"'Cada dos horas se movía el piso': Rosendo Flores"
CULIACÁN.- "Tenías que dormir con la ropa puesta. Con los zapatos flojos o por un lado de ti. El pasaporte y los documentos en las bolsas y con un sueño muy ligero.
"Mientras estábamos ahí, no pensábamos en otra cosa que salir de ahí, a como diera lugar".
Así resume el empresario sinaloense Rosendo Flores Esquerra, el final de su visita a Chile.
Apenas el viernes por la tarde, y vía Viña del Mar y Santiago, Chile; Ciudad Mendoza y Buenos Aires, Argentina, en 4 días; y Ciudad de México-Culiacán en el resto, regresó de toda una odisea por el Cono Sur del continente americano.
Rosendo, quien dirige las Farmacias Lux en Sinaloa, viajó el 20 de febrero a Chile, para visitar a su amigo Élmer Torres Cortés, también químico, junto con otros cinco amigos de México.
"Aprovechando, fui invitado al Festival Viña del Mar. Eso me obligó a estar allá a Santiago de Chile. Estuvo Paul Anka, Rafael y Arjona. Y todo estuvo muy tranquilo", recordó.
Pero, después de convivir y disfrutar una semana en ese país, en el cierre, llegó la estremecedora experiencia.
La noche del sismo
Flores Esquerra recordó a su llegada, después de ser abrazado por amigos y empleados en su oficina, los momentos del sismo que no causó tantos daños en Viña del Mar, ubicado a 120 kilómetros de Santiago y a alrededor de 300 de la zona de desastre.
"Me fui a mi hotel, ahí en Viña del Mar, cerquita de la Comuna Reñaca, como el Malecón de Mazatlán, es como pasar a Cerritos. Valparaíso, Viña del Mar y Reñaca", explicó. "Estaba en un hotel de 30 cuartos, llegué y estaba dormido, nada más sentí la pura cola del temblor. Empezó a vibrar fuertemente el hotel, a brincarse y moverse a todos lados y con un ruido ensordecedor, ahí fue cuando desperté, me paré, salimos al pasillo y nos pusimos a platicar".
"No nos dimos cuenta que el hotel ya estaba desalojado, nos quedamos ahí y nos volvimos a meter, nos dormirnos... pero al ratito volvió a temblar, volvimos a platicar y nos volvimos a dormir".
Rosendo recordó que al día siguiente entendieron la magnitud el problema, pero debían regresar a Santiago, para tomar el vuelo a México por la tarde.
"Entendimos de la magnitud del problema, comenzaron los rumores de tsunamis, de réplicas... llegamos como a las 11 ó 12, fuimos al aeropuerto y encontramos a los soldados resguardado, que estaba cerrado hasta nuevo aviso, que la torre de control había sufrido algunos desperfectos", recordó.
"Era sábado al medio día y haz de cuenta que había toque de queda, todo cerrado, nadie en la calle, ni un carro circulando y empezamos la tediosa búsqueda de hoteles".
El culiacanense y sus amigos lograron salir sin rasguño, pero sentían que el peligro era latente.
"Cada dos horas se movía el piso, se sentían las réplicas. La gente no se quería subir ni meter a los cuartos, se quedaban en los lobbys, sacaban cobijas y ahí se quedaban a dormir", dijo.
Emprende regreso a casa
Con el maltrato de las réplicas y el miedo, Rosendo y sus amigos no soportaron y buscaron una solución.
"Nos dijeron que nos saliéramos a Buenos Aires, vía Santiago-Ciudad Mendoza y Buenos Aires, pero no había rutas de autobús a Mendoza", explicó.
Para llegar a esa ciudad argentina había que atravesar la cordillera de los Andes, por un camino de 400 kilómetros, en un trayecto de 8 a 9 horas.
"El lunes, muy temprano, amaneció la línea aérea, no abrieron, pero se presentó la gerente. No sabían cuándo iban a abrir el aeropuerto. Nos dijeron que para el miércoles o jueves se abriría el aeropuerto", recordó. "Pero si no se abría, nosotros tendríamos que esperar hasta el sábado o domingo, y dijimos que no, porque no aguantábamos las réplicas constantes".
"Pero nos hicieron el favor de cambiar los boletos de Buenos Aires a México".
Por la tarde, del lunes, lograron abordar un autobús con rumbo a Mendoza.
"Llegamos la madrugada del martes, pasamos la noche ahí en Mendoza, porque hasta el otro día había viajes a Buenos Aires. En camión haces 12 horas, y en avión hora y media, está lejos. En la ciudad tampoco había muchas habitaciones hoteles", explicó.
"Y luego en el avión nos agarró ahora una tormenta, en el vuelo, que se meneó peor que 100 réplicas, pero lo bueno es que ya estábamos arriba".
En Buenos Aires tuvieron que hospedarse 2 días más.
"Hasta que el jueves, a las 11 de la noche salimos en Aeroméxico, de Buenos Aires, en una travesía 10 horas. El viernes entre 5 y media y 6 de la mañana, llegamos a México", dijo.
--¿Sintió mucho miedo?
Claro. Los rumores de tsunamis, las réplicas. Y eso que no llegamos a estar estrictamente en la zona de desastres. Pero la idea era salir de ahí a como diera lugar.
--Y, ¿prepararía sus boletos y maletas para ir a Viña el año siguiente?
No (ríe). Me sale más barato y mucho mejor mandarle el boleto y que se vengan para acá.
"Empezó a vibrar fuertemente el hotel, a brincarse y moverse a todos lados y con un ruido ensordecedor, ahí fue cuando desperté, me paré, salimos al pasillo y nos pusimos a platicar".
Rosendo Flores Esquerra
Culiacanense testigo del temblor en Chile