"Ciudad polinuclear vs el sinapismo urbano"
Adrián García Cortés
"Y la presumida rana, furiosa, se hinchó y
se hinchó y se hinchó
hasta que reventó
en mil pedazos". Fábula de Esopo
"Ha nacido una megalópolis monstruosa; ¡meditemos porqué ya no podemos combatir contra ella! Y no hay que alegrarse porque la Ciudad de México crezca; que su desarrollo centralista es cáncer.
"Dentro de 10 años la Ciudad de México habrá llegado a su límite de crecimiento porque no podrá resistir una población mayor de 4 millones de habitantes.
"He aquí la moraleja de una ciudad que quiso crecer tanto, como la rana de la fábula, hasta que reventó".
Estas tres admoniciones, entre muchas más, fueron dichas por un distinguido investigador urbano, el ingeniero arquitecto David Cymet a mediados del siglo pasado. Publicadas en la Revista Ciudad, que el autor de este Análisis editó durante una década, la retrotrae sólo como una referencia de cuando ha ocurrido no solo en la capital de la República y otras ciudades mexicanas, sino también de lo que pueda suceder en los desarrollos futuros de nuestras urbes actuales, incluso Culiacán.
Por lecciones no queda;
la historia las refrenda
En el momento que Cymet hacía tales advertencias, las ciudades mexicanas convertían al campesino en obrero, con los consiguientes derivados que nunca fueron ponderados en su magnitud sobre los ensanches citadinos. Solamente en la Ciudad de México, de un millón 229 mil 576 habitantes que había en 1930, en dos década pasaron a 3 millones 049 mil 367, y en la capital se concentró el 35 por ciento del país de las industrias del país. Hoy en la Ciudad de México existen 8 millones, y en el resto del valle, en zona conurbada o de emplazamiento urbano continuo, otros 12 millones.
Por la época, en otras dimensiones del planeta se hacían las mismas advertencias. París clamaba, por ejemplo, en más espacios libres; Londres revisaba sus ensanches urbanos y se iba por la organización vecinal. En México, a donde apenas llegaban la ciencia urbanística vía los despachos privados de arquitectos e ingenieros, y más particularmente de los ingeniero-arquitectos egresados del Instituto Politécnico Nacional, el Estado de manera sectorial tomaba el problema tibiamente temeroso de que en el ordenamiento urbano se perdiera el poder del mando inmobiliario al que eran muy afectos funcionarios de diversos niveles.
De igual forma, se especulaba en diversos ensayos de desarrollos urbanos siempre ligados al confort o bienestar humano y social, y se soñaba en las ciudades jardín, las ciudades armonía, sin que faltasen las industriales, las obreras, las de seguridad social. Pero el sentido correcto de la vida urbana, a la par que avanzaba la tecnología de explotación de la tierra se fue perdiendo en negocios inmobiliarios de beneficios múltiples, aunque de rendimientos efímeros.
Una tesis colosal: la
nucleización urbana
Por la misma época, desde la experiencia reconstructiva de las ruinas que dejó la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial, un urbanista, arquitecto y sociólogo, mayorquino, Gabriel Alomar Esteve, proclamaba, en su plan de desarrollo de Palma de Mallorca, en las Islas Baleares, lo que podría ser la sociología urbana, donde, para empezar, distinguía como factores de la organización espacial, los grupos primarios y secundarios que conforman las sociedades humanas.
Los primarios, según Alomar, son la familia y la vecindad, los secundarios los dependientes de empresas, las organizaciones diversas y los intereses económicos. Sin dejar de reconocer que los secundarios suelen o tienden a dominar la vida social, él se inclinaba por que las ciudades crearan sus propios espacios para que las familias y la vecindad se desarrollasen.
"Una de las causas de la crisis espiritual que nuestra civilización se halla atravesando afirmaba el mayorquino--, y en esto coinciden la mayoría de los pensadores modernos, es la decadencia y la debilidad de los grupos primarios en el seno de la sociedad contemporánea, los cuales se hallan absorbidos por los grupos secundarios.
"Es pues una necesidad trascendental el fomentar en lo posible, dentro de la ciudad, la formación y el desarrollo de las vecindades... y procurar, por todos los medios, que estas comunidades renazcan en el seno de las ciudades ya construidas, y de esta labor es al urbanista a quien corresponde la parte principal".
Centros de barrio y
separación ecológica
¿Cómo concebía Alomar este renacer urbano? En su tesis abonaba por lo que llamó la "Nucleización Social", vía dos medios principales: a) la creación de centros de barrio con un considerable poder de atracción, y b) la separación más o menos efectiva entre los distintos sectores de la ciudad. Para los centros de barrio describía sus diversos contenidos; para la separación abogaba por los espacios verdes, relativamente extremos o bien por medio de arterias o vías de tráfico veloz.
En el mismo sentido, el maestro Cymet exponía para la Ciudad de México, una especie de isla, por decirlo de alguna manera, rodeada de agua y floresta, y detrás de ella los nuevos núcleos urbanos que distribuyeran, no con sentido político, sino de acuerdo a la naturaleza circundante.
En el caso concreto de la Ciudad de México, Cymet proponía la creación de una amplia faja verde alrededor de la ciudad, que ya proclamaba parque nacional, en la que no se permitiera más que usos rurales, o sea agricultura, avicultura, huertos, hortalizas y bosques; y un anillo periférico para limitar el área urbana, no para incrementarla. El crecimiento exterior al anillo verde tendría que ser de carácter independiente y con servicios públicos propios.
En Culiacán a los planes
ha faltado continuidad
En el caso de Culiacán, a contrapelo del discurso oficial, no han faltado los planes urbanos. Los hay, en las gavetas de los estudiosos, precisamente de los años 50. Lo que ha faltado es continuidad y que los políticos que han tenido en sus manos el poder de decisión, no se han compenetrado del fenómeno urbano y, por consiguiente, se han ido por la infraestructura mediática y electoral, sin más allá de sus trienios o sexenios de sus mandatos.
Hoy día con el Implan, pareciera que la cobertura de los planes va adquiriendo consistencia; pero mientras no aborde el problema urbano desde un punto de vista regional, los riesgos de la megalópolis desordenada y destinada al fracaso se anuncia con fatal destino. Sobre este particular, el ingeniero-arquitecto Jacobo Sevilla Suárez (otra voz de la cultura social del IPN), estudia con devota unción propuestas que quizás las tilden de locuras, pero que lleva un sentido de trascendencia que sólo la historia urbanística de la ciudad quizás la pueda valorar. Se trata, así, de convertir a Culiacán en una CIUDAD POLINUCLEAR, donde el habitante, ese grupo humano primario de que habla Alomar Esteve, encuentre el escenario de su propia evolución y convivencia.
Son del ingeniero arquitecto Jacobo Sevilla Suárez (ahora consejero del Implan), los siguientes pronunciamientos:
"Culiacán, tiene un crecimiento asombroso, muy difícil de contener como técnico y como ciudadano; y ha de ser más difícil como autoridad y como político. Culiacán empieza a posicionarse. Lo estamos viviendo con el número de vuelos, con el aeropuerto que se ha ampliado dos veces desde que lo hicimos. Vemos la cantidad de gente que se está mudando a la ciudad. Me preocupa mucho que los planes directores no contemplen una solución de tajo a esta problemática".
Directos al fracaso
y nadie se inmuta
"Desde mi punto de vista, vamos directo al fracaso, o sea, vamos a hacer más de lo mismo, hasta que esto truene y se vuelva imposible. Es ahí donde yo considero que valdría la pena tener la coincidencia de responsabilidad y de visión política de detener a Culiacán a como está ahorita y poder decretar un cinturón verde, que tenga como mínimo, un kilómetro de ancho; e iniciar ese cinturón verde de inmediato con una plantación bien estudiada de especies boscosas que podamos crear alrededor de Culiacán.
"Y en toda la parte que contenga ese cinturón verde, empezar a detallar y empezar a llenar esos huecos que quedan entre la mancha urbana actual y el cinturón verde empezar a ubicar dentro de ellos, una solución quirúrgica como tratar de no cargar con más pesos a esa retícula que tenemos cansada, a ese sistema de drenajes que tenemos cansado, a esos sistemas viales cansados, y que sí pudiéramos nosotros iniciar fuera de ese cinturón verde, un crecimiento modular, hacer células urbanas alrededor de ese cinturón verde que sean estratégicamente planeadas para que tengan un contenido de habitantes y de servicios idóneos".
¿Qué tal Culiacán una
isla con bosque y agua?
El sistema celular que Sevilla Suárez propone no nos aleja del valle; por el contrario se le deja intacto, que siga siendo el valle productivo y que no lo contaminemos. Además hacer un baluarte de todo lo que es la trayectoria del río Culiacán hasta la costa; obtener lo mejor que se pueda de ese enorme activo que es el río Culiacán, haciéndolo navegable; tener un ferrocarril, o un tren eléctrico, como un enlace de la capital del estado con la costa y con esa zona agrícola tan importante que mueve tanta gente.
"Promover en Culiacán este crecimiento, sí, pero a base de células urbanas, estoy seguro que sería lo mejor que nos puede suceder y que esas células estuvieran unidas por un sistema de bosques igual, de tal manera que logremos hasta cambiar el clima de Culiacán"
Sueña Jacobo con que pudiéramos tener en el delta que forman los ríos Tamazula y Humaya una serie de represas o grandes lagos de cientos de hectáreas para poder crear un hábitat ideal para todas las aves migratorias que vienen todos los años y crear algo extraordinario alrededor de Culiacán, lo que nos daría mejor clima, esparcimiento y salud. Obvio que todo esto llevaría implícito un sistema de transporte colectivo moderno.
Cuatro materias para
empezar el plan
A despecho de lo anterior, el arquitecto en sus sueños no olvida lo que todo ese sueño implica, cuyo denominador común es construir la infraestructura y lo que esto cuesta. No sobra decir, que además de proyectista, Jacobo Sevilla es constructor y gestor financiero, por eso su opinión tiene mayor valor en cuando a la posibilidad de realizarlo. La propuesta planteada, más con ánimo motivacional e inductivo, de origen demanda los estudios que al respecto deben atender a estas cuatro consideraciones, dos de carácter físico y dos de índole social:
En primer lugar, la ciudad, como institución social, debe poseer la tierra para su desarrollo urbano.
"Necesitamos regresar por lo menos unos 50 ó 60 años, para retomar la tierra, donde el Estado tenga que regir el crecimiento de las ciudades. Los Implanes tienen que planear y los gobiernos tienen que tener la tierra para que ahí se realice el desarrollo urbano".
En segundo lugar, la concepción de una ciudad que esté rodeada de un sistema de lagos, que bien podrían ser los diques que se utilizan para el riego, requiere de dragados que no le son ajenos a Culiacán.
"Ese dragado pudiera decretarse con un trazo maestro. Se podrían hacer concesiones de extracción de materiales para la construcción de todos los piedreros y sin costo para la ciudad".
Cansancio urbano y
cansancio político
En tercer lugar, reducir las distancias y los recorridos de los habitantes para ir de un lugar a otro, proveyendo en sus núcleos urbanos o vecindades los servicios públicos y las fuentes de trabajo.
"Estudios recientes nos indican que en 2000 la distancia promedio de los centros habitacionales que promueven los desarrolladores de vivienda al centro de la ciudad era seis kilómetros. Ahora es de 45 kilómetros. ¡Qué pecado tan grande estamos cometiendo!; pero además estamos contribuyendo con el desarrollo urbano a suscitar generaciones, valga la redundancia, de mexicanos bélicos, resentidos, que no les hemos dado un hábitat de mexicanos, a los que sólo les hemos dado un hábitat subhumano".
De robots, diríamos; "pero de los malos", expresa el arquitecto. "Porque hay robots que son muy buenos ratifica--, porque los robots malos, son ciudadano resentidos porque los hemos encajonado en viviendas que no tienen personalidad, que no tiene servicios, que no tiene comunicación de transporte colectivo, que no tiene nada. Y ese es el México que estamos construyendo".
Y en cuarto lugar, el principal problema, que no es otro el de la falta de trabajo político. "Y cuando lo hay, de alguna u otra manera, le ganan las prisas electorales que limitan que las cosas se hagan bien y que nos han llevado a no tomar en cuenta los ingredientes que aquí estamos considerando".
La propuesta está hecha; sólo falta que alguien con sentido social, natural y humano la tome.