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COLUMNA
Vértigo. DVD Verse: No te preocupes, no irá lejos
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Ernesto Diezmartínez Guzmán
12/02/2019
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Foto: Cortesía

Después de debutar con la cinta marginal gay Mala noche (1986) y ganarse, por derecho, propio, un espacio en el naciente cine indie norteamericano de los 80/90 con Drugstore Cowboy (1989) e Idaho: el camino de mis sueños (1991), el cineasta estadounidense Gus Van Sant ha optado por seguir una carrera cinematográfica que parece estar basada en la conocida estrategia del autor fílmico trabajando en Hollywood: “una para mí, otra para ellos”.

Es decir, por cada cinta personal-experimental-arriesgada que realiza  (Elefante/2003 o Paranoid Park/2007), Van Sant dirige luego algún vehículo de lucimiento para su estrella hollywoodense en turno (por ejemplo, Descubriendo a Forrester/2000 o Milk/2008) o, incluso, algún digno Oscar-bait (la multinominada y oscareada Mente indomable/1997).

El filme de transición en la carrera de Van Sant fue la negrísima sátira Todo por un sueño (1995) que funcionó como eficaz escaparate para su entonces joven estrella en ascenso –una veinteañera Nicole Kidman- y, también, para demostrar que Van Sant podía trabajar con las reglas de la industria hollywoodense, sin renunciar a cierto grado de subversión genérica ni a una siempre audaz búsqueda estilística.

Su décimo-séptimo largometraje, No te preocupes, no irá lejos (Don’t worry, he won’t get far of foot, EU-Francia, 2018), disponible en DVD/BR de importación, pertenece a esta estirpe. Así pues, he aquí la historia de un tipo que, a causa del exceso de tragos, terminó parapléjico en cierta noche de estupor alcohólico. A pesar de todo, el hombre pudo ponerse en pie (pun intended), pues se convirtió en un célebre caricaturista en su natal Portland y, luego de pasar por los doce famosos pasos de Alcohólicos Anónimos gracias a su noble “padrino” gay y ricachón, pudo encontrarle sentido a su vida alejado de la botella.

Tratándose de Van Sant, el guion escrito por él mismo basado en la autobiografía del caricaturista John Callahan (1951-2010), evita toda ñoñería por el tipo de personaje biografiado y porque, además, se aleja lo más que puede de los convencionalismos narrativos de la clásica biopic inspiradora, al optar por una estructura asincrónica y fragmentada, construida a partir de una virtuosa edición del propio cineasta en colaboración con David Marks.

Así pues, nos acercamos a la historia de Callahan (Joaquin Phoenix) a partir de una bien calibrada estructura objetiva/subjetiva que nos muestra los confusos recuerdos de personaje, sus propios testimonios catárticos (en sus reuniones de Alcohólicos Anónimos, en alguna participación pública) y hasta un regocijante encuentro con una pandilla de chamacos que lo levantan después de haberse caído de su silla por andar hecho la mocha por todas partes. Avanzando y retrocediendo en el tiempo, saltando entre un espacio y otro, conocemos al Callahan antes y después del accidente que, hasta cierto punto, sigue siendo la misma persona, solo que ahora está atada a una silla de ruedas y, por lo mismo, obligada a hacer algo con su vida y su nueva condición. Así que, ¿por qué no dibujar? ¿Y ya entrados en gastos, por qué no usar esos cartones para recordarle a la gente que él podrá no caminar, pero sí puede hablar, pensar, dibujar, reír y provocar?

Phoenix logra, para variar, una interpretación notable tanto en el papel de irreprimible e irresponsable borrachales como de ingobernable pero carismático parapléjico (y también borrachales), atravesando calles a toda velocidad, luchando para abrir alguna botella de vino con sus disfuncionales manos, seduciendo a alguna bellísima terapista-aeromoza (angelical Rooney Mara) con su puro verbo.

Sin embargo, si hay que romper una lanza por alguien en este muy satisfactorio filme de Van Sant, déjenme hacerlo por Jack Black, quien aparece unos cuantos minutos, robándose todos y cada uno de ellos. Primero, como una extensión alcohólica del mismo Jack Black expansivo de siempre y luego, hacia el final, en una breve pero poderosa escena de perdón y humanidad que funciona por el tipo de personajes que son y por la clase de actores que los encarnan. Ah, y por supuesto, por el cineasta que los dirige.

 

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