"15 años en el camino"
MAZATLÁN.- Al cumplirse 15 años de haber sido ordenado Obispo, Monseñor Espinosa Contreras hace una pausa en su andar y comparte su experiencia como pastor de la Iglesia católica, específicamente de la Diócesis de Mazatlán.
El tercer Obispo de Mazatlán llegó hace cinco años en sustitución del Rafael Barraza Sánchez, quien por motivos de edad había presentado su renuncia ante el Vaticano, todavía a cargo del Papa Juan Pablo II.
Fue el ahora Beato Juan Pablo quien, en 1996, nombró a Mario Espinosa Contreras Obispo de Tehuacán, a los 46 años de edad, y nueve años después ordenó su traslado a la Diócesis de Mazatlán, donde tiene como pasatiempo ir a caminar a la playa y asistir a conciertos al Teatro Ángela Peralta.
¿Cómo descubrió su vocación?
En general, desde que tuve uso de razón, más o menos sentía el llamado y gusto por la vocación sacerdotal, probablemente porque los seminaristas y padres estaban muy en mi referencia con mi papá, que era médico y trataba mucho médicamente a seminaristas y padres; yo, por ejemplo, todos los domingos lo acompañaba cuando pasaba la atención en los hospitales.
Creo que esa cercanía y también que mis padres nos enseñaron siempre todo los domingos ir a misa en familia, de que tuviera la catequesis, hice mi Primera Comunión a los nueve años, pero teniendo una base de formación muy buena y creo que todo eso influyó para que yo optara por la vida sacerdotal.
Entré a los 11 años al Seminario diocesano de Tepic, fui a su escuela apostólica en Jalisco, Nayarit, y ahí estudié en los inicios, después en el Seminario del Tecolote, en Tepic, siete años, posteriormente en el Seminario Pontificio de Montezuma y en el de Tula, Hidalgo.
¿Dónde fue ordenado?
Como sacerdote fui ordenado un 14 de julio de 1973, en la Catedral de Tepic, Nayarit, luego me desempeñé como presbítero durante 23 años, en los que desarrollé distintos oficios y ministerios, varios de ellos en relación a la formación sacerdotal y como maestro del Seminario y en la parte final estuve al frente de sacerdotes.
Como Rector de la Residencia de la Universidad Pontificia de México era maestro en la misma universidad, también tuve algunas clases en la Universidad La Salle, y también en el Centro de los Padres Carmelitas, que es un centro de especialización en espiritualidad. Duré siete años en estos ministerios relativos a la Universidad Pontificia de México, y de ahí fui elegido para ser obispo y recibí la Ordenación Episcopal un 11 de mayo de 1996, en el Seminario Diocesano de Tehuacán, Puebla.
¿Cómo fue el cambio de Tehuacán, Puebla, a Mazatlán, Sinaloa?
Son procedimientos muy frecuentes, que a un Obispo, después de un tiempo razonable, pueda ser llevado a otra sede, yo ya llevaba nueve años en Tehuacán y se creyó conveniente que viniera a Mazatlán, entonces se dio lo que se llama el traslado.
¿Qué significó dejar su primera Diócesis?
Normalmente se dan situaciones como en todos los seres humanos, cuando dejas un lugar es una separación, pero hay que ver que es positivo un cambio, y que se va a prestar un servicio, que habrá grandes valores y cualidades a donde uno va a llegar y habrá también deficiencias y necesidades, que como todos los humanos existen en todas partes y que hay que atender, pero es un proceso que uno tiene que vivir, que se vive, naturalmente, con dolor, pero al mismo tiempo con esperanza.
¿Qué encontró en Mazatlán?
Yo he encontrado siempre apertura y buena voluntad, disposición, he encontrado que la celebración de la eucaristía se vive con mucha participación, con mucha alegría, son asambleas en general muy vivas, y eso es muy valioso, hay también muchos laicos formados, muchos laicos muy comprometidos con la Iglesia, muchos de ellos son personas sencillas pero que dedican gran parte de su vida y de su voluntad al servicio de la misión de la Iglesia.
¿Cómo es un día normal en la vida del Obispo Mario Espinosa?
Los días pueden ser muy variados por el ministerio, pero un día ordinario es levantarme, hacer la oración de la mañana ante el Santísimo Sacramento, ir a caminar a la playa, el aseo personal, el desayuno.
Generalmente va un sacerdote a desayunar conmigo, diferente, para ver algún asunto; eso es de lunes a sábado, el domingo no.
Después de platicar con él, ya me vengo a la oficina, aquí estoy atendiendo personas; regreso a la casa, allá también alguna vez recibo alguna persona, previa cita, o algún presbítero; por la tarde leer, preparar algún escrito, después hacer la oración de la tarde, la celebración de la eucaristía. A veces celebro temprano en la mañana, a veces en la tarde, otras veces ahí en Catedral, a las 12 del día.
Con frecuencia, después del desayuno salgo a comunidad, acompañar alguna fiesta patronal; en el periodo de invierno-primavera voy a parroquias a hacer visita pastoral. Entonces es una actividad muy variada, también a veces hay que ir a algún acto que se presente, tratar con múltiples personas, de distintos ámbitos de la población.
¿Tiente tiempo libre?
Uno tiene que buscarlo, es muy favorable caminar, ojalá todos lo hicieran, yo siempre se los recomiendo muchos a los presbíteros: traten de hacer ejercicio, aunque sea caminar, porque eso es fundamental para la salud, pero en las noches suelo ver las noticias, veo el noticiero en las noches, a veces combinando canales, me gusta ver algún análisis de algunos analistas políticos, muy interesantes algunos de ellos.
Lo hemos visto con frecuencia en el Teatro Ángela Peralta ¿le gustan las artes?
Pues sí, es muy agradable y hay obras muy atractivas, de mucha riqueza cultural, a veces es posible asistir, otras veces no, a mí me agrada que en Mazatlán haya vida cultural, que haya esa formación especialmente de la escuela de las artes, que es un gran aporte, porque aquí en el sur de Sinaloa hay muchas capacidades para el canto, y eso es muy propicio que haya una escuela donde esas personas, muchachos y muchachas desarrollen las capacidades que Dios les dio.
¿Qué se necesita para ser obispo?
Es un llamado de Dios, también, como el sacerdocio. Cuando alguien va a ser nombrado obispo se hace previamente una investigación muy abundante, la hace el Nuncio Apostólico, se le consulta a alrededor de 50 personas, entre presbíteros, obispos, se consulta también a algunos laicos, algunas religiosas, y se trabajan los testimonios, son cuestionarios muy largos y a veces a uno le toca hacer para otra persona.
En la nunciatura los trabajan, hacen una síntesis y mandan todo el expediente ya sintetizado a Roma, donde sigue otro escrutinio, se analiza, y finalmente se presenta al Papa tres expedientes sintetizados, conjuntados, normalmente una vez por semana va el Cardenal encargado de la Congregación de Obispos y le presenta una terna, se leen los tres expedientes que van muy sintetizados y el Papa elige entre ellos a uno.
¿Qué labores debe realizar un obispo?
Un Obispo debe favorecerla comunión, anidad, la armonía, el buen entendimiento, así como Jesucristo vino para que los hijos de Dios que estaban dispersos se congregaran en la unidad de su Iglesia, es fundamental para el obispo la labor de estar propiciando un clima de buena voluntad de unos para otros, de entendimiento, de armonía, si llega a haber una dificultad tratar de que se allane, de que se viva la reconciliación y el perdón y que prevalezca siempre ese entendimiento, esa comunión, ese espíritu fraterno, y al mismo tiempo estar preocupado de acompañar la fe, la esperanza y la caridad del pueblo de Dios, la evangelización y que llegue esa evangelización a más y más personas.
A nivel pastoral ¿cuales son los retos más grandes de la Diócesis de Mazatlán?
Por una parte formar a las personas que recurren a las iglesias, de estar en la formación permanente de ellos formar a los laicos comprometidos en la formación siempre permanente, tratar de ir llegando a los alejados de distintas maneras y formas y un medio es a través de los medios de comunicación social y también tratando de acceder a los distintos ámbitos.
Monseñor Espinosa Contreras estaba en la Ciudad de México cuando fue llamado a ser parte del Episcopado, como su destino era la Diócesis de Tehuacán, allá fue ordenado como obispo, en presencia del Cardenal Norberto Rivera Carrera, que había sido el anterior Obispo de Tehuacán, a quien sucedió en el cargo.
Recibió la Orden Episcopal de manos del ya fallecido Cardenal de Monterrey, Antonio Adolfo Suárez Rivera, quien siendo Obispo de Tepic, en 1972 lo ordenó Diácono y al año siguiente sacerdote, en la Catedral de Tepic.
Una coincidencia singular que el Obispo de Mazatlán comparte con el Arzobispo de Tlanepantla, Carlos Aguiar Retes, quien es su compañero de generación y estudios, entraron juntos al Seminario de Tepic y terminaron juntos la formación sacerdotal en Tula, Hidalgo.
Después trabajaron juntos ocho años en el Seminario de Tepic, en distintas actividades, muy singular que de ese grupo de sacerdotes nayaritas salieran dos obispos.