"ESPECIAL/Crónica de un asalto"
Segunda parte
CULIACÁN.- El asalto al transporte público se ha convertido en un problema que no sólo afecta a los conductores. Los pasajeros han pasado a ser también las víctimas principales de esta problemática que día con día se extiende por la ciudad y que arrasa con la seguridad, e incluso con la vida de algunos.
Julio, conductor de urbanos desde hace 18 años, cuenta que una noche que transitaba por las calles de la colonia Agustina Ramírez, un hecho al cual nunca se había visto expuesto marcó su vida y la de los pasajeros que viajaban con él.
Después de haber salido del Centro y de atravesar varias colonias, los pasajeros iban tranquilos, y él como ya era costumbre, platicaba con uno de los clientes, al que conocía desde tiempo atrás.
"Yo iba manejando y entretenido platicando con este señor, uno que ya conozco de antes porque siempre viaja en mi camión, me venía contando que se cayó de la camioneta de su trabajo y que se rompió el brazo", recordó.
Esa noche, como muchas otras, lo acompañaba su hijo, quien siempre se sentaba atrás de él para resguardarlo y acompañarlo en el camino.
La tranquilidad se rompió de repente cuando se escucharon detonaciones de una arma de fuego. Un par de segundos después, el terror se reflejó en las caras de los pasajeros, quienes con miedo se preguntaban qué era lo que sucedía.
"Ahí en plena Agustina, por el bulevar Diamantes, en la pura vuelta, en el puro centro de la colonia, como a las 8:30 horas, se escuchó: ¡pam, pam, pam!", relató el chofer.
"'Cabr... el que se mueva a chin... a su madre", dijo un delincuente que se levantó y accionó el arma. "El que se mueva y que no saque su celular y su cartera, y que yo sepa, aquí mismo lo voy a matar", exclamó.
Julio, entre el miedo y la confusión, detuvo unos segundos el camión para cerciorarse que su hijo y los pasajeros estuvieran bien; volteó despacio a la parte de atrás de su asiento y miró a su hijo que se había tirado al suelo junto con todos los usuarios.
De un minuto a otro el viaje de los pasajeros se convirtió en algo aterrador; algunos llegaron a pensar que no vivirían para contarlo.
Al ver lo sucedido, el chofer sintió impotencia, pues no podía hacer nada para auxiliar a las víctimas del asalto porque tenía las manos "atadas" al volante.
Salió de entre los pasajeros un asaltante más, quien llevaba un cuchillo en la mano para amagar al que se resistiera; empezó a quitarles las pertenencias mientras el otro individuo se dirigió hacia el chofer.
Al tratar de resistirse a las órdenes que el delincuente le daba, el trabajador del volante recibió un cachazo en la cabeza; no hubo tiempo de sentir dolor pues temía por las vidas de su hijo, de los pasajeros y la suya propia, así que continuó conduciendo y acatando las indicaciones que el maleante le daba.
"Sigue manejando, no te detengas", ordenó el delincuente.
"Que tiren un balazo, ¿qué significa?, que esos hombres van a lo que van y que no te perdonarán", expresó Julio al recordar aquel asalto.
Entre gritos, súplicas y sollozos, las personas sufrían uno de los peores momentos de sus vidas; entre ellos estaba una adulta mayor que esa misma tarde había recogido su pensión, quien trató de resistirse a entregar el dinero, por lo que el asaltante le propinó varios golpes.
Julio comentó que más tarde cuando los delincuentes huyeron con el botín, la mujer se acercó a él y con lágrimas en los ojos le dijo que era todo lo que tenía y que ni siquiera había alcanzado a comprar la despensa.
Trayecto de terror
El chofer conducía hacia su propio "secuestro", no podía hacer nada y mientras seguía las órdenes del hombre con pistola en mano, escuchó cómo el otro individuo exigía a su hijo que le diera sus pertenencias.
"Mi hijo siempre me acompaña, desde siempre y ese día desee que no lo hubiera hecho porque me lo golpearon, no traía dinero y a fuerzas le querían sacar algo", manifestó.
Los gritos del asaltante resonaban en el camión, señaló que el que hiciera lo mismo, el que se resistiera a dar sus pertenencias no saldría muy bien librado; los pasajeros sabían a qué se refería, si el hombre se atrevió a golpear a una adulta mayor y al joven, lo haría con cualquiera.
Después de más de 30 minutos de conducir por caminos oscuros y calles sin pavimentar, Julio se percató de que iban rumbo al poblado Mojolo.
"Nos llevó por una brecha y nos sacó de ruta y así seguí conduciendo sin detenerme", aseveró.
Mientras conducía se dio cuenta de que alguien los seguía de cerca en otro carro, y casi podía asegurar, por el sonido del motor, que se trataba de una camioneta, que estaba cerca del camión desde que todo inició.
Luego de varios minutos, el asaltante llegó hasta unas niñas que siempre viajaban en el camión. Todas las noches se subían con tambores en mano para ir a sus casas después del ensayo con la banda de guerra.
Se les acercó y las miró; al principio no dijo nada, después regresó con ellas y les dijo a una por una que sacaran todo lo que tenían y que si no, pues ya sabían muy bien lo que les pasaría.
Sólo una de ellas tenía un celular y fue lo que le dieron; éste no les creyó y empezó a esculcarlas y a gritarles bruscamente, mientras ellas gritaban y lloraban; después de ver que no tenían nada más, empezó a golpearlas... pero nadie podía hacer algo por ellas.
Tras una hora de "secuestro", el maleante le dijo a Julio que detuviera el camión, que ya habían hecho lo suyo; el otro hombre tomó las cosas y caminó hasta la puerta delantera.
"No volteen, no nos miren y no miren para afuera", expresaron los hombres antes de bajar.
Los delincuentes dejaron del autobús y caminaron hacia la camioneta que los esperaba y que los había estado vigilando. Se subieron y huyeron del lugar.
El chofer se puso de pie y trató de tranquilizar a los pasajeros; preguntó si se encontraban todos bien, antes de regresar a la ciudad.
"Voltee para ver si todos estaban bien y les dije a los pasajeros 'vámonos, hay que salirnos de aquí', y di la vuelta para regresar a Culiacán".
De camino a la ciudad sólo se escuchaba el llanto y los sollozos de las mujeres asustadas, las niñas lastimadas y los gritos de impotencia.
Al llegar a la ciudad no hubo tiempo para presentar la denuncia; la prioridad era atender a los pasajeros agredidos y al chofer.
Todo había acabado, y después de más de una hora de miedo, todas las víctimas compartían una experiencia que quisieran nunca haber vivido.
Hasta hoy, ese delito sigue sin castigo y la injusticia e impunidad continúan en el caso de asaltos, denunció quien esa noche condujo hacia su propio secuestro, al ser amenazado por los asaltantes.
"Fue un secuestro porque durante una hora nos privaron de la libertad y nos llevaron a otro lugar, no fue nada más un asalto", recalcó.
Pero el atraco no terminó cuando los hombres huyeron.
"Hasta ahora, aún no termina", señaló el chofer.
Unas semanas después del suceso, luego de la recuperación de la herida en la cabeza, el conductor tuvo que regresar a su trabajo.
Comentó que fue difícil y traumático, pero que el miedo es sólo daño colateral.
"Ese asalto es el que ha tenido más fuerza, entonces parece que no pero esa gente está bien organizada, son pandillas bien organizadas porque para hacer un asalto en el que se suban a un camión y tiren un balazo arriba y todavía golpeando a la gente porque a todititos golpearon".
"Había una pobre señora llorando porque ella estaba esperando su mensualidad, esa que le dan a los jubilados, para que se lo quitaran así".
"Como que ya tenían su plan y todo bien organizado, a ellos los venía siguiendo otro carro y así trabajan".
Julio
Chofer de camión urbano
Mandan SOS concesionarios
El dirigente de la Alianza de Concesionarios y Permisionarios del Transporte Urbano y Suburbano de Culiacán, Manuel Mendívil, indicó que hay choferes no quieren trabajar debido a la inseguridad que persiste en el transporte público.
"Mandamos un SOS a la autoridad para que nos apoyen con lo de los asaltos, yo apoyo todas las medidas para tener un mejor servicio", dijo.
"Están alarmantes los asaltos
antes se subían y sólo pedían los 50, 60 pesos, pero ahora no; ahora le pegan a los choferes un cachazo en la cabeza".
Indicó que hace algunas semanas, durante un robo a mano armada en un camión de la ruta Cucas, se sufrió un asalto en el que el chofer recibió un impacto de bala.
Solicitó mayor atención de parte de la Policía Municipal, porque es primordial para que los pasajeros se sientan seguros al subirse a los camiones.
Jaime Palazuelos Guerrero, dirigente del Transporte Urbano del Humaya, señaló que no existen cifras y estadísticas específicas que indiquen qué tanto se han incrementado los asaltos a los camiones urbanos que circulan por la ciudad.
Dijo que actualmente se ve un cambio en la manera en que se lleva a cabo este delito, volviéndose con el tiempo más agresivos los delincuentes al momento del atraco.
"Cada vez está subiendo más de tono, aparte de que le quitan el dinero al chofer, asaltan al pasaje y hay agresividad; hace poco llegó el asaltante y echó un balazo ahí arriba del camión".
"Cada vez hay más violencia en los transportes, hay camiones que prestan el servicio a las 10-11 de la noche y no hay ninguna patrulla".
Afirmó que a pesar de los asaltos nunca han dejado de prestar el servicio, porque saben que es necesario para la población.
Montan retenes
Jaime Palazuelos Guerrero, dirigente del Transporte Urbano del Humaya, aseguró conocer puntos donde los criminales montan sus retenes para asaltar.
"Yendo para Santa Fe, entre la entrada y la farmacia Guadalajara, antes de llegar al súper MZ, ahí está un retén para asaltar", señaló.
"Hay otro en donde están las aguas negras del Infonavit, entrando a la colonia (Agustina Ramírez), a mano izquierda, donde hay unas aguas negras de la JAPAC, ahí se pone otro", denunció.
Llamadas que alertan
"Lo que han notado los choferes es que se suben personas que van hablando por celular y diciendo qué tanta gente va y le va dando información al carro que va con ellos", comentó Jaime Palazuelos Guerrero, dirigente del Transporte Urbano del Humaya.
Explicó que en numerosas ocasiones se suben a los camiones hasta dos personas que al mismo tiempo van hablando por celular e informando la situación del vehículo y la clase de personas que viajan en él, para determinar si es conveniente para ellos asaltarlo.