"A la búsqueda del jaguar"
Acatitán, un lugar de avistamientos del puma y del jaguar, ofreció un museo comunitario; y Agua Caliente de los Yuriar, una caminata y visita a zona de petrograbados; San Ignacio lucha por ingresar a mantener un equilibrio entre su ecología, su desarrollo y su propio turismo
SAN IGNACIO._ Sabía que tenía la escopeta, recordaba Luis Rodríguez, pero estaba muy grande. No se animaba a dispararle, porque a lo mejor y lo único que podía hacer es que se enojara y se le dejara venir.
No era la primera vez que estaba frente a un "tigre", como le llaman ellos, aunque en realidad es un jaguar, y también en otra ocasión le ha tocado ver "leones", como le dicen a los pumas, pero igual asusta y el primer instinto era matarlo, más por una cuestión de supervivencia.
Hoy en día, Luis asegura que sigue yendo a cazar al Cerro del Púlpito, que se le conoce así por una deformidad que sobresale entre la figura natural, muy cercano a la comunidad de Acatitán, en el municipio de San Ignacio; pero ya no piensa en matar felinos.
Ese cambio de mentalidad merece a una serie de actividades realizadas a cuentagotas y que ayer tuvo su primer gran examen.
Bosque a Salvo, un organimo de asistencia privada y cuyos fundadores tienen sus orígenes familiares en Acatitán, convocó a un grupo de al menos 30 turistas locales y extranjeros para participar por primera vez en el Corredor Biológico del Jaguar.
Los locales ofrecieron un museo con fotografías de jaguares y otros felinos y animales silvestres originarios de la zona, limonada de atención, mazorcas de recuerdo e historias locales en Acatitán.
Además de una caminata de 3 kilómetros a campo traviesa, que incluyó traspasar el Río Elota a caballo o con pies descalzos y pantalones remangados; la visita a la zona arqueológica de petrograbados en Agua Caliente de los Yuriar y un estofado o mole de pollo.
La combinación ofrece un turismo diferente. Que lleva una intención social y de apoyo entre los pobladores.
La idea de un turismo alternativo
Para adentrarse al corredor, desde Mazatlán hay que salir al norte por la carretera libre y viajar una hora. Adentrarse a la zona serrana a través de la sindicatura de Elota.
Después de atravesar el pequeño pueblo señorial, con sus casas pintadas entre guinda y color crema, el viaje continúa con 12 kilómetros de carretera -hay que pasar por el poblado Ensenada- y al menos otros 10 minutos de camino de terracería para entrar al municipio de San Ignacio.
En Acatitán la gente vive de animalitos, cuenta Luis y le hace segunda José Manuel, ambos oriundos del lugar. También hay que sembrar maíz y fabricar carbón.
"Pero nos parece que en algún momento se iban a acabar los árboles", recalcó Rosendo Castro, un empresario quien con un grupo de amigos se decidió a hacer este organismo.
Castro sabía de la condición compleja de la comunidad. Abandonada por la cabecera de San Ignacio -por la lejanía- y por el municipio de Elota, con el cual colinda, pero no es su responsabilidad jurisdiccional.
Y entonces, desde hace dos años, con el pretexto de la tala natural y las condiciones del lugar, se decidieron a crear la organización y realizar estudios de botánica, arqueológicos y de terreno. Los resultados han sido sorprendentes.
El proyecto no sólo abarca Acatitán, también los poblados de Agua Caliente de los Yuriar y San Agustín.
"La zona sirve como un corredor de estos animales que van hacia la única región de la selva", dijo Castro.
Además de los jaguares y pumas, en la zona también viven el jabalí, coyote, tejón, mapache y zorrillos.
Apoyados por el programa de empleo temporal, y respaldados por la Comisión Nacional de Áreas Protegidas, los habitantes hoy en día no sólo respetan el lugar para la tala que usan para fabricar carbón, también lo protegen.
Han limpiado y lineado con piedras pintadas de cal los caminos, se logró que el Instituto Nacional de Arqueología e Historia se metiera de lleno al mantenimiento y cercado de los petroglifos de Agua Caliente y la limpieza del cementerio de la Hacienda del Cogote, que data de 1900.
El avistamiento del jaguar
Acatitán está catalogado como un lugar de avistamientos concurridos de varios felinos que están en peligro de extinción, como el jaguar, el puma o el ocelote.
Bosque a Salvo logró tramitar una decena de cámaras que se colocan por el monte, en dirección a la zona serrana, y éstan se encienden con el movimiento. Toman fotos cada 30 segundos .
Los resultados de este experimentos, que reubica las cámaras cada mes, se puede ver en un pequeño museo erigido a Acatitán y sus animales silvestres, donde la joya de la corona es una piel de jaguar que se expone a través de una vitrina y una breve historia.
El museo rural está en una casa que pertenece a los abuelos de Rosendo Castro.
Ayer los pobladores recibieron por primera vez a turistas extranjeros. En la entrada había mazorcas secas como recuerdos y se ofrecía a todos un vaso de limonada, sacada de una olla de barro y vaciada por una jícara.
La comunidad, en la que no viven más de 50 personas, tiene su historia -y personajes- que es relatada en el museo. Además se pueden observar pequeñas piezas de herramientas que los antiguos pobladores usaban.
Pero lo que más podría emocionar es lo del avistamineto del jaguar.
"Una vez me fui a cazar y estaba allá poquito antes de que amaneciera", recuerda Luis Rodríguez
"Traía dos perros. Y yo que me subo al mono ese (la roca que parece púlpito y por ello nombran al cerro así). Cuando oigo la pelencia de los perros; ínguiasu, dije, estos se empezaron a pelear, me fui corriendo y ya vi que andaban tramados con un jaguar... ¡era un tigrón!...
"Inguiasumadre, pos ahí los cargaban, se aruñaban, se mordían, pero hay como una banqueta, los perros ya no podían pasar y el animal aprovechó para irse".
n ¿El jaguar les tuvo miedo?
Les corrió por ahí. No le tuvieron miedo los perros, querían corretearlo. Se tramaron, lo traían del gaznate, pero se les fue. No pudo con ellos. Un animalón.
La piel del felino expuesto ahí tiene su historia junto a la de don Eusebio Mellado, que en el texto lo llama "indio chaparro". Eusebio se dedicaba a una práctica muy regular de la época, durante el primero tercio del siglo pasado. Él ganaba 10 pesos por cada piel de jaguar muerto.
Además, los hacendados solicitaban sus servicios, cuando los jaguares atacaban el ganado. La piel de jaguar en el museo pertenece a una felina que era buscada por cazar marranos.
La reina hormiga
y los soles
En la comunidad de Agua Caliente de los Yuriar los pobladores de unieron para ofrecer por primera vez servicios de anfitriones, guías, prestaron caballos para pequeños tramos, y hasta de restaurante.
La treintena de extranjeros llegaron al lugar, dejaron sus cosas y conocieron las aguas termales que le valió el nombre a la comunidad.
Aquí no hay niños, comentó una de las anfitrionas. Por eso cerraron la escuela, todos se han ido a estudiar afuera. Las familias que quedan son unas 20, hay 19 casas ocupadas.
A unos metros del solitario -y hoy abandonado- salón de clases pintado de granada deslavado hay una sendero demarcado por las piedras blancas. Ese lleva a un venero de agua caliente. Los pobladores han colocado un diminuto dique y clavaron un tubo para que facilite llenar recipientes.
La aventura aquí comienza con 3 kilómetros de caminata entre la opaca vegetación del lugar; caminata que incluye ascensos, descensos y miradores naturales que ofrecen una espectacular visión.
Hay que cruzar el naciente Río Elota -que se alimenta de la Presa El Salto- dos veces. Para eso son los caballos.
El destino fue acondicionado para recibir a turistas por el arqueólogo José Manuel Chávez, un oaxaqueño que se ha encargado de echar a andar al menos 15 proyectos que el INAH mantiene en los municipios del centro y sur del Estado desde hace cuatro semanas.
"Lo que hacemos es habilitar camino de acceso, delimitar los petrograbados, trabajar con la comunidad, básicamente enfocados al patrimonio cultural y arqueológico del estado", explicó Chávez.
"Y parte de que la gente obtenga un recurso, que se apropie de su patrimonio, que vea la importancia de cuidarlo y a mantenerlo".
Estos petrograbados, dijo, son del "postclásico", una época cercana al año 1200 Después de Cristo.
En ellas hay figuras en forma de caracol, circulares, algunos parecen humanos dibujados sólo por líneas o círculos fragmentados por líneas.
"¿Ustedes saben qué son esas cosas?", se cuestionó a algunos niños locales que fungieron como guías o fueron por curiosos.
"Pues, dicen que el que parece hormiga es la reina hormiga... y el otro es un sol", explicó una niña que recién ingresó a la telesecundaria. "Son varios soles, me parece. También dicen que uno parece extraterrestre".