"Le heredan tradición"
EL PALMITO, Concordia._ Visitar El Palmito y no llegar a comer las típicas gorditas y probar los duraznos en almíbar, es como no visitarlo. Socorro Escalera Ibarra conserva en el pueblo la tradición que aprendió de su madre, Inés Ibarra, desde hace más de 20 años.
"Desde que tenía 15 años yo aprendí a hacer esto con mi mamá. Primero lo hacía mi mamá, ella era la que lo envasaba, pero como ya está grande, tiene 75 años, ya no puede hacerlo, envaso yo y ahora mucha gente del pueblo también lo hace", comenta Socorro, que ahora tiene 54 años.
Durante los meses de julio a septiembre, los habitantes de El Palmito aprovechan el fruto para elaborar sus conservas y obtener ganancias de ellas, al ofrecerlas a los visitantes que llegan a la comunidad.
"La gente pide mucho los duraznos cuando llega, ya saben que este es el tiempo en que más hay y es cuando nosotros nos alivianamos un poquito porque aquí no hay mucha fuente de empleo, hay que buscarle. Si no se saca rápido, se va vendiendo poco a poco, pero sí lo piden mucho. Ahorita, que es la temporada, aprovecha uno, porque el frasco se lo traen a uno de Monterrey", asegura Socorro.
El proceso para la elaboración de conservas de durazno parte desde el corte del durazno hasta el envasado, utilizando la técnica de alto vacío.
"Primero se pelan los duraznos, se lavan los frascos, se ponen a hervir junto con las tapaderas y se hace el almíbar con agua y azúcar, ya se ponen a hervir en el almíbar y se empiezan a llenar los frascos, cuando ya están llenos se tapan y se vuelven a hervir, esto es lo que los conserva para que no se echan a perder", explica.
El durazno en almíbar que se comercializa en la región, también se oferta en los poblados de Loberas y Potrerillos, sin embargo, es en el El Palmito donde hay mayor número de árboles de durazno. El producto final no lleva ningún tipo de conservador y esto es lo que lo hace más atractivo.
"No llevan conservador, ni nada, todo es así natural y pueden durar muchos años, mientras no se abra el frasco duran como 10 años o más y lo vendemos en 70 pesos el frasco. Aquí vinieron a dar un curso hace bastantes años, no recuerdo cuándo, ahí se enseñó a envasar y a pelar el durazno con sosa, pero ya después no, porque si uno vendía el durazno envasado con sosa, la gente no lo quería porque creen que son sustancias tóxicas, entonces lo pelamos así, natural", expresa la propietaria del restaurant Doña Socorro, que se encuentra a línea de carretera, justo en la entrada al poblado.
Además de la conserva de duraznos, Socorro ha aprendido a elaborar gorditas de harina de maíz y trigo con diversos frutos como la bayusa, una fruta que se obtiene de la flor de maguey y que se produce sólo en esa zona de la sierra concordense en el mes de octubre.
Socorro es madre de cinco hijos, ella y su esposo, quien es agricultor y comisario de la localidad, han sido el sostén de su familia. Ambos temen que ahora que la carretera Mazatlán-Durango sea abierta al tránsito vehicular, los visitantes disminuyan y dejen de percibir ingresos en su hogar.
"Quisiéramos que la gente no se olvidara de nosotros, porque aquí no hay mucho trabajo, porque estamos alejados de la ciudad y nosotros vivimos de los turistas, además, siento que tenemos mucho qué ofrecerles", manifiesta.
"Quisiéramos que la gente no se olvidara de nosotros, porque aquí no hay mucho trabajo, porque estamos alejados de la ciudad y nosotros vivimos de los turistas, además siento que tenemos mucho qué ofrecerles".
El Palmito se localiza a tres horas del puerto por carretera, es un poblado que está a mil 920 metros sobre el nivel del mar y cuenta con 800 habitantes.