompe esta mala racha: estamos ante otra fallida raya más de un tigre tristemente muy devaluado. Más triste aún si se recuerda ques Wenders fue, alguna vez, un cineasta importante, sea en su propio país natal, Alemania, con Las alas del deseo (1987), sea en Hollywood, al dirigir esa obra maestra de los años 80 llamada París, Texas (1984).

Pero eso pasó hace mucho tiempo y parafraseando una bien conocida frase, no es lo mismo París, Texas, que (más de) 30 años después. En fín, qué remedio.

En Siempre te esperaré, la bonita biomatemática trotamundos Dannielle Flinder (Alicia Vikander) y el guapito espía escocés disfrazado de ingeniero hidráulico James More (James McAvoy) se encuentran en un precioso hotel-boutique en el norte de Francia, se enamoran a primera vista y luego hablan, hablan y hablan hasta aburrir al respetable.

No tiene nada de malo que en una cinta romántica los personajes se la lleven hablando –eso hacen, todo el tiempo, infinidad de personajes en el cine romántico francés, especialmente en las películas de Eric Rohmer-, pero los choros mareadores que nos recetan aquí, que tienen que ver con los misterios del océano y con el origen del terrorismo, no son particularmente interesantes, por más que Vikander y McAvoy se vean muy chulos cuando platican, ríen y se abrazan. De hecho, la presencia de este par de estrellas, más la belleza fotogénica del norte galo y los impresionantes paisajes de las Islas Feroe ayudan a que el aburrimiento sea un poco más soportable.

El fracaso de esta cinta es de lamentar, porque entre los intersticios de tanta cursilería, hay una valiosa subtrama, que tiene que ver con cierto médico somalí (Alexander Siddig) que trata de cumplir con su vocación, al mismo tiempo que abraza fanáticamente la jihad. En esta insalvable contradicción había una buena película que no fue. A lo mejor para la próxima, Herr Wenders. O a lo mejor ya no.

Comentarios: en la página web www.ernestodiezmartinez.com, en la cuenta de twitter @Diezmartinez y en el correo electrónico ernesto.diezmartinez@gmail.com

 

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