Dantiela Mendoza / Sheila Arias
MAZATLÁN._ El uso de abanicos extractores de aire, campanas extractoras y ventiladores ha hecho que el nivel del calor al interior de una tortillería cambie su nivel de ardiente a caliente y que sus trabajadores sufran un poco menos.
Trabajar en una tortillería es sin duda uno de los trabajos más calientes, pues en un establecimiento de estos la temperatura ambiente llega a alcanzar los 50 grados centígrados.
"Hace 35 años, cuando empecé con la tortillería era un sacrificio muy grande trabajar aquí en tiempo de calor, estaba ardiendo, ahora gracias a los aparatos está menos caliente", aseguró Francisco Michel, dueño de la Tortillería Guamúchil II.
Comenta que todavía hace 10 años eran pocos los tortilleros que invertían en equipos extractores de aire, porque no lo consideraban necesario, pero a últimas fechas se está haciendo para confort de los trabajadores.
Don José Alberto Castellanos resiente el intenso calor en su panadería aunque trabaja cerca de ventanales, la suerte de Don Téfilo Juárez es distinta, pues en el cerro de la Nevería el rayo del sol pega directo en la espalda mientras construye una cocina, lo mismo enfrenta el agente Juan de Dios Peinado en el Centro.
Es así como los mazatlecos hacen de todo para sentir menor calor en este inicio de temporada, donde se suman sequía y desbasto de agua potable.
En su panadería don Alberto, de 56 años, tiene abiertas rejillas, puertas y ventanas, ya colocó un extractor de aire caliente y conectó tres abanicos en la segunda planta de su negocio en la calle Gutiérrez Nájera. Sólo así los 5 trabajadores sienten menos calor.
"Así nos sentimos menos sofocados, hemos platicado y estamos de acuerdo que este año el calor está más fuerte y que empezó antes de la temporada", dijo.
En la panadería hay cuatro hornos prendidos a más de 360 grados, sin embargo ningún trabajador se mantiene cerca, todos buscan los abanicos o los ventanales, sino "sienten que se asan".
El intenso calor también agota cada vez a don Teófilo Juárez, un albañil de 57 años, que en este tiempo recuerda el aire fresco que sintió hace años cuando viajó a Tijuana.
"Allá si se trabaja agusto, el aire se siente helado y hay manera de avanzar rápido", dice mientras limpia el lavabo de la cocina que está construyendo en el Cerro de la Nevería, y aunque a veces trabaja adentro de la casa otros día tiene que preparar mezcla bajo el rayo del sol.
"Llego requemado de la espalda, a veces me arde, pero ni modo. Anoche me levanté a las tres de la mañana a bañarme porque no aguantaba el calor", asegura.
Este panorama no es diferente al caso de Juan de Dios Peinado, un agente de Tránsito asignado a la vigilancia vial de la Zona Centro, justo en los cruceros donde no hay sombra.
"La jornada es de ocho horas diarias... tenemos que ir a donde nos manden. En mi caso tengo que estar pendiente del peatón y de que todos avancen", explicó.
El oficial tiene patrulla asignada y en esta temporada de calor busca sombra cerca de comercios para vigilar el tráfico, a veces pide agua y llega a tomar 6 litros diarios.
Así como el silbato y la gorra del uniforme, Juan de Dios lleva todos los días una toallita húmeda para limpiar el sudor de brazos y cara.
Es así como los porteños resiente las altas temperaturas y poco a poco se acostumbran a los intensos rayos del sol que, dicen, este año queman más.