"Firmas"

"El orgullo"
10/11/2015 06:58

    Jorge Papachoris Corrales

    "Aquel que es demasiado pequeño, tiene un orgullo grande".
    Voltaire 

    La historia esta plagada de ejemplos de orgullo, uno de los más famosos: "espejito, espejito; dime quién es la más bella de este reino… No eres tú, le contestó el espejo". A lo cual la reina, ya montada en cólera lo interpela, "¿entonces quién $%&#… es?"… o algo así. El orgullo suele representar con mucho, un gran obstáculo en el logro de las metas y objetivos; de la felicidad. Se anticipa al análisis consciente de la situación y niega la posibilidad de observar alternativas de acción; en consecuencia, el orgullo decide que sucederá y como deberá ser, para que así sea…
    ¿Qué harían si mi?, es el himno del orgulloso; como si no existiera un antes y un después. Lo que permite ver en el orgulloso un pensamiento estático, que no cambia, que no evoluciona; es como una foto, la de él. Se pudiera pensar que orgullo y narcisismo son lo mismo; aunque primos, los diferencia la acción: el orgullo suele paralizar, pues si no es a su manera; no es. Vuelve rígida la forma de pensar. Mientras que el narcisismo está más dirigido hacia la acción; el "yo soy, yo puedo, yo quiero", implica actividad y confianza —sobrevalorada, pero confianza— para emprender las cosas. De hecho, los narcisistas de Harvard han establecido, que no es posible la existencia del liderazgo y el "emprendedurísmo" en nuestra modernidad, sin una dosis de este compuesto. Lo cierto es que con medida, todas las características de personalidad son útiles y aportan a la salud; hasta el orgullo. El problema se presenta —como en todo— en el exceso.
    Cuando una persona, en el concepto que tiene de si, se considera pequeña, poco importante o insignificante. Es cuando entra la defensa a "proteger" al ser: "soy poca cosa, pero no permitiré que nadie se entere, porque me duele", y para desviar ser "descubierto", los guía hacia el lado opuesto; y siguiendo esta "estrategia", la persona desarrolla una forma de pensar —necesita creerlo— y de actuar —necesita que le crean— exagerada, caracterizada por vanidad, arrogancia, falta de modestia, petulancia, fastuosidad y fatuosidad, endiosamiento, pedantería, autosuficiencia, engreimiento, presunción y en resumen, soberbia. Son las máscaras que le sirven, en su fantasía, para ocultar a los demás el pensamiento que el mismo, tiene de si. Pues solo él es capaz de generarlo.
    Al orgulloso jamás le faltan los problemas. Tiene una necesidad que equivale al tamaño de su miedo, de evitar ser descubierto: descalifica con facilidad sin analizar y aprovechar un posible aprendizaje, teme estar equivocado; no tolera ideas ni personajes opuestos, teme ser superado; el rechazo lo encoleriza, teme confirmar su poca valía —detrás del coraje hay un miedo. No comparte sentimientos pues teme ser juzgado y rechazado. Esto contribuyen a que, a fuerza de su intolerancia, el orgulloso termine evitado y se aísle más. Entonces concluye que, si es "atacado" con más fuerza por los demás, debe reforzar sus defensas, incrementando su "personalidad"; lo que le acarreará más rechazo. Amado Nervo lo dijo claro: "Si eres orgulloso conviene que ames la soledad; los orgullosos siempre se quedan solos". Aunque podemos no querer estar tan conscientes de ello. Una frase que me impactó por cruda pero explícita; fue de una esposa ante los desplantes discriminatorios del marido, a quemarropa le dijo: "… a ti el hambre te tumba, y el orgullo te levanta"; por rechazar ayuda, cuando necesitaba ayuda. El orgulloso se siente atrapado contra la pared; si la recibe, acepta —entre otras cosas— su incapacidad para salir adelante por si mismo, y le duele; por lo que neuróticamente puede decidir no salir del problema, pero mantener su imagen.
    En resumen, la persona orgullosa se caracteriza por atraer malestares como un imán. Como dijera Auguste Comte; "Mucho más que los intereses es el orgullo quien nos divide". La persistencia en hacerlo —por resistirse al cambio— lo explica Oscar Wilde cuando dijo: "Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas". Como en el alcoholismo, la única posibilidad de cambio esta en la crisis de "tocar fondo", en verse agobiado por los problemas causados por su comportamiento. Es entonces cuando la mirada el orgulloso puede atreverse a voltear hacia donde tanto teme, hacia adentro de si mismo, en su corazón; ahí, en el centro de su tristeza y su dolor por el abandono, habita la voz que le dirá: "acéptame, soy tristeza y soy dolor, pero soy tu; si insistes en ignorarme, seguirás ignorándote a ti mismo; no son los demás... vence el miedo, víveme y entenderás lo perdido, me sumarás a ti y solo entonces estarás completo para crecer". Recordando las palabras de mi Maestro, el Dr. Celedonio Castanedo: "Tu verdadera fortaleza, está en tus debilidades…".
    papachoris@hotmail.com