Este medio electrónico utiliza cookies para mostrar contenido personalizado y publicidad segmentada relacionada con sus preferencias. Si continúa en nuestro sitio o aplicaciones, entendemos que otorga y acepta plenamente que sus datos recabados serán utilizados mediante las disposiciones y términos de nuestro aviso de privacidad.
COLUMNA
Vértigo. Spider Man Un nuevo universo
.
Ernesto Diezmartínez Guzmán
12/01/2019
Marcar como favorita
Foto: Cortesía

Mea culpa: bajé la defensa en los minutos iniciales de Spider-Man: un nuevo universo (Spider-Man: into the Spider-Verse, EU, 2018), cinta animada de Sony Pictures Animaton y la casa Marvel. En esas primeras escenas, nuestro “amistoso” y bien conocido amigo, el Hombre Araña (voz de Chris Pine) nos cuenta en pocas palabras y a través de una precisa edición, sus orígenes y su historia, con referencias a los cómics clásicos, a su serie televisa sesentera y a sus apariciones cinematográficas –la trilogía dirigida por Sam Raimi, básicamente.

Cuando la voz narrativa llega a la tercera cinta de Raimi, el Hombre Araña confiesa que nadie se quiere acordar de “ese” momento y, entonces, la película dirigida ¡a seis manos! por Bob Persichetti, Rodney Rothman y Peter Ramsey, nos traslada a ciertas escarnecidas escenas en las que Peter Parker va caminando y bailando por las calles de Nueva York, cual John Travolta en Fiebre de sábado por la noche (Badham, 1977). Risas generalizadas entre el público.

El tono del argumento escrito por Phil Lord queda claro desde esos regocijantes minutos iniciales: estamos ante una comedia animada súper-heroica que no teme burlarse de sí misma, de sus personajes, de su planteamiento, de sus convencionales vueltas de tuerca. De hecho, no solo no lo teme, sino que ese es uno de sus objetivos.

En realidad, el protagonista de esta cinta no es el Hombre-Araña. O, en todo caso, no ese Hombre Araña sino cierto adolescente neoyorkino y afropuertorriqueño, Miles Morales (voz de Shameik Moore), quien es mordido, para variar, por una araña radioactiva y adquiere los poderes conocidos de Peter Parker, además de otros más, como lanzar descargas eléctricas y hacerse invisible (aunque no a voluntad, lo que es una lata).

Para hacer las cosas más complicadas –bueno, en realidad no tanto: solo más diversas y divertidas- en cierto momento del filme aparecen otros Hombres-Arañas –un cuarentón, divorciado, panzón y mal rasurado (voz de Jake Johnson); otro que salió de un cómic en blanco y negro de los años 30 (Nicolas Cage, nada menos)- y otros que ni hombres son, como la bien conocida Gwen Stacey (voz de Hailee Steinfeld), como una juvenil Mujer-Araña; una tal Peni Parker (voz de Kimiko Glenn), una adolescente japonesa que maneja un robot y que viene del futuro –o de cierta película dirigida por Guillermo del Toro-; y hasta un puerco-araña o Spider-Ham llamado, así como lo va a leer, Peter Porker (voz de John Mulaney).

Así como hay esta cantidad de hombres/mujeres/puercos araña, también hay villanos al pasto.

No nos entretengamos más: el chiste es que el líder de los malosos, Kingpin (Liev Schreiber), está buscando crear un portal a otras dimensiones por razones muy personales, lo que provoca que los demás Spider-Man/Woman/Anime/Ham lleguen a nuestra dimensión y traten de ayudar al jovencísimo Miles Morales, que ha heredado “el gran poder y la gran responsabilidad” del mismísimo Peter Parker original.

La historia escrita por Lord es, en sentido estricto, clásica: he aquí una cinta de maduración y crecimiento juvenil que, al mismo tiempo, funciona como la típica historia del origen de un nuevo súper-héroe, entrenado por un viejo héroe decepcionado –el Hombre Araña cuarentón y barrigón- que fungirá como escéptico tutor del irrefrenable chamaco.

Lo que destaca, en todo caso, de esta nueva película arácnida –la mejor cinta del Hombre Araña desde las dos primeras dirigidas por Sam Raimi- es, por un lado, su apabullante inventiva visual. La animación es una inestable mixtura entre lo digital y lo dibujado, como si estuviéramos viendo, en algunos momentos, una cinta realizada con la técnica rotoscópica. Los bordes se traslapan, los colores se separan, como si los personajes no pudieran permanecer en sus contornos. Además, la propia animación echa mano de la estética del cómic, con todo y paneles en el encuadre y globos de diálogo.

Finalmente, el humor contenido en el argumento es consistente desde el principio ya reseñado, hasta el hilarante final-final, en el que vemos cómo un meme se convierte en un desternillante gag genuinamente cinematográfico.

 

Notificaciones
Entérate antes que nadie
Recibe notificaciones en tu navegador
Al suscribirte estás aceptando los términos y condiciones de servicio
Comentarios
Elevemos la conversación
Noroeste cree en la conversación abierta y responsable. Por eso este espacio es exclusivo para suscriptores y usuarios registrados. Opina con respeto.
El resto del contenido es exclusivo para usuarios registrados de Noroeste
Acceso   Registro
Utiliza tu red social favorita
   
Mediante correo y una contraseña
Recomendamos para ti

Oportunidades